🌙 El Agua que Me Soñó
Anoche, el agua me soñó.
No era una ducha cualquiera.
Era un descenso suave,
una caricia líquida que empezó en mi cabeza
y se deslizó hacia el silencio de mi cuerpo.
No hubo jabón, ni espuma,
ni perfume que enmascarara lo esencial.
Solo agua.
Fresca.
Como un suspiro del viento.
Como un soplo del alma que limpia sin ruido.
Me mojé sin pensarlo,
aunque ya estuviera limpia.
Algo más profundo me llamaba.
No se trataba de quitar,
sino de volver a ser.
Y mientras el agua bajaba,
yo me miraba desde fuera.
Observaba mi cuerpo en calma,
como quien contempla un templo sumergido en gracia.
Pero por dentro, sentía todo:
el alivio, el peso que se disolvía,
el renacer suave sin nombre.
Era un ritual invisible.
Un instante en que el alma se lava de lo que no se ve.
Y se queda desnuda, viva, verdadera.
Hoy sé que no fui yo quien se duchó.
Fue el agua quien me eligió.
Para recordarme
que lo sagrado también habita en lo simple.
Y que la frescura del espíritu
se encuentra en dejarse tocar sin miedo.







