Decidió tomar el asentimiento de la muchacha como una respuesta válida, después de todo le conocía lo suficiente como para saber que no sería de algo que quisiese hablar. Y comprendía que así fuese. No todos los días uno se ponía borracho, contacta a su ex, le pide que le deje en paz y luego le llama alcohólico. ¿Le habían dolido sus palabras? Por supuesto, las había sentido como un puñal en la espalda. Sin embargo, Santiago no era el tipo de persona que guardaba rencor hacia con otros sino consigo mismo. Fue un alivio que Lilith también se riera, una pequeña señal que le indicaba que no estaba tan desubicado con su reacción. No podía hacer más que reírse, de otra forma tendría que amargarse por algo tan pequeño y no estaba para esas cosas—. Créeme, no tenemos nada en común —soltó, volviendo a reír un poco. Acomodó los codos sobre la mesa y cruzó sus brazos, su mirada fija en la taza que tenía frente a él—. Ahora mismo podríamos responder a preguntas simples como dulce o salado, té o café, y nuestras respuestas serían siempre diferentes —era casi gracioso saber que eran como el agua y el aceite, pero que en algún momento de la vida habían logrado funcionar como una pareja bastante saludable. Se complementaban, le gustaba pensar que era así—. A la cuenta de tres responderemos una simple pregunta: ¿Helado de chocolate? —enarcó ambas cejas, invitando a la muchacha a seguirle el juego—. Uno, dos, tres… No, demasiado empalagoso —y estaba seguro que la contraria diría que sí, siempre había sido ese tipo de personas que le gustaban las cosas dulces en exceso. En algún momento aquello le había parecido tierno, o quizás seguía pareciéndole, no lo sabía—. ¡Eh! —le llamó la atención, por fin levantando la mirada hacia ella y sin poder evitar sonreír—. Sí lo leí… Por partes… No del todo, pero sé de lo que se trata —había conocido a Lilith gracias a ese libro y desde aquel momento se había prometido que nunca leería la novela completa, disfrutaba demasiado de verle emocionarse al hablar de éste—. Vi la película, ¿cuenta? —tono divertido acompañaba sus palabras, pues sabía que esa simple frase le haría enojar. De encontrarse otro escenario, estaba seguro que Lilith le hubiese tirado algo… ¿Tendría que haber alejado las servilletas antes de soltar esa pequeña broma?
algo se revolvía dentro suyo cada vez que el mayor mencionaba que no tenían nada en común. ¿si no tenían nada en común cómo se habían soportado tanto tiempo? aunque ya no tenía motivos para pensar en eso. tal vez tenía razón. tal vez habían durado tanto tiempo por algún milagro de un ser divino. la diferencia de edad era bastante y sus personalidades eran completamente distintas. definitivamente santiago tenía razón. pensar en eso ahora, era una estupidez. ‘¿cómo puedes decirle que no al helado de chocolate?’ finge indignarse (aunque sólo en un ochenta por ciento) pero su sonrisa permanece. ‘no importa que luego me llene de acné, lo vale completamente. daría mi vida por él’ incontables veces había tenido que terminar su orden por él, pues no tenía tope cuando se trataba de lo dulce. su hígado le pasaba factura a diario pero nada que un té digestivo no pudiera curar. niega varias veces ante lo que cree una atrocidad. ‘vi la película... y seguro fue la de leo dicaprio, ¿no?’ scott fitzgerald prácticamente era su héroe y no podía creer que en todo ese tiempo no había logrado que su ex leyera al menos una de sus obras completa. ‘no entiendo cómo te soporté durante dos años sin haberte hecho leer el gran gatsby a la fuerza’ bromea. ‘bueno, dejemos de lado que eres un inculto y sigamos con nuestras tantas diferencias. ‘¿invierno o verano?’