Young and beautiful &. Self para.
tw: I cried.
El sol entraba por los ventanales, inundando la blancura de su palacio con luz natural. Su palacio no era más que el piso más alto de aquella gigante torre a la que había entrado una noche sin esperanzas de poder quedarse, tan solo deseando pasar una noche con la compañía del contrario y quizá, agradarle lo suficiente para poder abrazarlo hasta las primeras luces del amanecer, porque había tenido aquella inexplicable urgencia, aquella que ahora sabía que se trataba de amor. Después de todo aquel tiempo, se seguía sorprendiendo por el gran amor que podía sentir por él sin que su cuerpo humano se rindiera ante la violencia de aquel sentimiento.
Violencia, sí, pues jamás fue un amor fácil, de aquellos que uno espera que llene al mundo, lleno de risas y miradas cómplices, de entendimientos sin palabras y noches enteras en vela que se pasaban en miradas cargadas de sentimientos que jamás podrían decirse en voz alta. Aquel amor fácil al que todo el mundo aspiraba pero pocos llegaban, el que hacía a un hombre tomar un taxi para seguir al amor de su vida hasta el aeropuerto, evitando que lo dejara completamente vacío. No, su amor jamás había sido así.
Era un sentimiento que golpeaba cada uno de sus huesos con fuerza, acompañado por un fuerte dolor en el pecho, un peso que lo hacía quedarse sin aire y que a él le gustaba clasificarlo como miedo, algo que no era correcto para él. Era miedo de no ser suficiente para el contrario, miedo de que algún día se despertara y encontrara el vacío que sentía en su alma, miedo de que se diera cuenta que su sol no era más que una minúscula estrella moribunda. Miedo de no tener el tiempo suficiente para amarlo.
Aquel amor no lo haría correr tras él si un día se escapaba de su alcance; haría que lo dejara ir, que sonriera mientras se alejaba cada vez más de él, porque aquello era lo correcto para ambos, estar juntos no era más que una tormenta en un pequeño recipiente. Pero, a la vez, su amor le aseguraba que no importaba los kilómetros que lo alejaran de él, siempre sería suyo y Caleb jamás podría pertenecerle a nadie más, pues el hilo que salía de su corazón estaba eternamente ligado a Markandeya.
Jamás había deseado aquel amor para sus hermanos, mucho menos para sus sobrinos, pero era un sentimiento tan único, que al mismo tiempo dudaba que fueran capaces de sentirlo. Si hubiera alguna palabra más allá de amor, un concepto más grande, tendría que ser aquel el aplicado a aquello que seguía quemando su pecho como la primera vez que lo sintió.
“Amor.” Se había perdido en sus pensamientos, galaxias enteras pudieron haber perecido sin que él se diera cuenta, la misma tierra se pudo abrir en aquel momento, pero nada lo regresaría a la tierra como aquella voz, pues su poseedor se había convertido en la roca que lo mantenía atado al suelo, lo que había mantenido lo que quedaba de él en una sola pieza todos aquellos años. Podía olvidar muchas cosas, pero jamás el tono de su voz, pues era dueño de sus sueños, de cada una de sus fantasías. Era el dueño de su vida.
“La comida está lista Caleb” Aquel tono que sólo usaba con él cubrió sus oídos, se convirtió en aquella marea que lo ahogaba y golpeaba sus costillas como si fueran las rocas que algún día habían sido. Ahora no eran más que cúmulos de arena que intentaban mantener a su corazón a salvo de las olas que lo golpeaban.
Lo observó inclinarse ante él, una pequeña sonrisa en sus labios, aquellos que había besado más veces de las que había respirado, pero menos de las que había robado el aire de sus pulmones. Sabía que el tiempo pasaba de una forma diferente para el contrario, que no importaba lo inmaculado que estuviera su rostro, lo suave que fuera su cabello, los años que cargaba en su espalda siempre los había podido encontrar en sus ojos. Sabía que los años que él había irrumpido en su vida no eran más que unos segundos perdidos de su eternidad, pero en aquel momento, el tiempo se paró para el humano y fue el vampiro el que se quedó congelado ante él.
Su rostro era el mismo que había rechazado todas aquellas veces. Sus mejillas eran las mismas por las que sus manos se habían deslizado en un intento de grabarlas en su memoria. Su barbilla tenía la misma forma que la primera vez que la tomó entre sus dedos para acercarlo a él y probar sus labios, aquellos que había capturado más veces de las que podía contar y le habían arrebatado tantos suspiros. Sus ojos seguían siendo los mismos océanos en los que podía ahogarse eternamente, dos luceros que lo atrapaban sin remedio y ante los que su rota alma quedaba completamente desnuda.
“¿Amor? ¿Estás bien?” Alzó su mano ꟷpues jamás podría resistirse a la tentación de acariciar su pielꟷ y se permitió deleitarse con la corriente que recorría sus venas, la respuesta que su cuerpo tenía al contrario, aquella que parecía quemar su piel desde dentro e incendiar su alma con el amor que le tenía; aquello no había cambiado, aunque temió mucho tiempo que perdiera la capacidad de sentir después de tantos años ahogado en aquel mismo fuego. Lo que había cambiado era el vivo color de su piel contra la contraria, las arrugas que ahora escondían el brillo con el que, según el contrario, contaba.
Recordó la forma en la que su cabello comenzó a perder color, la primera vez que encontró una arruga en su frente y la forma en la que otras comenzaron a sumarse, las marcas que mostraban los pocos años que había respirado. Era visible en el mismo apartamento, fotos en las que sus ojos eran rodados por las arrugas ocasionales de una sonrisa y otras en las que sólo sus ojos sonreían, pues temía que se notara el deplorable estado de sus dientes. Todos completos, claro, pero su blanco se había opacado con el tiempo.
El tiempo; le había tenido miedo a muchas cosas a lo largo de su vida; a no ser suficiente para nadie, a no poder estar ahí para sus hermanos, a ser un fracaso para sus padres, a perder la cordura por los sueños que lo acechaban, a que el contrario no lo amara con la misma intensidad. El pasar de los años le hizo entender que aquellos temores carecían de importancia, no los había superado, pero sí había logrado que su mente se paralizara menos ante ellos, pues el tiempo parecía engullirlo por completo y aquel era el único monstruo que seguía habitando debajo de sus sábanas.
El tiempo que marchitaba su cuerpo, el que lo hacía despertarse a mitad de la noche pensando que no era suficiente, necesitaba más días en su vida para poder amarlo, para poder estar a su lado, pues sabía que había un final para su camino y temía no poder seguir con él de la mano; temía abrir los ojos un día y toparse con una oscuridad eterna, un nada en el que no podría volver a sentir sus brazos, ni si quiera podría escuchar su voz diciéndole que todo estaría bien, que se volverían a encontrar.
Ni si quiera sabía si aquello era cierto, simplemente tenía la esperanza de que aquello pasaría, de que volvería a encontrarlo en algún otro momento, con otro rostro, otro nombre, otra historia. Quería tener la esperanza de que el destino fuera al menos un poco indulgente como para permitirle otra vida más a su lado, otra oportunidad para amarlo.
El tiempo había arrancado de sus manos la belleza que alguna vez pensó poseer. Había quitado unos centímetros de su altura, la dureza de su torso, el aguante de sus músculos. Cada vez le costaba más levantarse de la cama, sus huesos parecían llorar cada vez que les comandaba que se movieran. Sentía a sus articulaciones temblar con cada paso que daba, ni si quiera podía recordar la última vez que pudo ser completamente del contrario, que pudo entregarle su cuerpo para que hiciera con él lo que quisiera. Recordaba que cuando terminaron, su cuerpo estaba tan vencido que necesitó de un día entero en su cama para poder recuperarse, el dolor que había sentido aquella vez no había sido placentero y jamás lo volvió a ser.
Estaba cansado, necesitaba más horas para dormir de las que jamás pensó que pudiera tomar y aun así no era suficiente, seguía sintiendo un peso muerto sobre sus ojos, el temblor de sus rodillas al caminar. Ya ni si quiera tenía la energía necesaria para ir a la empresa, habían decidido dejarla a uno de sus sobrinos ¿O era a una de sus sobrinas? No recordaba, tampoco le importaba, ya estaba acostumbrado a los trucos que su mente le jugaba. Extrañamente, jamás jugaba con el contrario, su vida entera parecía un sueño, pero los momentos que había pasado con el vampiro, seguían tan vivos como el sentimiento que llenaba su cuerpo.
Había cosas en Caleb que no habían cambiado, pues pertenecían a su esencia, como aquella necesidad de verse siempre bien, quizá no a la moda, pero siempre con elegancia, era aquello lo importante. Pero incluso aquello lo había cansado aquel día, permitiéndose a él mismo permanecer en sus pijamas, repentinamente la comodidad había dejado de importar ¿Qué diría Evan si pudiera verlo? Podía ver el recuerdo de su sonrisa en su mente, pues seguramente habría dejado escapar una carcajada al ver a su hermano ceder ante el pecado de la pereza. Lo extrañaba, extrañaba al niño que había iluminado los días de oscuridad, al adolescente que lo había acompañado en cada una de sus aventuras, al adulto con el que había compartido sus experiencias de vida y los mejores momentos de ella. Extrañaba su voz y su sonrisa, pero lo curioso era, que las recordaba en un rostro joven, lleno de vida, apenas opacado por los fantasmas que intentaba esconder de sus hermanos. Lamentaba no haberlos visto antes, lamentaba no haberlo ayudado a superarlos.
¿Sería así como lo recordaría Markandeya? Como el joven petulante del que se enamoró, aquel que besó frente a una horda de gente, el que era suficientemente fuerte como para seguir sus pasos y lo suficientemente estúpido como para querer terminar su camino antes de tiempo. Se preguntaba si era aquello lo que veía en él, en lugar de aquel demacrado cuerpo, de los cansados ojos y el poco cabello que le quedaba. Se preguntó si sería capaz de escuchar su voz, de reír con su risa, aunque él estuviera cubierto por tierra.
“Tae Hyun…” O quizá lo recordaría como el niño que gritaba a la noche, esperando que algún alma lo escuchase y llegara a salvarlo “¿Qué sucede amor?” Quizá preferiría olvidarlo, seguir con su existencia con la misma esperanza que él tenía en aquel momento: alguien, quien fuera que estuviera mirándolos, les cedería aquella oportunidad de amarse una vez más.
Qué tal hermano, aquí estoy, teniendo esperanza, queriéndome por primera vez en tantos años ¿Alguna vez pensaste que sería capaz de algo así?
Caleb, estás cansado.
Pero mírate, ni una arruga en tu rostro, el gesto amable de siempre, la eternidad te sienta bien.
Taehyun…
¿Ya es hora? No, puedo soportar unos días más, déjame… déjame dormir con él una vez más, abrazarlo una vez más. Déjame decirle queꟷ
Taehyun, déjalo ir, déjate ir, mereces descansar.
No, no, merezco estar con él una vez más, merezco más tiempo, merecemos más tiempo.
Tuviste toda una vida con él.
No, no es suficiente Minho, por favor, no quiero estar sólo, no quiero dejarlo sólo.
Estaré contigo y jamás lo dejarás, lo has marcado eternamente Taehyun, aunque tus ojos no vuelvan a ver el día, seguirás iluminando su camino. Suéltalo Taehyun, toma mi mano…
Minho, por favor, un día más, un día más con él, es lo único que pido.
Haz tenido más para amarlo de lo que muchas personas pudieron, mírate hermano, apenas puedes mantenerte derecho, ven Taehyun, todo estará bien…
¿Lo prometes? ¿Me prometes que no me dejarás? ¿Me prometes que jamás lo dejaré?
Te lo prometo.
“Amor, respóndeme” Dejó caer su mano lentamente, una última caricia, un último capricho que le cedería a su piel. Sonrió una última vez, pues por fin podría volver a escuchar la risa de su hermano y porque se sentía extrañamente libre después de todos aquellos años “Markandeya Lee… te amo y te amaré hasta que el sol se consuma.”
Y soltó su mano, se separó de su camino para seguir a su hermano a aquella temible oscuridad, a aquella inquietante eternidad.
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Se levantó de la cama, su respiración acelerada, su corazón corriendo en su pecho, el sudor pegando las sábanas a su piel. Tocó su rostro, pasó sus manos por su cabello y finalmente, buscó al contrario, quería abrazarlo, quería asegurarse de que aquella era la vida real y no una simple alucinación que los astros le habían brindado para tranquilizar su temor.
Habló con él por un simple mensaje y se aseguró de que regresaría, que podría abrazarlo aquella misma noche, asegurarse de que no lo dejaría, que no tenía que despedirse de él, no aquella noche, aquella semana, aquel año…no, no lo haría, se negaba.
Sí, puedo tener toda una vida con él…pero también puedo pasar toda una eternidad a su lado.

















