Rodó los ojos al escuchar las palabras de su hermana, tan ingenua como siempre la pobre Felicité era la más inocente de la familia. —Hoy no vamos a la escuela—, comentó mientras cerraba los seguros del auto y acelerando de tal forma que su hermana no pudiera salir. —Nos vamos de compras— concretó.
—¿Qué? —exclamó, transformando su expresión por completo a una mezcla de horror y enojo—. No. No puedo ir de compras, tengo Biología. ¡Y Literatura! Por lo que más quieras, Louise, llévame a la escuela —imploró, realmente preocupada por su futuro académico—. Iremos cualquier otro día, lo prometo.















