“Okay. Look. We both said a lot of things that you're going to regret. But I think we can put our differences behind us. For science. You monster”.
hello vonnie
Mike Driver
Three Goblin Art
Claire Keane
YOU ARE THE REASON
Sade Olutola
No title available
he wasn't even looking at me and he found me

pixel skylines
d e v o n
Not today Justin
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@falkner-johto
“Okay. Look. We both said a lot of things that you're going to regret. But I think we can put our differences behind us. For science. You monster”.
Quiero pedir disculpas por la inactividad prolongada. Creí que tendría más tiempo para responder, pero sucede que recordé que esta semana tenía 39 exámenes y el cumpleaños de los dos hermanos de mi papá y también el de mis dos tíos. Además estoy haciendo un taller de tejido para el que tengo que presentar 872 bufandas para la semana próxima. Y en el trabajo no me dejan en paz; mi jefe nuevo es muy estricto con los horarios. Incluso ahora recuerdo que mañana mismo tendré que llevar a arreglar un televisor, ¡pero no tengo televisor! Tendré que comprar uno y luego llevarlo a arreglar.
Espero poder volver y ponerme al día la próxima semana, cuando probablemente hayan terminado mis múltiples ocupaciones o, en su defecto, la humanidad toda se haya extinguido. Gracias por leer ^___^
El amor NO está en el aire (@Falkner)
mega-corelia:
Corelia abrió los ojos y bostezó. Habría sido otra bonita mañana si no fuera por el día que era. Además, el gimnasio estaría cerrado.
—¿Por qué tiene que existir este día?—Preguntó retóricamente.
Se vistió lo más rápido que pudo. Era algo deprimente, la verdad. Todo el mundo pasaría aquel día con alguien especial, ya fuera su pareja, familia o amigos. Oh, claro. Luminalia era la ciudad del amor. Todo estaba lleno de cintas rosas y rojas, florecitas y corazoncitos y todas esas cosas románticas. A Corelia le molestaban. Eran simplemente…
—¡Todo esto es una exageración! No creo que haga falta tanta basura rosita cubriendo la región.—Exclamó enfadada saliendo de su habitación.
¿Por qué odiaba aquel día? Nunca se lo había preguntado realmente. Le gustaba el color rojo y las flores no tenían realmente nada de malo. ¿Por qué? ¿Por qué no le gustaba aquella estúpida fecha? Ah, claro. Estaba sola.
Jamás lo admitiría. Ella era la líder de Gimnasio de Ciudad Yantra, guardiana de la Torre Maestra y experta en la Mega-Evolución. Soledad era una palabra que simplemente no estaba en su diccionario. Ella era la mejor y no necesitaba nada ni a nadie, nunca. Esa era su filosofía. ¿Sin Pokémon? Daba igual. Si hacía falta pelearía a puño limpio. Era simplemente su forma de pensar. El amor era algo que simplemente no encajaba. Quizá fuera algo cliché, pero pensaba el amor era algo de débiles.
Pero no podía soportarlo. Era horrible. Uno. Cuatro. Esos dos números junto a la palabra febrero le recordaban lo obvio. Tampoco tenía a nadie a quien llamar. Whitney estaría ocupada con Morty. ¿Riley? No, la hacía sentir demasiado incómoda. Wes probablemente tendría algo que hacer. Se decía algo de que estaba emparejado con una modelo de Teselia… Y la lista seguía hasta el infinito. ¿No podía haber alguien lo suficientemente idiota y deprimido como para estar solo el día de San Valentín? ¿Alguien realmente irritante e insoportable? ¿Alguien como ella?
Una loca idea cruzó su mente. Sin pensarlo, sacó a Fletchinder de su cápsula. ¿Realmente se atrevería a hacerlo? Solo eran amigos. Nada más. Todo tipo de pensamientos nublaban su cabeza. No sabía qué estaba haciendo ni por qué. Aterrizó en la región de Johto unas horas después. Eran las doce en punto de la mañana. Se paró en frente del gimnasio de Ciudad Malva. Menos mal, estaba abierto. Al parecer en Kalos le daban más importancia aquel día. «¿Por qué no pude nacer en Johto?»-Pensó. Pero ya era tarde para arrepentirse. Entró con decisión.
—Espero que no tengas nada planeado para hoy, idiota.
—Señora, muévase por favor, ¿no ve que estamos trabajando? Uno de los dos corpulentos caballeros que transportaban la caja de madera hacia el interior del gimnasio tuvo que dirigirse así a la mujer que le estorbaba el paso, pues al parecer no estaba en sus planes liberar la entrada. Detrás de aquel par (y de Corelia) había tres enormes camiones. Uno de ellos ya estaba vacío, así que los hombres recién habían comenzado a descargar el segundo.
—Por allí, junto con las otras —indicó Falkner a quienes llevaban la séptima caja, para despejar dudas sobre un posible cambio ubicación para el nuevo cargamento—. Eso es.
Dodrio y Tropius estaban al lado de las cajas que iban llegando para acomodarlas sin desperdiciar más espacio del necesario. Además levantaban levemente la tapa de algunas al azar para asegurarse de que el pedido estuviera en orden. Con paso orgulloso, Falkner decidió asomarse a las puertas del gimnasio antes de que ingresara la caja número ocho. —¡Corelia! —la reconoció con inusual buen humor—. Muévete, vamos, ¿acaso no ves que esta gente está trabajando? ¡Eso es, muchas gracias! —alentó en voz muy alta a quienes ingresaban otra caja más. Acto seguido, y para evitar que la rubia continuara siendo una piedra en el camino de los trabajadores, el líder de gimnasio tomó a la mujer por la muñeca y la arrastró al interior de la torre. —Es raro que estés por aquí. ¿Pasó algo? ¿O simplemente andabas probando qué tal te iría en una carrera de obstáculos si fueras el obstáculo?
Tropius fue, además del propio Falkner, el único que rió por aquel chiste.
KAHILI SE AGACHA PORQUE SUS POKÉMON VUELAN Y SOLO PUEDE VER AL RIVAL POR ABAJO DE ELLOS.
Oí a muchos entrenadores decir que, llegado cierto punto, uno puede sentir exactamente lo que siente su Pokémon. A mí me da un poco de risa ver que la gente necesita algo en lo que creer, pero también me entristece saber que incluso las grandes promesas que hay en este mundo desean llegar a ese estado de “conexión suprema”.
Seamos realistas: esas cosas no pasan. Sí, muchos dicen que sí. Y sí, muchos Pokémon tienen habilidades que podrían lograr efectos parecidos. Pero, por favor, que nadie crea que entrenar durante años y años puede lograr que la piel de uno sangre cuando su Pokémon recibe un ataque.
¿Es eso realmente lo que queremos alcanzar? ¿Es esa la “fortaleza” a la que tanto se invita a los jóvenes a alcanzar? Por más que parezca fantástica, a mí me parece una idea bastante tonta. ¿La verdadera fortaleza está en sacar las manos del fuego cuando uno se quema? ¿De verdad hay personas que creen que lo mejor que puede tener un Pokémon es un humano que sienta dolor cuando él lo siente? Los golpes nublan la mente; el dolor paraliza, altera nuestras decisiones y casi siempre para mal porque lo único que nos importa es dejar de sentirlo.
Como entrenador, solo me concentro en una cosa: conocerlos. Y que me conozcan. Conocerlos en tantas situaciones y tantos contextos como me sea posible. Saber qué odian, qué los motiva, qué no los deja dormir, qué los tortura, qué es eso por lo que darían todo. Conocerlos es a lo que debemos apuntar. Y malas noticias: no recibimos un aviso cuando lo logramos, no es tan fácil reconocerlo, no es que uno siente frío el tobillo cuando su Chikorita recibe un Rayo Hielo. No. Hay que ser más astuto para darse cuenta que uno logró llegar a ese punto. No es tan fácil. Incluso diría que uno nunca llega del todo a ese punto, siempre queda más por conocer. Pero eso sí, es de las mejores cosas que pueden pasar. Solo entonces se puede reconocer el sufrimiento y actuar en consecuencia, fríamente, buscando lo mejor para todos.
Lo cierto es que, aun convencido de todo esto que digo, una pregunta resuena en mi cabeza constantemente: ¿para qué se quiere convencer a los entrenadores de que si entrenan lo suficiente van a poder conectarse con sus Pokémon de esa manera? Estoy seguro de que el objetivo es ponernos a todos a perseguir ese estado que es inalcanzable porque no existe. El objetivo es convencernos de que, si no logramos eso, es porque todavía nos falta mucho. Yo no caigo en eso. Tengo a mi lado criaturas que me entienden, que confían en mí, que me quieren y (más importante aun) me conocen tanto como yo a ellas. Tengo la suerte de que me acompañen. Y no importa si son diez, quince o uno solo; lo importante es que estén. No hay que seguir buscando, esa es la verdadera fortaleza.
Temas cortitos (?):
No tengo posts que responder, no tengo ideas para estárteres (nada nuevo) y los últimos posts de mi blog son FDP, así que, para solventar esto, voy a publicar (inmediatamente después de esto) un cosito cerrado cortito que escribí hace un tiempo en el que puse a Falkner a hablar (sin contexto ni excusas (?)) de un concepto bastante famoso en todo lo que es el universo de Pokémon. Como siempre, el que quiera leerlo es bienvenido.
No quiero hacerme el misterioso, pero intuyo que hay alguien que tiene pensado algo a realizarse pronto. Mi advertencia (?): ES ABURRIDO, POR FAVOR NO. Ténganla todos presente porque no voy a repetirlo. O quizás sí (?).
Probablemente la más importante: Si alguien tiene partidas en Sol/Luna y extraña a sus amiguitos de X/Y/RO/ZA pero no puede o no quiere (cosa perfectamente entendible porque es una ESTAAAAFA) pagar el Banco de Pokémon, sepa que me ofrezco a ayudarlos con eso sin ningún problema (una vez que pagué quiero aprovecharlo al máximo xD).
Fin del comunicado. Gracias :).
Estoy escribiendo varias cosas para acá, pero no quería dejar de saludar a las decenas de spamosas cuentas pornográficas que tanto interés guardan por mis personajes. ¡El apoyo es siempre agradecido!
Creo que tengo un problema de adicción a los monoroles.
En fin, me voy a dormir porque no tiene sentido que me quede esperando que alguien publique otro en realidad estoy hace horas esperando que Cynthia publique el suyo y creo que no va a pasar (no descarto dormir con un ojo abierto por las dudas).
Descansen y recuerden que, como decía mi abuelo, “No hay situación que no se pueda superar leyendo un buen monorol”.
Confusión - Falkner
calido-anidar:
Y tampoco le daría tiempo de hacer su segunda huída, ni mucho menos de explicarse antes de verse a ella y Volcarona rodeadas de Pidgeotto listas y más que dispuestas a atacarla. Tragó saliva, sintiendo como le temblaban las rodillas mientras contenía lo mejor posible las ganas de gritar, después de todo, su única posible ‘ayuda’, parecía no ser así y todo iba de peor en mucho peor.
-”El huevo nisiquiera es tuyo!”- alcanzó a gritar antes de tener que agacharse de golpe, cubriendoce lo mejor que podía con sus brazos, mientras Mama Rona, tan leal, entregada y maternal como siempre, hacía lo posible para proteger también a la chica.
Si le decía a Volcarona que usara algún ataque lastimaría a todos a su alrededor y quedaría terrible, si no recuperaba el huevo, sabiendo que era una entrega importante, no solo decepcionaría a sus padres, también el entrenador que lo iba a recibir no tendría a su pokémon…
-”Yo no robé nada! El huevo lo estamos criando nosotros, es una confusión, lo siento! Lo siento! Lo siento!”- chilló finalmente, lágrimas de frustración rebalaban por su rostro. -”Solo intentabamos recuperarlo, no queríamos lastimar a Vullaby, ni a Pidgeot, ni a nadie!”-
Cerró los ojos, sintiendo los picotazos de las hembras furiosas, sabía que el Cuerpo Llama de Mama Rona evitaba que intentaran algo más, pero por cuánto tiempo ?
La bicho/fuego se negaba a moverse de su lugar sobre Enya, firme como una roca y también sin usar sus propias llamas para alejar a sus atacantes, especialmente después de lo que acababa de ocurrir.
Pocas veces en la historia la carne humana fue parte de la dieta de alguien de la línea evolutiva de Pidgeotto. A decir verdad, estos tipo Volador no encuentran muy atractivo ese tipo de alimento, por lo que lo consideran un último recurso.
La líder de la manada no estaba hambrienta, solo quería recuperar lo suyo. Ya había planificado llevar los restos de su víctima a algún Pokémon que supiera encontrar en los humanos un almuerzo delicioso y ayudar a Volcarona a encontrar un entrenador mucho más responsable que esa robahuevos.
Los picotazos daban en la cabeza de la chica acompañados por los chillidos de quienes los propinaban. No, definitivamente no se detendrían en dar golpecitos con el pico.
Pidgeot, temeroso de ser cómplice de un asesinato, miró a su entrenador. Este le respondió asintiendo y dio un paso adelante.
—¡Momento!
Los dieciséis ojos dejaron de centrarse en la mujer para prestar atención al líder de gimnasio. Se los veía impacientes.
—Sé que no se merece dudas... pero... ¿qué tal si no miente?
La líder de la manada torció la cabeza. “Peeh, ¿geott?”, soltó dudosa.
—Peh, pegeotto —respondió Pidgeot.
—Sí, eso es. Ese huevo parece estar cerca de la eclosión. Pidgeot y yo podríamos escoltarla a donde fuera hasta que eso pase. Así despejaríamos todas las dudas, ¿verdad?
La Pidgeotto dudó. Luego caminó lentamente hacia la humana que aborrecía. Le soltó la mitad de su nombre y luego salió volando. Las otras siete la siguieron.
—Entiende que ahora no pienso moverme de su lado hasta que nazca esa cría, ¿verdad?
La prohibición
Las paredes del salón ostentaban un diseño de flores rojas cuyo fondo estaba compuesto por distintos tonos de ese mismo color. La habitación era más larga que ancha y, a pesar de no tener ventanas, estaba bien iluminada. Pocos muebles: la mesa central (de vidrio, con patas de acero y casi tan larga como el recinto) y las treinta sillas móviles de cómodo tapizado negro dispuestas en torno a ella, el prisma blancuzco que estaba a centímetros de la puerta y permitía a cualquiera llevarse un vaso con agua fría o caliente, y una pequeña estantería con libros de elegante encuadernación.
Veintinueve personas ubicadas en sus asientos, dejando un único lugar libre: la punta de la mesa más cercana a la salida. De esas veintinueve, veintiocho charlaban. Algunos charlaban con conocidos convenientemente ubicados a su lado, otros dialogaban con quien tenían delante, y unos pocos conversaban con cualquiera, sin reparar en el a veces molesto alzamiento de voz que eso implicaba.
El único que permanecía callado y con la mirada fija en uno de los ángulos internos de la habitación era Falkner. Ocasionalmente hacía repiquetear sus uñas contra el vidrio de la mesa para descargar el excedente de nervios.
El reloj marcó las 06:30 y casi al mismo tiempo se abrió la puerta de la habitación. El bullicio terminó abruptamente. La mujer que había ingresado traía bajo su brazo una carpeta tan roja como su pollera cilíndrica y la corbata que le hacía juego. “Buenos días”, dijo al sentarse, y veintiocho voces repitieron lo mismo.
—Entiendo que la urgencia pudo haber jugado en contra a la hora de transmitir detalladamente el motivo de la invitación, camaradas. Es por eso que, con su permiso, voy a tomarme unos minutos para ponerlos al tanto y luego pasar al tema principal.
La mujer se aclaró la voz y abrió la carpeta: estaba llena de papeles con cifras y gráficos circulares. Falkner observaba cada movimiento con impaciencia; entendía que era importante que todos estuvieran al tanto del motivo de la reunión, pero le parecía increíble que hubiera gente ahí que no sabía para qué había ido.
—Entre las 21:30 y las 23:40 del día de ayer, fueron recibidas más de ochocientas veinte denuncias. Tuvimos dos líneas saturadas en varias franjas horarias y en decenas de hospitales ingresaron personas en un estado muy grave. Más de cien, para ser exactos. De momento no hubo que lamentar víctimas fatales, aunque en lo personal preferiría que no festejáramos eso todavía.
La señorita hizo una pausa para tomar un sorbo de agua. Para el líder de gimnasio de Ciudad Malva, esos fragmentos de tiempo transcurrieron muy lentamente.
—Bajo estas circunstancias —prosiguió—, entenderán que es natural que elevemos el nivel de alerta a rojo: los Zubat están fuera de control y esto se nos ha ido de las manos. Desde el Honorable Senado hemos decidido convocar a diversas personalidades de la región para que puedan brindarnos su mirada sobre el asunto y orientarnos al dar nuestro próximo paso en favor de Johto. Agradezco profundamente a los que han podido asistir pese a la urgencia. Muy bien, es ahora donde hablarán ustedes; ¿quién quiere comenzar?
Un hombre de poco pelo alzó la mano como si llevara horas esperando ese momento. Su saco con lunares naranjas se llevó varias miradas antes de que empezara a hablar.
—Antes que nada, gracias por la invitación, senadora. Creo que esto es un tema importante que no estamos tratando con la seriedad suficiente.
—¿Qué propone, diputado? —indagó la señorita.
—Terminar con el problema, claro está. De raíz. Afortunadamente no estamos lidiando con miles de Ho-Oh, senadora, solo son Zubat. Repartiendo adecuadamente los recursos podríamos crear una brigada fumigadora en menos de doce horas.
—¿Eso no iría en contra del Tratado Internacional de los Derechos de los Pokémon? —preguntó un periodista que también había sido citado en el lugar.
—Técnicamente ellos nos atacaron primero. El Tratado habla del respeto a toda forma de vida. Pues bien, aquí ya se ha incumplido —soltó un hombre de uniforme militar y gran bigote.
—Yo solo quisiera que nos centráramos en los más pequeños, ¡son los que más peligro corren! En la televisión dijeron que un Zubat puede llegar a extraer doce litros de sangre por día, ¡es terrible! —alarmó Mirna, presidenta del club barrial Dulce Niñez.
—En Tecnofez fabricamos más de treinta fumigadoras por semana, si aceleráramos un poco los trámites podríamos vender ya mismo al Estado equipo de última generación para equipar las brigadas —habló otro señor, también con gran bigote y lentes negros.
El salón estalló en gritos y sugerencias. La calma y el orden se disiparon por completo, y Falkner perdió la paciencia. Se paró mirando al techo y así se quedó hasta que todos se callaron.
—Los Zubat macho pesan un poco más que las hembras —comenzó a explicar sin dirigir a nadie la mirada—. Los Zubat alcanzan su peso máximo justo antes de evolucionar. ¿Sabe cuánto pesa un Zubat macho a punto de evolucionar, señora?
Como nadie se dio por aludido, Falkner tuvo la obligación de mirar a Mirna para dejarle claro que se dirigía a ella.
—N...no...
—Ocho kilos. Ningún Zubat pesa más de ocho kilos. ¿De verdad cree que un Pokémon que en ningún momento de su vida pesa más de ocho kilos puede extraer doce litros de sangre diarios?
La arrugada piel de la señora se enrojeció un poco. Casi combinaba con su sombrerito rosa.
—Quiero saber: ¿nadie se pregunta por qué? ¿Nadie se pregunta por qué pasa esto? ¿Un montón de Pokémon deciden invadir un territorio solo porque sí?
—¿Está sugiriendo algo, señor... —La presidenta del Senado desvió sus ojos hacia uno de los papeles que tenía cerca— Falkner?
—¡Que dejen de tocar las cuevas, mujer! ¡Salieron de sus cuevas porque están dejando de ser habitables! ¡Están hartos! Están desvalijando sus casas y ahora planean masacrarlos por buscar un hábitat digno. ¿En cuántas cuevas de Johto hay excavaciones en curso? ¿Alguien lo sabe? ¡En todas!
—¿Propone que en el proyecto a enviar al Senado se trate el tema de las excavaciones, Falkner?
—No, no quiero eso, no me interesa; solo quiero que dejen sus malditas cuevas en paz. Y que no los toquen. Si sus hogares están a salvo, van a dejar los nuestros.
—Con su permiso, senadora —intervino el hombre del saco a lunares—, creo que no podemos confiar una emergencia regional en alguien con la autoridad de un... líder de gimnasio.
Falkner giró su mirada hacia el diputado. Primero le atravesó el cráneo con los ojos, luego le pateó mentalmente el estómago.
—Mis disculpas. No me avisaron que para tener autoridad había que evadir impuestos, diputado.
El silencio se apoderó del debate. El diputado se defendió del ataque discursivo riéndose como si el peliazulado hubiera contado un chiste, pero no pudo impedir que se viera el sudor de su frente.
—Tengo más de cien Zubat en mi gimnasio y tengo más de cincuenta huevos de ellos que van a eclosionar en cualquier momento. ¿De verdad quieren cortar el problema de raíz? Muy bien: que dejen las cuevas en paz. ¿Quieren que deje de llegar heridos al hospital? Fantástico: que la policía se encargue de que nadie los dañe.
Nadie pidió hablar. Nadie hizo ninguna mueca. Nadie sabía cómo continuar.
—Entonces... supongo que es hora de votar: ¿quiénes están a favor de enviar al Senado el proyecto de prohibición terminante de daño a los Zubat y de recesión de la actividad minera en la región?
Confusión - Falkner
calido-anidar:
-”Bueno…si de verdad quieres ser técnico… fue Mama Rona, pero no significa que queríamos lastimar a tu hermosísima Vullaby! Lo juro, no era nuestra intención!”- Enya corrigió de inmediato, no era el mejor momento para respuestas ‘inteligentes’ de su parte que solo empeorarían su situación.
-”E-este… déjame explicarte, sí ? Es una larga historia, pero…”- Sentía como su Volcarona intentaba llamar su atención para decirle o avisarle de algo. -”Espera, que no ves que estoy intentando arreglar esto aunque sea un poco ?”-
La tipo bicho/fuego asintió a modo de disculpa, pero insistió en hacerla voltear. Enya suspiró, haciéndole caso.
-”Más vale que sea importante…”- murmuró, quedándoce boquiabierta al ver las copas de los árboles moverse tan frenéticamente. Habría llamado refuerzos aquella Pidgeotto ? Solo eso les faltaba, más aves y ella con un pokémon de tipo bicho.
-”Oye… te molestaría decirle a tu hermoso, enorme y emplumado amigo que le diga a los que vienen a buscarme que se vayan ?”- preguntó, casi alistándoce para salir corriendo nuevamente, si tuviera su bicicleta aquellos problemas no serían problema.
Vullaby solo escuchaba los acelerados latidos del corazón de su entrenador y algunas de sus palabras, pues uno de sus oídos estaba pegado al pecho de su entrenador, mientras que el otro estaba cubierto por su mano. Se sentía contenida estando así; necesitaba protección luego de lo que habían pasado.
—No, no, ¡no hay explicación pos...
El peliazulado se interrumpió. Al parecer, no contenta con querer lastimar a Vullaby, la señorita tampoco quería prestarle atención. Mientras mentalmente le daba la peor de las calificaciones en materia de respeto, dirigió la mirada hacia donde la joven lo hacía: las copas de los árboles.
—¿Los que vienen a buscarla a usted? Espere, espere, no sé si entiendo bien... Aparece de la nada, ordena un ataque a un Pokémon completamente indefenso que no buscaba pelear, me habla sin siquiera pedirme disculpas ni preguntarle a Vullaby cómo está... ¿¡Y ahora me pide que la ayude!? Discúlpeme, señorita, pero no puedo ni quiero ayudarla. Buenas tardes.
No bien Falkner volteó, listo para retirarse, se oyó el sonido típico del agitar vertiginoso del follaje. Una brisa breve atacó tanto al líder de gimnasio como a su fiel compañero por la espalda. Voltearon de nuevo.
Ocho Pidgeotto configuraban una circunferencia perfecta que rodeaba a la chica. El nativo de Johto, con un rápido examen visual, descubrió que se trataba de ocho hembras. Le llamó la atención que solo una de ellas (la que quedó exactamente frente a la mirada de la joven) tuviera las alas extendidas. Tras unos instantes de miradas intensas, la ejemplar de alas extendidas soltó un grito. Acto seguido, los siete Pokémon restantes se abalanzaron hacia la humana.
—¡Ey! —las detuvo Falkner—. ¿Qué es esto?
Recién entonces la líder de la manada notó que había otro humano cerca.
—Peeh, pidgeoot, piiiidgeeo... ¡Ot peh!
—¿Eh? —Miró a la irrespetuosa—. ¿¡También roba huevos!? ¿¡También tiene explicación para eso!? ¿¡Quién demonios es usted!? ¡Delincuente! ¡Hable o le juro que no voy a detener a estas Pidgeotto! ¿¡Cómo obtuvo ese huevo!?
Cuando por fin está el tema del monorol del mes.
Confusión - Falkner
calido-anidar:
@falkner-johto
-”Ugh! No, ya te dije que eso es mío!”- gritaba Enya intentando cubrirse la cabeza de los picotazos de aquella, obviamente, enfada madre Pidgeotto.
Siguió corriendo un poco más, sin estar segura de si el ave las seguía o nó. Mama Rona, si bien era un pokémon paciente, también era protectora con la jóven criadora y verdaderamente estaba considerando ahuyentar al otro pokémon con uno de sus ataques.
Estaba segura que apenas salieran de aquel área rodeada de árboles, las dejaría de seguir, después de todo, no querría alejarse demasiado de su nido. El problema era que el huevo que la madre Pidgeotto insistía en proteger y que pensaba se había caído al suelo, no le pertenecía, ni mucho menos era de su especie! Pero a Enya se le había resbalado de las manos y ahora era muy tarde y muy difícil dialogar.
-”Mama Rona, quítanoslo de encima, por favor!”- rogó la chica.
Volcarona volteó rápido, usando el factor sorpresa para usar Onda de Calor contra quien pensó era la Pidgeotto salvaje, pero ya que tuvo la oportunidad de detenerse a ver bien, ya no estaban siendo perseguidas y era un Pidgeot, no una Pidgeotto.
-”E-eh?! N-no creo que haya evolucionado…o-o sí ?”- Miró a su alrededor, dándoce cuenta que aquel tipo volador no era salvaje y que su entrenador probablemente andaba cerca. -”Lo siento! Lo siento!”- dijo casi de inmediato.
Maldijo mentalmente. Lo único que tenía que hacer era encargarse de ese huevo mientras sus padres visitaban familia ahí en Johto, era todo, pero ahora estaba metida en un lío que solo parecía crecer con cada minuto que pasaba.
Una vez establecido el equilibrio, Pidgeot avisó que lentamente comenzaría a ganar altura. Falkner se dio por enterado haciendo un pequeñísimo movimiento de ceja, pues el resto de sus músculos estaba totalmente tensionado y preparado para, una vez más, tratar de conseguir aquello que se habían propuesto.
Las puntas de las patas del Normal/Volador empezaron a abandonar el suelo. Ocho milímetros lejos del suelo, doce milímetros lejos del suelo, un centímetro y medio lejos del suelo, dos centímetros. Vullaby se estaba emocionando, nunca habían aguantado tanto y llevaban practicando todo el día.
Falkner apenas respiraba. En ese momento nada le importaba más que mantener los brazos estirados y rectos. Sus pies descalzos se aferraban a las plumas del ave tratando de ganar seguridad sin lastimarle el lomo. Sus piernas estiradas, quizás encargadas de la tarea más complicada, debían mantenerse firmes pero sin renunciar a la flexibilidad necesaria para aguantar en pie los movimientos que debía hacer cualquier Pidgeot dispuesto a volar.
Un chillido lejano quebró la usual tranquilidad de la Ruta 37 y ocurrió lo obvio: la concentración del líder de gimnasio se esfumó por completo y, a pesar de los varios manotazos al aire que dio como último recurso, cayó de espaldas antes de que la criatura alada alcanzara los tres centímetros de altitud.
El Pokémon Pájaro volteó inmediatamente para preguntar si su entrenador se encontraba bien y estirarle una de sus alas para que pudiera levantarse. Vullaby se asustó y puso su cabeza sobre los ojos del humano, desesperada por oír alguna señal de que todo estaba en orden.
—Sí... ¡Daaargh! —se quejó—. No puedo creerlo, realmente no puedo creerlo.
Tras soltar unas cuantas quejas más desde el suelo, el nativo de Johto tomó el ala que le ofrecían y volvió a incorporarse. Se sacudió un poco las ropas; su conjunto deportivo estaba lleno de pasto.
—Pronto vamos a cumplir otro año juntos y todavía no puedo montarte estando parado, ¡es repugnante! ¡Yo, Falkner, el gran líder de gimnasio de Ciudad Malva, no puedo mantener el equilibrio ni siquiera en vuelos minúsculos! ¡Pena! ¡Doy pena!
—¡Pidgeooooo! ¡Tto, tooo!
—No, sabes bien que no es cierto; hay gente que intenta hacer las cosas toda la vida y ni aun así las logra. De todas formas, no es mi estilo. Nosotros no somos esa gente. Voy a poder, solo necesito... un lugar tranquilo. Se suponía que este lo era, ¿¡qué fue ese maldito ruido!?
La ira de Falkner despertó un sorprendente enojo en Vullaby. ¿¡Quién o qué se atrevía a desganar de tal manera a su humano preferido!? Ella sintió la necesidad de averiguarlo y por eso comenzó a correr tan rápido como pudo hacia el lugar donde creyó que se había originado el sonido. A los pocos minutos se desorientó y se sintió incapaz de regresar con el peliazulado y Pidgeot. Fue entonces cuando vio que una chica se le acercaba con prisa. Tuvo miedo. Decidió esconderse detrás de un árbol. Desde allí oyó claramente una orden de ataque y cerró los ojos preparándose para lo peor.
Un océano de llamas se abrió paso entre los árboles. Vullaby había decidido no mirar, pero ya sentía muy cerca el calor y se imaginaba a sí misma carbonizada. Afortunadamente, Pidgeot apareció a tiempo para bloquear la furia ígnea con su preciso Protección.
Falkner llegó al lugar de los hechos unos cuantos segundos más tarde, agitado.
—¡¡¡Vullaby, por dios!!! ¿Estás bien?
Tomó a su Pokémon en brazos. Ella asintió, se la veía algo asustada. Falkner repitió su pregunta dos veces más y, como recibió la misma respuesta, se limitó a apretar a Vullaby contra su pecho.
—¿¡Qué fue eso, señorita!? ¿¡Está usted mal de la cabeza!? ¿¡Qué clase de persona va por los bosques atacando criaturas indefensas así!?
En su furia, el peliazulado ignoró que las copas de algunos de los árboles que los rodeaban habían comenzado a agitarse frenéticamente sin motivo alguno.
Can you imagine Falkner and Janine raising a kid though
Janine: Guess what~! Your favorite grandpa is coming over to visit today!
Falkner: Ye- WAIT HE'S NOT HER FAVORITE GRANDPA
¿Es verdad que en una época tuviste el pelo bastante largo?
—No. El largo de mi pelo es siempre el mismo porque hace muchísimo tiempo calculé la longitud exacta que debe tener para no darme calor ni exposición extrema. No lo niego, es de las mejores cosas que hice.
El Hada Anónima de los Poemas nunca va a abandonarte. Esta vez no traje algo para el personaje sino para quien traza su destino. Ahí va: Hay personas que crueldades esconden / en su alma llena de pozos. / Son aquellas que posts no responden / y solo causan sollozos.
Nunca estuve tan de acuerdo con algo dicho acá, gracias.