Friends can break your heart too man and that shit hurts like hell

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Friends can break your heart too man and that shit hurts like hell
La relación con sus padres aún era inestable, pero de alguna forma sabía manejarla. El problema recaía cuando debía estar pendiente de su ácido sentido del humor que, por el momento, brillaba por su ausencia. “Oye,” saludó, de manera tan particular, a la primera persona que se encontró por delante. La sonrisa en sus labios fue su redención a la poca cortesía que creyó manifestar. “¿De casualidad sabes qué están dando de bueno en el cine? Hace años que no voy. Aprovechando mis vacaciones aquí, supongo que no es mala idea–” pausó, rememorando entonces todos los percances de la semana anterior. Frunció sus labios antes de añadir: “Porque supongo que no van a tirarme una bomba de camino al centro comercial, ¿no?” Pediré toda la sala, me gusta disfrutar bien de las películas– qué va, ¿me acompañas?”
Inspiró aire con profundidad, meditando la respuesta. “Si las criticas no mienten, hay una muy buena de terror en cartelera.” recordaba haber leído en Internet algo similar, aunque el nombre de la película se escondía en algún rincón de su mente. “¿Para qué quieres toda la sala? ¿tanto te molesta que hayan más personas disfrutando la película contigo?” entrecerró los ojos, sin entender el por qué de aquel capricho. “Paso, lo siento, prefiero no correr riesgos de bombas.” sonrió de costado, con la poca emoción que podía representar dicho tema. “Pero te recomiendo ir con más de un guardia, por si acaso.”
Después de una llamada demasiado larga con su padre, se fue directo a la piscina del palacio, la forma más factible para que se relajara, ya que al ser la heredera y con todo lo ocurrido, se le pedía que actuara de cierta forma, lo cual hacía, pero era tan agotador, por eso ya tenía casi una hora, nadando de un lado a otro, cuando al salir a la superficie, se dio cuenta de que no estaba sola. “Siéntete libre de entrar, no quiero ser una molestia” hablo tranquilamente.
Elevó los hombros ligeramente, sin dejar de observar el pequeño movimiento de olas que la contraria había marcado. “Si quisiera entrar, lo haría...” contestó por lo bajo, moviendo uno de sus tobillos en la superficie del agua, no permitía que la planta del pie llegara a mojarse por completo pero, concentrada, amagaba con hacerlo. “Mientras no planees hacer algún nado extraño que salpique demasiada agua, todo bien.” agregó, antes de elevar la vista en dirección a la rubia. “¿Eres la princesa de...?” entrecerró los ojos, segura de que era una heredera al trono.
El chirrido de las cubiertas de aquél automóvil y un gemido inhumanamente desconsolado llevaron a la rubia a prestar atención a la escena que sucedía cómo en cámara lenta frente a sus ojos. Ahora aquél indefenso animal sangraba, reposado sobre el asfalto. Del culpable, por supuesto, ni rastro. Los pies de Hanna se apresuraron, corriendo hasta él antes de comenzar a gritar: “¡Necesitamos una veterinaria! ¡¿Alguien puede llamar?!” estaba desesperada. No conocía la ciudad con demasía cómo para saber a dónde llevar al moribundo perro. Sus ojos divagaban entre los rostros cercanos.
Al percatarse de que no había nadie más en la calle, se sintió obligada a ser quién se acercara hasta el sitio donde ocurrió el incidente. Observó al animal en el suelo sin tardar en sacar su teléfono móvil de la chaqueta. Sin pensarlo, marcó el número de emergencias. Solo cuando atendieron la llamada notó el estúpido error que cometió: “No sé el número de ninguna veterinaria, ¿cómo es?” ni siquiera tenía un animal, por ende tampoco tenía idea de si había un lugar semejante a una corta distancia. Así fue como entonces, esperanzada, simplemente clavó la mirada en la fémina. Dudaba que hubiese tiempo para googlear direcciones.
Llevaba meses en la ciudad danesa, meses donde, en su mayoría, había adaptado su costumbres gastronómicas al del país visitado. Era por ello que, existían cierto momentos, donde los caprichos del latino solían ser tan ridículos como preparar una buena comida venezolana y eso fue lo que ocurrió una horas atrás. Por supuesto, sus deseos fueron cumplidos, ahora se encontraba en una mesa con un gran plato de arepas rellenas. Escucho unos pasos acercarse, sin molestarse en identificar al individuo “¿Quieres unas arepas, pana?” ofreció, señalando el plato “carne mechada, queso, una buena reina pepiada también” el castellano salio a relucir, sin siquiera darse cuenta.
Estudió con la mirada el platillo que le resultaba por demás desconocido, así como la catarata de palabras en castellano que atravesaron los labios del latinoamericano. Por ambos motivos (e ignorancia), se decantó por rechazarlo: “No puedo... Justo estoy a dieta...” mintió, frunciendo ligeramente el entrecejo. Aún así se apropió de una de las sillas, para luego apoyar sobre la mesa la taza de café que había traído desde la cocina. “¿Tu idea era comer todo eso por tu cuenta?” curioseó.
Solo le hizo falta rozar con sus dedos el hermoso jarrón de mármol para que este se deslizara y estrepitosamente se hiciera mil pedazos, repartiéndose sobre el sendero de cemento que cruzaba todo el jardín. Al sentir un par de ojos sobre ella, rápidamente dio un par de pasos hacia atrás. “No me mires a mí, no he sido yo” se defendió inmediatamente. No llevaba ni una hora en el palacio danés y ya había hecho un desastre, buena forma de anunciar su llegada.
Para la portuguesa, la voz de Damien Rice pasó a sonar a través de un sólo auricular gracias a su mano izquierda. “Sí, claro.” creyó que la sentencia ajena ya había dicho más que suficiente, por lo que no preguntó más al respecto. En todo caso, si se equivocaba y en verdad la princesa no rompió el jarrón, tampoco importaba demasiado en ese momento. “¿No piensas hacer nada al respecto?” clavó su mirada en la contraria, mientras se sacaba el auricular que aún había estado escuchando. “Aquí hay mucha gente estúpidamente obsesionada con sus mascotas, pondrían el grito en el cielo si por accidente pisan uno de estos pedazos...”
audefrombruges:
—¡No me digas! —La sorpresa de la mayor fue completamente honesta, ¡es que el mundo a veces era muy pequeño!—. Pues podemos hacer compañía mutuamente. No es como si conociera a muchas personas acá, pero me gusta lo de hacer nuevos amigos y ampliar mi círculo social, que de por sí no era tan grande —mintió un poco, ya que conocía tanto a personas de la nobleza como a príncipes y princesas; sin embargo, su círculo se ampliaba mucho más si se contaba a sus amigos que había hecho en grupos feministas en Bruges y algunas otras partes de Bélgica. —No te preocupes, me conformo con una simple taza de café —sonrió ladeando la cabeza y encogiéndose de hombros—. Soy Lady Aude de la Casa De Maesschalck de Bruges, pero si queremos evitarnos los formalismos, me puedes llamar solo Aude.
“Ay, no, por mi parte es todo lo contrario.” le enseñó las palmas de sus manos y las sacudió levemente, como si la mera idea de ampliar su círculo social le produjese rechazo. “Mientras menos, mejor. Pero quizás puedas formar parte de ese selecto grupo,” enarcó una ceja al agregar aquello. “te evaluaré en esta salida.” entre broma y broma la verdad se asoma, lo cierto era que se había llevado más de una decepción con previas amistades y esas experiencias marcaron su vida haciéndola más cauta, poniendo una capa de desconfianza a su persona. Aunque en ese momento se encontraba bromeando, la verdad residía en que no acostumbraba a tener muchos deseos de forjar nuevos vínculos. Ante la presentación sonrió, emprendiendo la marcha en la dirección indicada con anterioridad. “Yo soy Adelaide.” se presentó. “Nunca estuve en Bruges, ¿qué tal es? Objetivamente.” agregó, con entretenimiento.
Paseando por los jardines, le encantaba poder tener unos momentos consigo misma antes de ingresar e iniciar con la rutina que ya tenía en su agenda. Respiró hondo y miró a su alrededor, regalando sonrisas a algunas personas que pasaban por ahí. No podía esperar a que llegara la noche para tener una reunión con un grupo feminista que había investigado de la zona, era una importante oportunidad para ganar toda la experiencia posible, y tomar uno que otro trago de más.
“¿Disculpa? ¿Sabes cuál es el café más cercano? Se me acaba de abrir el apetito por uno acompañado de rollos de canela”, brindando más información de la necesaria junto a una sonrisa brillante era su táctica para que las personas respondieran a sus preguntas.
“Iba camino a una cafetería, precisamente acabo de pedir indicaciones.” admitió, con una sonrisa que se colaba debido a la coincidencia que las reunía. No se movía demasiado bien por la ciudad, pero contaba con la compañía de guardias (especialmente debido a los recientes sucesos) para darle la seguridad que la impulsaba a recorrer las calles desconocidas como si nada hubiera sucedido. Los últimos días se había mantenido en constante contacto con su familia. Los temores de sus parientes debido la inseguridad de Dinamarca no hacían más que darle fuerzas a la portuguesa, pues sentía la importante necesidad de que alguien desdramatizara la situación para llevar tranquilidad a su hogar. Por esa razón salió con total libertad, intentó retomar su rutina diaria, convencerse de que todo marchaba bien. “Si no me mintieron, hay uno doblando en la próxima esquina. No puedo prometer que haya rollos de canela igualmente, tengo mis limitaciones como guía turística.”
flashback:
— A estas horas no hay nada bueno —respondió, muy seguro. No lo sabía con absoluta certeza, pero era sabido, ¿no? La programación nocturna estaba solamente para rellenar, no para gastarse dinero en hacerla de calidad. Pero prefería eso a nada—. No lo sé, nunca lo he usado. Para eso está la sala de cine, que es mejor —se encogió de hombros, y encendió de nuevo el televisor para hacer él un intento. No lo encontró, así que aprovechó que ahora se había adueñado del mando para buscar algo que le gustase a él. Encontró un documental sobre piedras preciosas y joyería, y aunque el tema en particular no le entusiasmase, al italiano sí le gustaban los documentales. Así que, sin preguntar, dejó el canal.
Con algo de esperanza en el príncipe, observó sus movimientos antes de llevar la mirada hasta el televisor. Su ceño se frunció al comprender cuáles eran las intenciones del italiano, e incluso habiéndolo hecho esperó unos segundos con la intención fija en el otro, a la espera de que cambiara de canal— Devuélvemelo antes de que te lo saque por mis propios medios —advirtió, extendiendo la mano para reclamar lo que consideraba suyo por haber llegado primera a la sala—. No es necesario que nos torturemos con un documental, ¿sabes?
Everyday since that bad thing happened, I’ve been practicing a spell: how to disappear from yourself, within yourself.
Warsan Shire, excerpt of “Abracadabra Acudubillah,” Her Blue Body (via weltenwellen)
antonickov:
Las órdenes de Dmitrii, su escolta eran claras, estaba obligado a sentarse y tratar al menos de descansar. Suficiente había protestado contra el trato de sus heridas y a decir verdad, contra todo en general. Ahora que lo meditaba su actitud había sido de lo más inmadura pero en una situación como esa, no quería preocuparse por sí mismo – sentía que habían más personas en necesidad. Sin embargo, el miembro de la guardia real rusa, a pesar de ser buen amigo del príncipe, podía hablar con la seriedad suficiente como para hacerlo entrar en razón. Sentado entonces en el sillón más cercano, tuvo la suerte – o más bien desdicha – de quedar cerca del televisor, que no parecía quedarse en un sólo canal. — ¿Hmm? — Segundos tardó para que su mirada cayera en la muchacha, a la caja, y de vuelta a ella. — Aah, okay. Descuida, todos tuyos. — Comer no estaba entre sus prioridades en ese momento. — ¿Te molestaría dejar un canal o…? — sin ánimos de pelea ni sarcasmo en su voz, la pregunta era genuina.
Suspiró:— ¿Quieres que lo deje ahí? —al decir eso, y de forma repentina, detuvo el recorrido de canales que había estado manteniendo en un ritmo constante, para permitir que un programa de dibujos animados (con ciertas voces irritante para el gusto de la portuguesa) se enseñe en la pantalla. La entonación que dio vida a su pregunta escondía una respuesta negativa de su parte, así como la mirada que le echó al príncipe. No obstante, si el hombre deseaba ver aquello no se opondría, después de todo dudaba que exista algo más que deseara ver— Aún no me acostumbro a la programación danesa, empiezo a creer que lo mejor será apagarla. —comentó, para luego agarrar uno de los bombones y llevarlo a su boca.
achillcf:
Si realmente se produjera un ataque, poco podía hacer por ello excepto confiar en la guardia real danesa, pero ese pensamiento no le hacía sentirse en ningún caso más tranquilo u optimista. Le molestaba no poder conciliar el sueño cuando nunca había tenido ese problema ni por enfermedad ni por estrés, y por ello prefirió dirigirse a la sala común para pasar el rato mejor viendo la televisión que no mirando el techo. Alguien ya había tenido esa idea, alguien a quien no conocía, proveniente seguramente de la comitiva de alguna casa real. Había tenido la intención de sentarse en silencio si la otra no hubiese abierto la boca y detonado el mal humor que esos días especialmente tenía tan latente — Ya lo sé —espetó, cortante, aunque ni siquiera había visto los bombones antes. Frunció los labios y tomó asiento de todas formas—. ¿Qué estás viendo? —estaba suficientemente aburrido como para dejarlo pasar.
La joven mantenía la concentración fija en la pantalla a la espera de encontrar algo suficientemente entretenido para distraerla. Sin embargo, tras lo sucedido no sentía particulares ánimos de ver algo humorístico, ni político, ni de acción... ¿y eso dejaba, qué? ¿documentales? Hasta hallar la respuesta, continuaba avanzando entre programaciones— Nada —contestó, sincera, sin dejar de moverse entre canales. Resignada, a continuación, se dejó llevar por una idea que cruzó su mente:—. Ah, ¿tienes idea de qué hay que apretar para ver el catálogo de películas? —estaba segura de que existía tal posibilidad. Por eso observó el control remoto y los diferentes botones que se disponían en un intento de adivinar cuál sería el indicado, el uso de la mayoría era desconocido para la muchacha. Aún así, apretó uno por su cuenta provocando que la pantalla pasara a estar en completo negro— Creo que ese no era. —y le extendió el mando a distancia al desconocido, deseando a que solucionara aquello.
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—Tienes razón, ¿cómo se me ocurrió que sabrías algo…?—Respondió y se recriminó a si mismo con cierta pesadez en su tono de voz. Suspiró. El estado de ánimo no estaba muy bien ahora en todos los reunidos en ese grupo, no los culpaba ya. Heathcliff mordió su labio inferior. — Alguien lo dejó ahí… — Señaló a la mesita a lo lejos sin mencionar que ese café tenía un mal sabor, quien sabe cuánto tiempo estuvo enfriándose.
Llevó su mirada hasta el escolta. “Supongo que habrás olvidado que no podemos salir, pero no seas duro contigo mismo. Tu cabeza no tiene por qué funcionar bien después de todo lo que pasó.” entonces se puso de pie y siguió las indicaciones del hombre. “¿Te sirvo?” cuestionó, mientras tomaba una de las tazas para luego servir el café.
La sala común había sido su refugio después de fracasar en el intento de conciliar el sueño. A pesar de sentir un gran cansancio parecía en vano proponerse dormir. Por ese motivo permanecía frente al televisor, comiendo bombones de una cajita que se disponía en la mesa, y cambiando de canales para hallar una transmisión que no hablara sobre lo que les había tocado vivir en carne propia. Al escuchar que alguien se acercaba, entonces, se refirió a los chocolates apoyados en la superficie: “Son míos.” le advirtió. Quizás no estaba en los planes ajenos tomarlos, pero aún así no quiso correr riesgos dado que no sabía dónde encontrar más bajo aquellas circunstancias y probablemente el/la recién llegado le resultaba desconocido/a.
Prefería mantenerse alejado del grupo, por simple costumbre y quedarse mirando la puerta era mejor idea que cualquier otra. Al final de cuentas como escolta su deber era estar pendiente de cualquier movimiento sospechoso, pero su mente se encontraba pensando en un repentino antojo que en el infiltrado. “ Cómo se me antoja un cigarrillo… ” musitó, pero no cargaba ni uno en su poder. Emitió un hondo suspiro antes de reparar en compañía, a la cuál le dio la bienvenida con una débil sonrisa. “ ¿Paso algo interesante? ” quiso saber.
“¿Qué te hace pensar que sé?” cuestionó, probablemente las horas de descanso no fueron suficientes para mejorar los ánimos de la portuguesa. Tomó un lugar en el sillón, levantando despues sus piernas para rodearlas con los brazos. “Imagino que todo sigue igual.” por lo menos sabía que sus princesas estaban seguras en el palacio, y aquello era más que suficiente. Apoyó su mentón en una de las rodillas por un momento, antes de volver a hablar: “¿Sabes si hay café?”
they say that the truth will set you free; but not before it cuts you deeper than any shard of glass ever will
and that’s why it makes you bleed / n.d.s (via inkonstardust)