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─ Ya veo, ya veo ─ contestó ante la explicación de la muchacha, mientras miraba dónde podía dejar los libros sin que la otra lo notara ─ Debes pasar mucho tiempo aquí entonces, para que ella confíe en dejarte sola. No llevo mucho en la Universidad, pero vengo casi todos los días y esta es la primera vez que no la veo en su puesto de trabajo. En serio, he venido hasta después de la doce de la noche y ella aún no se iba. ─ habló casi sin detenerse, sin lograr formular un plan de acción determinado. Finalmente, cuando vio que no iba a ninguna parte, decidió sentarse junto a ella ─ Espero que no te deje esperando hasta las 12 de la noche… ─ comentó mirando que aunque había poca gente, aún quedaban alumnos con cara de desesperación que intentaban aprobar sus asignaturas.
─Creo que es porque fui la única que estaba en la biblioteca.─supuso, aunque la idea del muchacho también era una posibilidad, se conocían pero eso no trascendía a una amistad, ni siquiera a un lazo de confianza.─Lo de las doce de la noche no lo sabía...─murmuró con la frente arrugada, no entendía porque se quedaba tan tarde, a la mañana ella también estaba...sus horas de sueño deben ser nulas, pensó la muchacha.─Espero lo mismo, ¿de que ibas a hablar con ella? ¿acerca de unos libros? ¿o algo personal?─quiso sacar un tema de conversación para que no haya silencios incómodos entremedio.
Sus cejas ascendieron con ligereza. “¿Profesor?” reiteró, apenas una sonrisa ladeó sus labios. “No sabía que me veía tan mayor…, voy a tomarlo como un cumplido, por supuesto” chasqueó su lengua, de esa forma pudo drenar relevancia a todo el tema. “Sí, primera y última, porque presiento que renunciaré a la primera semana. No vine hasta Canadá para enseñarle psicología a un montón de niños” explicó, con un ceño parcialmente fruncido; paciencia no le sobraba en lo absoluto, y además era bastante mimado. “Gracias” respondió, revisando los libros que la muchacha le entregó, sus orbes buscaron las facciones femeninas apenas las palabras fueron desprendidas. “¿Son tan terribles…?” preguntó, ahora curioso, humedeciendo su labio inferior.
─No es por eso, es por los libros.─se explicó rápidamente, esperando que el muchacho no se ofenda del todo con aquella frase “desafortunada”. Asintió, de acuerdo con sus palabras.─¿Por lo menos te pagan? Te están robando tiempo que podrías usarlo para otra cosa, no lo sé.─no sabía como funcionaban esas cosas, ni tampoco le intereso saber ya que de por si su vida era muy ocupada.─No lo sé, fui tutora y se comportaron bien, supongo que si hay un supervisor se comportaran.─o eso suponía, no quería darle malas noticias al joven pero tampoco quería mentirle.
Siguió con la vista lo que la blonda señalaba, encontrándose con toda la biblioteca ante sus ojos. Supuso entonces que la muchacha con la que compartía habitación estaría a cargo del lugar por un rato y aunque la idea no le simpatizaba ante semejante responsabilidad, estuvo segura de que aquello habría sido un gesto de bondad, o mala suerte. “Tengo cosas más interesantes que hacer, como suicidarme con el cordón de mis zapatos, pero… me haré un tiempo para ti” dramatizó la morena y se sentó en una de las sillas más próximas al escritorio, para comenzar a ayudar a su amiga a apilar los libros por órden, después de todo mucho sabía de ello. “Así que… ¿qué tal tu San Valentín?
─Un cordón de zapatos, eh?─dijo con un tono irónico mientras negaba con la cabeza, sin dudas no haber estado al tanto de su vida tenía sus “consecuencias”─¿Ocurrió algo o ya es costumbre?─le interpeló adentrarse en un tema más serio, después de todo hacía mucho que no estaban al tanto de la vida de la otra.─¿Mi san valentín?─reiteró, no tenía una respuesta exacta, ni muy bien, ni tan mal, tan importante no lo encontraba.─Nada que pudiera destacar, no lo sé.─encogió sus hombros con desgano, después de todo no tomaba importancia en su vida un simple baile.─¿Tú? ¿Algún pretendiente aprovecho la ocasión para declararse?
Moodboard Meme.
Envíame un ♕ para un moodboard sobre la relación de nuestros personajes.
Envíame un ✌ + una emoción y haré un moodboard sobre mi personaje en ese estado.
Envíame un ♣ + un nombre y haré un moodboard sobre la relación de mi personaje con él/ella.
Envíame un ❃ para un moodboard sobre mi personaje y su familia.
Envíame un ☾ para un moodboard sobre tu personaje desde el punto de vista de mi personaje.
Envíame un ☮ + un nombre para un moodboard sobre ese personaje desde el punto de vista de mi personaje.
Envíame un ∞ + una situación para un moodboard sobre cuál sería la reacción de mi personaje.
Envíame un ♔+ un moodboard a tu elección.
De la 30 a la 40. :)
30:¿Cuándo fue la última vez que escribiste una carta para alguien?
Hace unas semanas, era una carta para mi padre.
31:¿Sabes conducir un carro?
Sí.
32:¿Sabes manejar bicicleta?
Sí.
33:¿Alguna vez tuviste un accidente muy grave?
Una vez me corté con un coral cuando nadaba, el agua de por si tiene muchas bacterias y cuando te haces un corte tienes que tener mucha suerte para que luego no se te infecte, puedo decir que sólo me dejo una cicatriz.
34:¿Sandwich favorito?
Sándwich vegetariano.
35:¿Cuál es tu desayuno favorito?
Tostadas y un exprimido de naranja.
36:¿A qué hora duermes usualmente?
Muy tarde, lo máximo que puedo dormir a veces son cinco horas, no me quejo.
37:¿Eres floj@?
Cuando se trata de salir, me da mucha flojera elegir la ropa, arreglarme, etc.
38:Cuando eras niño ¿de qué te vestías para halloween?
Puedo destacar que mi papá y yo una vez nos disfrazamos de batman y robin, casi todos eran superheroes.
39:¿Cuál es tu signo zodiacal chino?
Caballo.
40:¿Cuántos idiomas hablas?
Griego e inglés.
del 80 al 90
80:¿Bebidas calientes o frías?
Las frías, aunque ahora que estamos en invierno prefiero las calientes.
81:¿Té o café?
Té, té verde.
82:¿Qué opinas de la gente que se corta por moda?
No creo que sea por moda, es la forma más fácil de liberarse del dolor interior y creo que ahora se habla mucho más del tema que antes.
83:¿Sabes nadar?
Por supuesto.
84:¿Qué opinas de nueva moda de leer?
Los libros tanto como la música debe de respetarse ya que cada quien tiene sus gustos, debo admitir que estos nuevos libros populares que están saliendo, tanto como trilogías y sagas, me aburren.
85:¿Eres paciente?
Demasiado para mi gusto.
86:¿De qué religión eres?
Ninguna en específico.
87:¿Alguna vez has ganado algún concurso?
No, nunca participé en concursos. No me llaman la atención.
88:¿Te has hecho o harías cirugía plástica?
No, por ahora estoy bien con mi cuerpo.
89:¿Qué no te gusta de tu cuerpo?
Mi nariz, pero no la cambiaría.
90:¿En qué te consideras bueno?
Me considero muy buena jugando al ajedrez, muy pocas veces he perdido partidas.
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♦ Para ver su foto de perfil en Facebook.
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✎ Para leer la última entrada en su diario. ♀ Para saber un poco sobre la relación con su madre. ✤ Para ver una foto de su habitación. ♫ Para escuchar sus cinco canciones favoritas. ♨ Para saber sus comidas favoritas. ☢ Para conocer sus más grandes temores. ♦ Para ver su foto de perfil en Facebook. ♣ Para conocer sus tres contactos preferidos en Whatsapp. ♠ Para saber de que color es su ropa interior actual.
Agradeció al cielo y todos los astros cuando la fémina se dirigió al pasillo donde aquel libro se encontraba porque Philadelphia seguramente habría vuelto al mostrador en busca de más indicaciones. “Mi lectura rápida no es tan rápida… ¿Alguna vez leíste Daisy Miller de Henry James, Dandelion Wine de Ray Bradbury o White Oleander de Janet Fitch? —Indagó la inglesa dejando que una de sus cejas se enarcara, mientras los recuerdos de las interminables horas del té con su abuela donde el silencio era lo que predominaba ya que tanto su concentración como la de la anciana permanecía en las páginas de los libros. “Muchas gracias, ahora habrá que hacer el trabajo duro —Y no lo decía porque le molestara leer en general, pero eso sí lo hacía cuando debía leer trescientas cincuenta páginas en una noche.
Hizo una pausa para hacer memoria, entre tanto libros que había leído tenía que hacer un gran recorrido, luego de meditar asintió;─Solamente Daisy miller, ¿te interesan libros con esa temática? Puedo encontrar algunos.─se ofreció, la biblioteca tenía infinidad de libros así que no tardaría en encontrar uno que este a gusto con los requisitos de la muchacha.─ De nada, y mucha suerte.─le dijo a la par que miraba aquel libro, tenía mucha experiencia con los ejemplares grandes.─Supongo que debes estudiar derecho, no sé mucho sobre antropología, ni de que abarcan sus materias, pero tengo esa impresión.─soltó con simpleza y encogió los hombros, quizás tenía razón o quizás no.
Negó una sola vez con la cabeza, lo cierto era que detestaba perder el tiempo. “No, no. Me basta con que una persona esté atendiendo aquí” respondió, simplemente buscaba a alguien que acatara sus peticiones. “Con dos estoy bien” después de todo, no necesitaba otra cosa que refrescar su memoria, telarañas seguro habitaban entre recuerdos del profesional helvético. “Si son para primer año mejor, me pidieron ser ayudante de una de las clases, no planeo hacer el ridículo en el primer día” creyó que era necesario añadir tal información, ¿cómo sabía si la suplente bibliotecaria no tenía mejores opciones para él? Decidió probar.
─Vale, vale.─asintió un poco más calmada, no se podía semejar a la profesionalidad de la bibliotecaria así que eso la tenía alarmada, de por si ella era torpe así que temía dejar a alguien desconforme. Haciendo caso a sus palabras, tomó dos ejemplares del estante y luego reviso la portada del libro, había tenido suerte en agarrar los de primer año.─Aquí están.─anunció luego de dejarlos sobre el mostrador.─Creí por un momento que eras profesor, ¿es la primera vez que estás de ayudante?─le preguntó con un fisgoneo fácil de detectar, Anya había ayudado a algunos alumnos de primer año pero jamás de forma oficial en alguna clase.─De antemano te deseo suerte.─no se imaginaba en esa posición, su ímpetu la bloqueaba bastante en algunas ocasiones.
“Hay de todo, como en todas partes. Yo soy complicado y soy… ¿músico?” No solía ponerse esa etiqueta, prefería otras como artista o autónomo -esto último siempre con cierta entonación hilarante-. Una de sus comisuras se alzó sin permiso ante la contestación ajena. La rubia le divertía con su forma de ser tan transparente y confianzuda. Parecía que no tenía problema alguno en contarle las movidas que tenían lugar en su día a día. Algo que a Phil no se le pasaría por la cabeza en ningún momento cercano. “Podrías ir a otra parte. Este campus es enorme.” Hace un gesto con las manos para representar la idea. “No creo que hayas visto todos los rincones mágicos que ofrece.” Él tampoco se ha recorrido cada recoveco, aunque solía investigar en su tiempo libre. Quizás le enseñaba sitios especiales con los que se había topado, pues ella empezaba a caerle en gracia. “Bien dicho. Tengo entendido que no se nos permite tener mascotas en las habitaciones. Sería estupendo que cambiaran esa estúpida norma.” Echa de menos a su perro. Echa de menos, en general, tener un compañero fiel que no le juzgue ni cuestione todas las tonterías que hace. “Te dejo elegir el sitio y la fecha.” Como si fuese una especie de premio. “Solo porque trabajas en un albergue de animales y son mi debilidad.” Bromea, sonriéndole de soslayo.
─No pareces tan complicado.─su humilde opinión quizás era errónea, pero era una primera impresión. Podría estar equivocada, o tal ella no encontraba razón en sus palabras.─Con el frío dudo que quiera ir al campus a leer, al menos a mi no me parece una gran idea.─Anya de por si era propensa a resfriarse fácilmente así que pasar mucho tiempo en el exterior no era una buena idea, al menos que vaya muy abrigada.─Es una universidad grande, todavía no pude recorrerla como se debe.─reconoció. Desde que entró sólo ha asistido a los lugares donde tomaba sus cursos y clases, los lugares más comunes. No tenía mucho tiempo para estar paseando, ya que de por si tenía los tiempos ajustados.─Estoy de acuerdo también, aunque en realidad es algo que se debería debatir entre compañeros de cuarto, habría que dedicarle tiempo, no me sentiría a gusto dejando a mi mascota encerrada, aunque si fuera un gato creo que no habría problema, son independientes.─había una gran desconformidad con aquella ley y a la vez estaba de acuerdo, los estudiantes en si están ocupados, una mascota es una gran responsabilidad y también podría crear caos entre los compañeros de cuarto, había consecuencias y beneficios, no solucionaría nada. Desvió la mirada al techo, pensativa, recordando que tenía que hacer.─Mañana a las nueve.─dijo autoritaria, pero con una simpática sonrisa de por medio.
Había sido capaz de disparar con una enorme precisión, limpia y unidireccional; no solo en una simple ocasión sino en varias para recordar y pulir a medida que transcurrían los años. Se había inmiscuido en misiones o prototipos capaces de quebrar el temple de cualquier adolescente, ¿Y no podía acercarse a recepción con una mediana sonrisa? La costumbre de tratar con sujetos de habla inglesa aún no se adhería a su piel asimilando una segunda morada, pero el lenguaje de señas no constituía uno de los tantos que había aprendido en su estadía dentro del internado. El sarcasmo envolvía el gran detalle que lo encasillaba como uno de los pocos alumnos en su antigua Alemania que no lograba saborear los tintes de un pulcro acento americano o canadiense. Aclaró su garganta dirigiendo los orbes azulados a la señorita de cabellos tornasolados con una mezcla del blanco grisáceo que observaba en la ceniza y la nieve de un crudo invierno. “Dudo que no puedas hacer mucho por mí, estás ocupando el puesto de una bibliotecaria y ese título solo se le confía a alguien que puede liderar tu trabajo igual o mejor que tú”, indicó elevando su entrecejo antes de buscar su identificación en los bolsillos, “En fin, quisiera saber si la persona que tenía en su custodia Frankenstein ya lo devolvió o tendré que esperar otra semana más”, resolvió sacudiendo los nudillos suavemente en la superficie de la mesa, inclinándose hacia la joven de mirada tenaz.
─Deberías ir a decírselo a ella, o a alguien que le importe.─aquello último sonó mucho más bajo, se estaba dejando ganar por el malhumor, aunque eso no significa no era mentira. Anya no se podía considerar una profesional, no lo era ni tampoco estaba en sus intensiones.─Al menos intento hacer algo.─se defendió, su voz sonaba ultrajada, se lo estaba tomando personal. Dejo escapar un exhalo pesado y asintió a sus indicaciones. Escribió el nombre del libro y luego de ver el código, giro a inspeccionar el estante, no estaba tan lejos de ella a comparación de otros libros.─Aquí esta, ─anunció luego de pararse a buscarlo, se lo extendió con un visaje pasajero en sus labios.─pero necesito tus datos antes de dártelo.─era una regla común de la biblioteca así que supuso que el trámite sería rápido.
Con la preocupación a flor de piel, siendo también reflejada en su semblante, se adentró aquella mañana a la biblioteca esperando encontrarse con el rostro de pocos amigos de la encargada pero para su sorpresa una chica que no había visto con anterioridad se sentaba detrás del mostrador al que se acercaba dubitativa. No llegó a preguntar por el paradero de la bibliotecaria cuando la joven le aclaró la duda. Sin embargo, esto mismo sólo consiguió agravar el estado de alteración con el que cargaba desde hacía ya varios días. “Hablé con la bibliotecaria hace unos días porque dejé un libro aquí la semana pasada pero según ella no ha aparecido. Y de verdad, necesito encontrarlo porque era de una de mis profesoras y debía devolvérselo ayer” habló con rapidez, dejando en claro su casi desesperación por encontrar dicho objeto. “¿Crees que puedas fijarte si está por aquí?”
El tono alarmante de la blonda le hizo arrugar su frente, sonaba demasiado preocupada y por un segundo dudaba poder ayudarla, pero una vez que ella termino su pregunta asintió.─¿Tienes idea de como se llama el libro? No sería un problema buscarlo.─le dijo con amabilidad, por suerte el ordenador que usaba la bibliotecaria tenía información de todos los ejemplares de Universidad, sino fuera por eso Anya estaría perdida.─Puedes sentarte si quieres, te ves un poco nerviosa.─la última frase se perdió en un susurró, tal vez la muchacha lo haya oído pero tampoco trataba de ocultar algo que era demasiado obvio.
“Sí, lo están. O, bueno, los datos de alguien al menos.” Concluye, acompañando las palabras con un gesto de asentimiento. Notó que la contraria suspiraba aparentemente cansada y pensó que él era el culpable de la desdicha ajena. Decidió que no le robaría mucho más tiempo. “No sé si quiero buscar miembros.” Es contradictorio dicho de esa forma. Titubea antes de abrir la boca para expresar mejor la idea. “No se me da bien trabajar en equipo.” Reconoce. “Tampoco tengo mucha carisma como para engatusar a ningún músico.” Suena pesimista. Tal vez lo esté siendo. Suele acertar más veces cuando se pone en el peor de los supuestos. “Mh. ¿Te gusta la biblioteca?” Mira a su alrededor tratando de encontrarle el encanto, pero no tiene esa suerte. “Podrías hacer lo mismo en tu dormitorio que aquí. A no ser que tengas compañeras ruidosas.” Es un problema por el que pasan muchos estudiantes. Algunos se toman la carrera demasiado en serio y otros todo lo contrario. “Ah, ¿en el refugio que está aquí al lado? Yo fui a ayudar hace un año.” En realidad solo fue para echarle una mano a una compañera a la que se quería tirar. El plan funcionó. Luego no lo volvió a pisar. “Pero no me has dicho por qué. Por qué trabajas mientras estudias en vez de aprovechar que aún eres joven.” Se rascó el mentón preguntándose de dónde vendría su acento exótico. “Entonces, ¿me he ganado una cena?”
─Comprendo.─dijo a la par que asentía;─Los músicos no son tan complicados, al menos eso parece.─opinó, no tenía mucha relación con ellos, pero podía decir que eran simpáticos, aún así no intentaría hacer que el muchacho cambiase de opinión.─Sí, pero ahora que estoy de reemplazo creo que cambié de opinión─su nariz se arrugó, sabía que seguiría yendo, pero no tan seguido, temía estar sentada allí de vuelta.─En realidad mi compañera de cuarto casi nunca esta, pero estar rodeada de cuatro paredes es...abrumador, aquí hay más espacio.─le explicó sin dar muchas vueltas, estaba acostumbrada a los lugares espaciosos y luminosos, su cuarto no se asemejaba a la conformidad que necesitaba.─Exacto, ahí.─una pizca de emoción se sintió en sus palabras, el lugar era conocido por estar asociado a la universidad así que no le sorprendía que haya ayudado allí.─Tengo veinticinco, tan joven no soy.─aclaró, incrédula, toda su adolescencia trabajo así que le le parecía extraña esa pregunta.─Me gusta mi trabajo, aprendo más de los animales que de los libros.─para cualquier amante de los animales, trabajar con ellos no sería ninguna molestia, Anya encontraba su trabajo entretenido, la paga no le preocupaba demasiado.─Supongo que sí, sí.
¿Él? ¿Tratar con estudiantes de primer año? Si bien lo consideraba un halago, también un fastidio; la paciencia no era una virtud demasiado fuerte del nacido en Noruega. Con su mejor sonrisa, aceptó la propuesta y se encaminó hacia el único lugar donde podía obtener información de años pasados, necesitaba refrescar su memoria. “¿Y tenía justo que irse ahora?” cuestionó en voz alta, sin esperar una verdadera respuesta. Humedeció sus labios antes de seguir: “Bueno, sí, en realidad sí. ¿Me podrías buscar los libros de Piaget, por favor?” sus dígitos se presionaron contra el mesón sin especial intención, su castaña mirada viajó por las altas estanterías que contenían una cantidad indescifrable de árboles muertos, sería imposible encontrarse con algo en ese sitio, a no ser que pasaras tu vida en esa biblioteca. Finalmente, fijó sus orbes en los contrarios, obsequiándole una efímera sonrisa.
─No sé cuanto tardará, así que puedes esperar si quieres.─le propuso al moreno con una sonrisa amable, no era la primera persona que se presentaba con ese problema y todas decidían irse. La posición en la que se encontraba era incómoda paro salía a flote, podía retomar las labores que tenía la bibliotecaria.─Vale, Piaget.─lo anotó mentalmente en su cabeza y luego lo escribió en el buscador. El código y el número de estante salió rápidamente, se puso de pie y comenzó su labor.─¿Cuántos necesitas?─le interrogó una vez que los encontró, supuso que necesitaba más de uno ya que hablo en plural, tal vez venía a sacar libros para él y sus compañeros, es una táctica que usaban muchos alumnos para no amontonarse en la biblioteca.