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Las instrucciones que había recibido continuaban dando vueltas en su mente. Se había encargado de no perderse siquiera un detalle de lo que le indicaban, y aún así no conseguía manipular correctamente el arma que sostenía entre sus manos. Recordaba haber hecho aquello una vez, en el pasado, pero en aquella oportunidad su padre había estado junto a ella para ayudarla en cada movimiento. Ahora que se encontraba dependiendo únicamente de ella misma, estaba teniendo dificultades con algunos movimientos que quizá necesitaban de la precisión de alguien más experimentado. Sospechando que la única otra persona presente en el lugar podría tener más experiencia que ella, caminó la poca distancia que la separaba de la otra figura y se colocó junto a su posición:— ¡Hey! ¿Te importaría ayudarme por un momento? Estoy teniendo problemas, una vez más, con jalar la corredera —soltó un suspiro, negando con su cabeza.— ¿Sabes cuál podría ser el problema? —frunció el ceño, observando con atención a su acompañante. El único conflicto era su inutilidad, seguramente. Pero dejó que la otra persona juzgara por ella.
¿Quién diría que alguien como ella tendría habilidad con el arco? Aquella sorpresa se había descubierto en sus primeros años de campamento, uniéndose a su abuelo para explotar todo deporte que allí se ofrecía. Todo excepto aquel en el que terminaba cubierta de barro y con la frente empapada de sudor, claro está. Y siendo aquel un día decente para ahogarse al aire libre y en la tranquilidad del campo, tuvo la idea de perfeccionar su tiro. ¡Y qué bien que se le estaba dando! Con el blanco en la mira, la posición correcta y sin mínimo de error casi podía saborear un tiro perfecto. Casi. Porque la repentina voz de una segunda la llevó a soltar la flecha para verla salir disparada en un patético lanzamiento que parecía haber salido de un novato, haciéndole sentir su mandíbula tocar el suelo por tan horrorosa acción—. Oh, no —susurró sin aflojar su agarre del arco, girando su rostro unos centímetros para observar a la inglesa—. ¿Puedo ayudarte en algo? —preguntó después, soltando un suspiro cansino.
¿Es esto... tuyo?
¡Hey! —Llamó la atención de la primera persona que se le cruzó al salir de la cabaña de carpintería. Traía una pequeña casa para pájaros entre manos.— A alguien se le olvidó llevarse la casa… o colocarla. —Le echó un vistazo más al objeto que sujetaba.— Creo que igual también le hace falta una mano de pintura para estar acabado. —Opinó, encogiendo un hombro.— ¿Lo hiciste tú? Porque de ser así… está muy logrado. Y si no es tuyo, de todas formas puedes ayudarme a colocarlo en el bosque.
Tras finalizar una larga llamada con su madre donde el tema principal había sido cómo se encontraba y cuán cansado había sido su vuelo desde Francia, Etta se dispuso a descansar a mitad de la nada perdiendo la mirada en el móvil que aún se encontraba en su mano. Sin embargo, y rompiendo su burbuja de tranquilidad falsa, una serie de frases fueron lanzadas hacia ella tan de repente que le tomó un par de segundos comprender de qué se trataba—. No —dio por respuesta al momento en que se giró, observando al muchacho con expresión tan vacía que fue imposible decir que había entrado en estado de pánico—.Tengo otras cosas por hacer —añadió después, ahorrándose la explicación del qué y cuándo.
Numb // Linkin Park
I’m tired of being what you want me to be Feeling so faithless, lost under the surface Don’t know what you’re expecting of me Put under the pressure of walking in your shoes
Tan solo cerró los ojos al sentir la nueva bola de papel chocar contra su rostro. Rodó los ojos tan exageradamente que por poco sintió que le daban la vuelta cuales ruedas. ¿Por qué vienen antisociales al campamento? Se preguntó, sintiendo el deseo de poner sus orbes en blanco una vez más. —Oh, sí, claro, cómo no, —soltó con notable sarcasmo pero sin olvidar ese toque de diversión tan característico de su persona. —¿Qué te pasa, te escapaste del manicomio o algo por el estilo?
Sintiendo sus labios curvar en una sonrisa al escuchar su pregunta, Jude entrecerró los ojos sin dejar de mirar al muchacho, decidida a comenzar la mayor actuación de su existencia. Si la llamaban loca, ya conocerían lo que realmente era estarlo—. Sí. ¿Sabes por qué me tenían encerrada? —le preguntó, agarrándose de las ramas del árbol para bajar hasta tocar el suelo. Benditos genes gimnastas. Una vez en suelo firme se acercó a él, adueñándose de su espacio personal a tal extremo que escasos centímetros la separaban de su rostro—. Porque arranqué la piel del rostro a un hombre que me llamó loca —compartió, con voz tan sombría como su mirada—. Después corté sus extremidades y las lancé al océano. Y con su sangre pinté un pentagrama en un cementerio a mitad de la noche para sellar mi pacto con mi salvador Satanás.
— Apuesto a que a la tía Etta no le gustará oír que hayas dicho esa palabra, Jude —Espetó la muchacha luego de haberse dado vuelta, y mirado para arriba, donde su prima se encontraba sentada sobre una de las tantas fuertes ramas de uno de los pinos que llevaban más de medio siglo plantados allí.— ¿Por cierto, cómo está ella? —Preguntó la rubia, intentando ignorar el hecho de que su prima había acabado de llamarla idiota, aunque sabía lo prepotente que era la misma.
Sintiéndose estremecer ante la cantarina voz de quien podría reconocer en cualquier lugar, Jude frunció el entrecejo dejando a Gaël (su cuaderno) a un lado para prestar atención a la rubia. La mención de su madre y el actuar de la muchacha fue suficiente para que la castaña sintiese deseo de vomitar, prefiriendo sonreír con cierta molestia antes de decirle—: Apuesto a que no se enterará —le dijo, invitándola a comentarle a su madre las mierdas y sapos que soltaba por la vida—. Está en el hospital, o qué sé yo. Abriendo el corazón de algún crío y haciéndola de heroína —comentó fingiendo desinterés, aunque había cierto orgullo en sus palabras—. ¿Y tu madre? ¿Ya perdió la cabeza y la enviaron al loquero? —Venga, que su tía le caía bien y todo pero no podía negar que la encontraba un poco chiflada. Pero bien decían que entre locos se entienden.
¿Sus pensamientos en aquel instante? Por completos dispersos, fracturados en un millar de astillas afiladas debido a la reconocida voz con acento francés que no hacía más que llamar a las pesadillas de más de un campista durante los veranos. Y es que, ¿quién podía no reconocer a la ‘psicópata’ de Jude? —Sólo recoge tu basura una vez hayas acabado —pronunció alto una vez se encontró cercano al árbol rodeado de papeles descartados, la presencia del desconocido al que la fémina había gritado siendo ignorada en su totalidad.
Aburrida, bloqueada y molesta como se encontraba, había ignorado exitosamente a quien quiera que estuviese quejándose a su sombra, comenzando a tararear una canción que sólo ella podía escuchar. Sin embargo, y nuevamente llevándola a bajar su mirada con fastidio hacia el suelo, la voz de a quien creyó reconocer la sacó de su burbuja de tranquilidad para hacerla bufar sonoramente—. ¿O si no qué, Orejas? —preguntó, llenándose de una prestada inocencia que no iba con su persona. Acomodó el cuaderno sobre la rama (asegurándose de que estuviese bien sujeto) y dejó caer las piernas para dejarlas colgando libremente—. No me digas que me castigarás. ¿Será limpiar los baños de nuevo? —Que ya podría encontrar a quién lo huciese por ella a cambio de una cajetilla de cigarrillos.
cheap and cheerful // the kills
it's alright to be mean.
Si intentaba espantarle con esa palabrería había fallado estrepitosamente. Sus aires de inconformismo solo consiguieron despertar la curiosidad y el interés del castaño de ojos claros, que prefirió, eso sí, mantener las distancias en aquel árbol, y sostenerse bien de las ramas. Quizás la muchacha le pateaba fuera de “sus dominios” ante la pequeña insistencia; no podía jugársela con ella.— ¿Qué eres? ¿Gótica? ¿Rebelde? ¿O ambas cosas? —Ladeó el rostro ligeramente y frunció el ceño como si estudiase el ser más confuso del planeta.— Ah, genial. Así que te parezco feo y terriblemente idiota. Esto sí que es empezar con buen pie y lo demás tonterías. —Negó varias veces, con una sonrisa divertida asomando.— ¿Sabes qué más eres? Modesta. Más modesta que ninguna. —La ironía la manejaba como un profesional. Dejó escapar un suspiro y se acomodó mejor en aquel árbol, teniéndola ahora enfrente y no al lado.— Me refería a tu ciudad natal. Eres francesa pero no logro adivinar de qué parte proviene tu acento, petite. Tampoco me es relevante. —Apretó los labios para reprimir la sonrisa.— ¿Qué se supone que escribes? ¿Novelas de suspense? Porque no tienes pinta de escribir chorradas románticas.
Su rostro se contrajo en una mueca que demostraba cuán estúpido encontraba la forma en que intentaba describirla, poniendo los ojos en blanco mientras su lápiz golpeaba la superficie de su cuaderno. Maldijo internamente al verle tomar agarre del árbol, pues así su plan de derribarle se veía arruinado—. Satanista —respondió, decorando sus labios con la más inocente y falsa de las sonrisas—. ¡Ah! Pero mira tú. Si ahora seremos mejores amigos de por vida y todo, ¿a que sí? —dijo después con el sarcasmo empapando sus palabras, abriendo sus ojos con exageración para después vaciar su expresión y llenarse de un aburrimiento palpable—. Si no te es relevante entonces cierra la boca. ¿No dicen que es mejor no hacer preguntas estúpidas? Deberías ponerlo en práctica —aconsejó entrecerrando los ojos, tardando un segundo en responder a su última pregunta—. ¿Ahora mismo? Escribo tu nombre en mi propia Death Note —volvió a sonreír con inocencia falsa, para después añadir—: Poesía, genio. ¿Sabes lo que es o tengo que explicártelo?
No vio venir aquello, y tan rápido como ella apareció, fue que su cuerpo terminó colapsando en el interior del lago. Chapoteó hasta poder salir a la superficie, tosiendo y apartando algunas gotas del rostro.- ¡Eso… Eso no ha tenido ninguna gracia! —Exclamó molesta, mirando a la morena fijamente desde su baja altura.
Ni siquiera intentó fingir arrepentimiento, manteniéndose distante desde su ubicación—. ¿En serio? Yo escuché a muchos reír —le dijo señalando vagamente a un grupo de campistas que habían presenciado todo—. Qué lástima.
En dirección a su cabaña se dirigía el escocés cuando unas bolitas blancas le distraen de su camino. Desde lejos, no parecían lo que eran, pero una vez cerca se dio cuenta de que se trataban de un montón de pelotitas de papel. Se disponía a abrir una, para ver el contenido de estas hojas, sin mirar a su alrededor para buscar al autor o autora de lo que fuera que esas hojas contuviesen, cuando una munición le cayó violentamente encima, por lo que soltó un quejido. —Sí, lo puedo notar —comentó en un tono que denotaba la obviedad de su comentario, algo sorprendido por la presencia femenina en la cima. —Hey, Ana Frank, cuida tu medio ambiente, —la molestó con algo de seriedad, apuntando a los papeles del suelo.
Una lástima que no se hubiese encargado de llenar las bolas de papel con rocas, que seguramente así los quejidos serían simples sonidos sordos de cuerpos cayendo inertes al suelo por un posible desmayo. Bajando la mirada lo suficiente para saber quién era el quejica, Jude puso los ojos en blanco lanzando una nueva bolita directamente al rostro ajeno—. Mira, hippie, a como sigas molestando serás tú quien se convierta en Frank y te enviaré a un maldito campo de concentración —amenazó sin vacilo alguno, clavando su mirada en la contraria.
El muchacho, que había visto todo desde la distancia, decidió ir muy en contra de sus instintos básicos y acercarse al árbol en cuestión. Quizás estaba cometiendo un error monumental, quizás no. Interrumpirla de nuevo parecía una locura y sin embargo al joven le divirtió tanto la idea que no se lo pensó dos veces más. Enseguida se puso a escalar el árbol para quedar a la altura de la muchacha que tanto gruñía.— Alguien tiene un serio bloqueo. ¿Has probado con música? Puede que sea esta tu musa. —A él le ayudaba. Es más, no podía ponerse a pintar sin música de fondo. No se inspiraba lo suficiente solo.— ¿Puedo sentarme? Bueh, lo iba a hacer igual. —Respondió él mismo a su cuestión y se apoyó en la rama más cercana.— ¿De dónde sales tú? Si se puede saber. ¿París? ¿Lyon?
Regresando a la tarea de exprimir su mente, ignoró por completo la presencia del campista pensando que, para ese punto, ya se había marchado con un buen golpe de papel en la cabeza. Pero la gente era masoquista, oye, o eso le hacían pensar a Jude. Quitando la mirada de su cuaderno sólo para observarle de mala gana, frunció los labios estirando un pie frente a su cuerpo como si intentase así frenar su escalada. Aunque si lo enviaba al suelo sería un extra que no le molestaba en absoluto—. No, ¿sabes qué es mejor que la música? Homicidio —respondió sonriendo falsamente, dedicándole una rápida mirada que fue de pies a cabeza—. De mi madre, ¿qué te creías tú? Para ser medianamente atractivo eres muy tonto. Generalmente la estupidez se asocia con la belleza, pero a ti se te ha mezclado todo o simplemente fueron "amables" contigo dejándote como un plano y ordinario caso común —compartió, mordisqueando su lápiz sin prestarle mucha atención al muchacho—. Y, antes de que lo digas, yo soy la excepción a la regla teniendo belleza y cerebro.
Bueno, Wendy… No vas tan mal… Ya casi lo tienes, vamos… —Se dijo a sí misma la escocesa, mientras intentaba aguantar el equilibrio sin caer al lago de su costado.
Jude vio la oportunidad y no dudó en tomarla. Caminando a paso rápido detrás de la rubia, se adelantó para pasar por el estrecho espacio que había a su lado y, haciéndolo ver como un accidente, la empujó directamente al lago—. ¡Oops! Lo siento.
"¿A quién coño crees que estás llamando idiota?" espetó ciertamente molesta. Ella tan solo había pasado bajo aquel árbol cuando de sopetón recibió una bola de papel en toda la cara. En otra ocasión habría pasado de largo, pero odiaba que le hablasen así y pronto sacó el carácter que había heredado de su madre. "Me importa una mierda que seas una jodida moderna que intenta irse de escritora frustrada." exclamó enseñándole el dedo indice con cierta violencia. "Imbécil."
A palabras contrarias Jude simplemente arqueó una ceja, sin estallar como había hecho aquel despreciable ser y manteniendo una expresión serena—. ¿Acaso hay algún otro idiota por aquí? Y ahórrate el "sí, tú" porque además de quejica resultarás terriblemente aburrida —respondió acomodando su postura para quedar con los pies colgando de la rama. Su semblante se endureció, aburrido, dejando a un lado su cuaderno para observar a la lunática—. ¡Pero qué original! ¿Cuánto te costó crear una frase completa? Tu cerebro debe estar en llamas.
Anubis, Danu yyy Fraya
Anubis: How do you feel about death?
La muerte es, ugh, ¡asombrosa! Siento cierta fascinación con el tema, desde recolectar fotografías antiguas de personas que dejaron de existir hace decenas de años hasta tomar el cementerio como escondite secreto. Y una mierda que lo encuentren raro, eh. Que si terminaremos muertos, ¿para qué temerle y no ver a la muerte como salvación? Y como dijo Poe: ”La muerte (de una mujer hermosa) es, sin duda, el tema más poético del mundo”, por lo que mejor fuente de inspiración poética no existe.
Danu: What is your relationship with your mother?
La veo durante la cena, en sus días libres y cuando tiene que ir a sacarme de alguna fiesta a mitad de la noche. Ah, sí, y a veces nos encontramos en la cocina de madrugada a beber café y fingimos que no pasamos el día entero fuera de casa. Es buena, supongo. O era. Ve tú a saber qué mierda.
Freya: Have you ever been in love?
No, pero quiero “enamorarme” sólo para experimentar lo que llaman un corazón roto. Dicen que los escritores escriben sus mejores poemas de esa experiencia, aunque también leí que te da una sensación similar a lo que ocurre cuando cometes homicidio.
Ares, Jupiter, Minerva.
Ares: Are you an easy person to anger?
Generalmente soy paciente y pierdo interés de lo que se me diga, pero si se me encuentra de mala forma o desperté con el pie izquierdo, me encenderé como un jodido árbol de Navidad y cortaré cabezas a montón.
Jupiter: Would people say that you are intimidating or fairly approachable?
Tú dime.
Minerva: Do you generally give good advice?
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