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Recuerdo los dĂas en que rezaba rogándole a Dios que me sacara de lo que serĂa mi peor etapa. Y hoy, sonriendo, recuerdo las noches de desvelo, orando, sabiendo que Él me estaba escuchando y solo puedo agradecerle por enjugar cada lágrima de mis ojos y ayudarme a sanar mi corazĂłn.













