Ecos de un encuentro silencioso
Llegaste sin palabras,
como un susurro del viento en la noche,
un destello de estrellas que quebró el velo
de un rincón oscuro que ni yo comprendía.
Tus pasos, huellas de un destino ancestral,
dibujaron senderos secretos en mi alma dormida,
y en el espacio sagrado entre miradas y silencios,
se abrió una grieta por donde empezó a fluir la luz.
No fue un amor de este mundo ni una historia completa,
fue un puente tejido con hilos de tiempo y misterio,
un espejo que reflejaba verdades ocultas,
una llave para abrir puertas selladas por el miedo.
Y ahora, en la distancia que nos separa,
resuena un eco sagrado, una paz naciente,
porque sané sin saberlo,
porque el vacío fue llamado por su nombre y se disolvió.
Gracias por ser, sin querer,
esa pausa en el tejido del tiempo,
esa sanación profunda,
esa parte del viaje donde aprendí a volver a mí,
bajo la mirada eterna del cosmos.


















