Y a estas horas de la madrugada es cuando la soledad aporrea a tu puerta y pregunta: ¿ves cómo solo quedamos tú y yo?
Hoy soy una especie de cenicienta que se va justo en el momento del toque de queda.
Soy la que siempre se va, la que siempre se queda, la que siempre regresa.
¿Qué pienso del amor?
Hoy creo que el amor es una mierda, y vaya, que nadie me ha hecho nada, yo sola me lo hago todo a mí misma.
Vivo en la tierra de nadie, en el limbo, en el planeta de los corazones solitarios, y a pesar de todo, aún quiero cambiar eso, pero no con cualquiera.
Y aquí es donde yo me pregunto, ¿qué es lo que quieres?
Creo que quiero a alguien que esté ahí, que me rete intelectualmente, que me haga sentir la profundidad de los abismos de mis ojos, y que haga que valga la pena desvelarse a las tantas por una charla que rompa paradigmas, alguien que no se demore, porque bien dice Sabina que los Romeos se demoran y las Julietas se desenamoran.
Creo que la luz de mis ojos eventualmente se ha ido atenuando. ¿Por qué? He pecado tantas veces que ya el infierno me sabe normal, y que el cielo me parece demasiado lejano. Quisiera seguir escribiendo, pero si no sé qué quiero, menos voy a saber cómo lo quiero expresar en mis letras.
Yo solo me pregunto qué tan rota estoy como para que nadie llegue a probar que es el caballero de la armadura oxidada que está dispuesto a matar dragones simplemente por viajar a mil galaxias para verme sonreír; ese que me ame a espada rota y capa descosida.
¿A qué esperas? Aparece, sé el incendio, prueba que los otros eran simulacros, ayúdame a lidiar con esta existencia llana y dolorosa a ratos, está orgulloso de mí, veme como una mancha negra en este mundo blanco, o como un punto blanco en este universo negro.
Te amo, aunque no sepa quién eres. Y yo te sigo escribiendo; habrás de pensar que estoy loca.
Enviado desde mi esencia.