El brillo de un Rubin
Diciembre 2017 - “Lo que yo quiero es que el mundo sea más lindo. Es el ínfimo aporte que puedo hacer”, resume Sebastian Rubin, de una forma tan abarcativa como simple.
¿Qué está haciendo ahora para hacer el mundo más lindo? Integra una banda de power pop clásico llamado Los Andes, que editará su primer disco a comienzos del 2018. Rubin define al power pop como “un re mayor en primera posición, con armonías vocales”, o en limpio, como “la música que a todo el mundo le gusta pero nadie escucha”.
Se trata de un sonido sesentoso pero distorsionado para darle aires de modernidad. Cuatro músicosamigos se reunieron para revivirlo. De hecho, Rubin decidió dar un paso al costado con su banda anterior, Los Subtitulados, ya que el power pop “no era parte del camino natural que estaba haciendo la banda”. Sin embargo, no confirmó su disolución ni mucho menos: “Volverán cuando tengan que volver”.
Con su nueva banda intentarán hacer el mejor disco de su carrera, a pesar de saber de antemano que “probablemente pase poco o nada” con ello. Rubin se refiere a la frustración como músico de dar lo mejor de sí y aún así saber que no hay que decepcionarse si no se consiguen los resultados. “Somos grandes, yo sé que no podemos interpelar a los chicos que van a ver Perras onthe Beach”, explica con una sonrisa derrotista.
Detrás de su humor y sinceridad a flor de piel, el músico se autodenomina como una persona “intensa” y admite que, a veces, “coarta la libertad del resto de los integrantes para imponer la propia”. A pesar de ello, la experiencia y la meditación han logrado que su método para convivir entre los diversos grupos en los que participó sea más saludable. “Trato que la primera aproximación a las canciones no llevarlas con mi propia impronta. Dejo que me sorprendan porque puede pasar que las otras ideas sean mejores”, confiesa.
Claro que los constantes cambios de lugar de pertenencia no se debieron, únicamente, a la personalidad de Rubin. La economía y la sociedad jugaron un papel fundamental en sus elecciones profesionales.
Tan solo basta con pensar que hace un par de años atrás, durante los 90s y principios del 2000, la música se consumía de una manera distinta. Se vendían discos, las reseñas de los espectáculos influía directamente sobre la venta de un show o promoción de un artista, los festivales masivos eran un fenómeno muy lejano. Y, especialmente, el avance de internet no era un medio poderoso como lo es ahora. Rubin opina sobre esto: “hay muchas diferencias, algunas para bien y otras para mal. Pero las que son para bien no son del todo para bien porque aparente son una mejora para tu forma de acceder a la difusión pero, a la vez,tenés que difundirlo en un universo infinitamente mayor”.
El complejo panorama artístico-y laboral- obligó a Rubin a tener que adaptarse a diferentes rubros. Si bien estudió economía, nunca la ejerció hasta que se convirtió en Director Nacional de Lealtad Comercial en 2014. Fue ahí donde pudo ejercer sus aptitudes como músico y capitalizar su conocimiento. “Era capaz de reconocer los problemas dela economía y resolverlos con mi lado musical”, dice y sostiene que su máximo valor agregado en ambos mundos siempre fue el del armado de equipos.
También incursionó en los medios cuando se convirtió en el Profesor Pop en el programa radial de Clemente Cancela, Gente Sexy. ¿Lo mejor de esa experiencia? “El alimento al ego” ¿Y lo peor? Darse cuenta de que “hay que ser turro y garca para sobrevivir”.
Paralelamente a su proyecto musical, actualmente Rubin también se desempeña como socio de Escuela de Diseño, una empresa de marketing digital que apunta al desarrollo de identidad de sus clientes. En este caso, se trató de mera “casualidad y cararrotez” su incursión en el rubro y reconoce que los músicos no suelen saber vender su arte como corresponde, por lo que sería una gran oportunidad para dimensionar su trabajo.
No sería justo seguir rotulando a Rubin dentro de una única categoría. El músico, economista, comunicador, buscador de identidades comerciales, funcionario y organizador de grupos son todos atravesados por una sensibilidad cruda que hace olvidar a cualquiera el extenso curriculum vitae que posee.
El 19 de junio de 1999 fue la fecha en la que él decidió comprometerse a su esencia. “Fue el día en el que a mi papá le descubrieron cáncer y yo tenía que tocar a la noche. Fue el momento en el que decidí no seguir perdiendo el tiempo con otras cosas. Prefería trabajar de cualquier cosa que me diera de comer si eso me permitía hacer música”, relata sin titubear.
Su padre también fue fundamental para marcar su estilo. “Yo empecé a escribir más en inglés cuando se fue mi papa. Fue de cagón,me daba vergüenza que mi papa entendiera lo que estaba diciendo. Hoy lo digo pero a los 28 años no lo podía procesar. Le escribí a mi papa “On your feet” y era mi manera de decir lo que podía como podía”, haciendo referencia a la canción durante su paso por Grand Prix.
Ese es Sebastián Rubin: un coctel lleno de adjetivos, donde la simpleza cruda y el pop clásico se cruzan. Y eso está a la luz de cualquiera que se ponga a escuchar su música o cruce unas palabras con él. Pragmatismo, humor, cambios, adaptaciones y corazón es como él se propone embellecer a este planeta.













