El sol comenzaba aocultarse lentamente, la temperatura bajaba y la multitud alrededor de la jovende ojos color avellana poco a poco se iba disipando, era el primer día queFaith pasaba dentro del campus universitario y la emoción por estar allí se lenotaba en el rostro, apenas dejar sus maletas salió sin rumbo fijo a recorrerel establecimiento, los árboles a su alrededor le encantaban puesto queproporcionaban un lugar reconfortante donde esconderse del sol así como tambiéninundaban en ambiente con un aroma agradable y contenedor, muchos estabanrebosantes de flores, era un paisaje amable y acogedor, cuando se despidió deFrancia no sabía con qué iba a encontrarse en aquel país ni como se sentiría porestar a un océano de distancia de sus padres, pero allí estaba, explorando los rinconescon el entusiasmo que carga un niño en navidad sin siquiera percatarse de aquellos detalles.
Cuando el frío comenzó aincomodarla decidió volver sobre sus pasos hacía la habitación que le habíanasignado pero a mitad de camino notó que el paisaje no le resultaba familiar enlo absoluto. Nunca había tenido un buen sentido de la orientación y en esemomento lo estaba poniendo en evidencia, se detuvo en el centro de un senderoque se dividía en cuatro direcciones y busco con la mirada algún detalle que lellamara la atención, mas no tuvo suerte por lo que optó por pedir ayuda. “Hola”Susurró apenada a los peatones que circulaban a su alrededor. “Hola” Repitiócon voz más audible cuando el caminar desinteresado de las personas que la rodeaban la hicieron sentir como una sombra más. “Puedes ayudarme” Dijonotando la desesperación en su voz puesto que sentirse perdida en un lugardesconocido no le estaba causando ninguna gracia.
Phil se detuvo en seco a mitad del camino. Recordó que no traía consigo un libro en concreto y, muy a su pesar, volvió sobre sus pasos para ir en su búsqueda de nuevo al dormitorio. Estuvo maldiciendo todo el camino, y con la mirada fija en sus propios zapatos para evitar el contacto visual con otra persona. Si por él hubiera sido, lo habría mandado todo a la mierda ahí mismo y se habría quedado fuera de la clase. No obstante, ya que no tenía otra cosa mejor en lo que malgastar el tiempo, ¿qué remedio le quedaba? La vocecilla de una desconocida captó su atención a la segunda, cuando demandó ayuda con cierto desespero y urgencia. Phil frunció el ceño y alzó el mentón. Se detuvo justo cuando iba a tomar una de las bifurcaciones. “¿Qué?” Replicó con hostilidad. Quiso pensar que había oído mal; que la morena no tenía intenciones de pedirle nada. “¿Qué pasó?” A juzgar por el sitio donde estaba aparentemente anclada, la chica se había desubicado. A él también le costó hacerse con el lugar años atrás. “¿Te comió la lengua el gato? ¿Es eso?” Se burló aun cuando no le había dado ni tiempo para responder. Phil y su incontinencia verbal; iban de la mano.














