Empezaste como una ráfaga fresca, un cambio de rutina. Poco a poco, descubrí en tú presencia más que una cambio de aires, más que una brisa que desaparecerá sin dejar rastro. Te volviste un torbellino y, aunque sabía que dejarías un desastre en mi mundo a tu paso, quería entenderte y fluir contigo.












