Estaba planteándose que quizá era un tema delicado, pero la verdad es que no veía el problema, al contrario, si él tuviese las capacidades correctas para relacionarse íntimamente con las personas, sería un trabajo que hasta podría considerar. Claro que no se sorprendería que la noticia llegase hasta la cabeza de su familia, y entonces su vida hubiera terminado antes de lo estipulado por el destino. “Si te hace sentir mejor, yo no te he visto. Y si te hace sentir más cómoda— prometo, uh, no buscar nada,” aunque la convicción en sus palabras era paupérrima, podía dar fe de ello, a no ser que la castaña le otorgarse su permiso cuando estimara necesario. Asintió cuando empezó el discurso, estaba lejos de juzgarla por algo como eso. “Ah, vale, pensé que te referías a que el porno que hacías iba más allá en sentido— de categoría, ya entiendes, personas que se dedican como tal a hacer películas pornográficas, o solamente videos, o alguna serie porno…” pausó, sin embargo, creyó necesario aclarar eso; tampoco era su intención indagar tanto el vida de su ahora acompañante. “Es entendible de todas formas, pero no creo que sea un trabajo malo. Sería hipócrita por parte de todos decir eso, todo el mundo disfruta del porno, si empezaran a juzgar a los actores… básicamente se quedarían sin porno,” explicó, para el francés era peor ser político que cualquier otra cosa, pues a pesar de que como persona solía mentir a menudo, la corrupción y el engaño masivo era una historia diferente. “Uh, a los diecinueve si es una edad peligrosa, ¿Qué pasaba si algún pedófilo te reconocía y decidía secuestrarte? No es como si ahora no pudiera pasar, pero ya eres mayor de edad,” encogió sus hombros, percatándose de que en ese momento los platos fueron servidos, mas aún no empezaría a degustar la comida. “Mi consejo es que si a pesar de las críticas de las personas o lo que sea, no te sientes cómoda con lo que haces, puedes buscar otra cosa. De lo contrario, disfrútalo.”
Las palabras bien intencionadas del contrario sólo lograron que se sintiera más a gusto hablando de su trabajo, que si bien no era algo de lo que estaba acostumbrada a platicar en voz alta tenía un buen presentimiento acerca del francés -- No se sentía juzgada en lo más mínimo, la curiosidad era una plagada de inocencia (cuán inocente se le podía llamar a alguien preguntando acerca de la pornografía), y esa fue la principal razón por la que le dedicó una sonrisa para que no se sintiera avergonzado de cuestionarla. “Me da igual si me buscas o no.” Confesó sincera. Si ya la había visto la mitad de la universidad, ¿qué era uno más o uno menos? Al fin y al cabo, estaba en el ojo público y no podía negarle a alguien los placeres del porno sólo porque podrían encontrarse con su rostro en algún anuncio. “No tengo un tipo de escenas que haga más que otro... Tal vez me veas más en la sección de lesbianas pero es porque mi contrato está firmado con una compañía que se encarga de hacer únicamente sáfico, pero igual me han contratado para hacer boy/girl o girl/boy/girl... No me cierro a posibilidades... Mientras más haces, es obvio que más dinero ganas.” Se encogió de hombros, ahora hablando sin inhibición alguna. “La edad permitida para empezar a trabajar es a los dieciocho, no comencé de forma ilegal ni nada parecido.” Ni siquiera había considerado unirse a al industria a esa edad. El anuncio en internet había llegado a ella como caído del cielo para ayudarla a salir de su miseria y afortunadamente ya estaba en edad para comenzar a filmar cuando mandó sus fotografías a la gente que estaba interesada en contratarle. “No muchos lo saben. Digo, en la escuela. Cuando te dije que no soy alguien muy sociable, iba en serio. No tengo muchos amigos y si alguno de los alumnos me ha reconocido se lo ha callado. He tenido malas experiencias con gente en el pasado, pero la mayoría del tiempo no tengo problemas. Gracias,” dijo mirándole a los ojos con el mayor afecto que podían mostrar sus pupilas. “Por no juzgarme.”