Esta era la guinda del pastel. Literalmente. La guinda del trozo de pastel que había comprado había caído trágicamente al suelo cuando Taeil intentó abrir la puerta del local para salir, pero no contó con que alguien hubiese empujado de esta desde afuera, haciéndolo tropezar y ver la fatalidad del destino de su guinda. “Era tan joven, tenía una vida por delante".
— ¿Le estás hablando a una guinda? —lo único que sabía, aparte de que esa actitud le parecía extraña (como no era, en realidad, algo fuera de lo común), era que no había sido culpa suya—. Deberías ir con más cuidado.












