Yo no compito con otras mujeres, yo las abrazo. Porque sé que cuando una brilla, ilumina el camino para todas las demás.
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Yo no compito con otras mujeres, yo las abrazo. Porque sé que cuando una brilla, ilumina el camino para todas las demás.
¿Cómo no voy a compararme si crecí viendo cómo todos siempre elegían a otras personas antes que a mí?
Por favor, quédate. Aunque sea en silencio. Aunque no digas nada. Aunque ya no me mires igual. Solo quédate un poco más.
Querida yo,
Hoy me siento a escribirte, no para señalar qué te falta, no para recordarte los momentos oscuros que has cargado todos estos años en tu cabeza, si no para agradecerte y abrazarte por todo lo que has sido y sigues siendo.
Sé que hay días en los que sientes que tus defectos pesan más que tus virtudes, que tus errores se agrandan como sombras al caer la tarde. Pero quiero que sepas que en cada una de esas grietas vive una historia, una prueba de que has resistido lo que muchos no habrían soportado. Tus defectos no son más que parte de un mapa que cuenta quién eres: un ser humano en constante crecimiento.
No fue fácil llegar hasta aquí, lo sé. Arrastraste tristezas tan profundas que a veces parecía que nunca saldrías a la superficie. Luchaste con la soledad, con la desesperanza, con las noches que se sentían eternas. Pero lo hiciste. Aquí estás. De pie, tal vez con cicatrices, pero más fuerte que nunca.
Miro hacia atrás y no puedo evitar sentir orgullo por ti. Por cada lágrima que secaste sola. Por cada día en el que te levantaste cuando no querías. Por cada vez que elegiste seguir adelante aunque todo dentro de ti gritara que te detuvieras. No fue fácil, pero nunca te rendiste.
Hoy quiero que te des permiso para aceptar que no necesitas ser perfecta. Que mereces amor y respeto tal como eres, incluso con esos pedazos rotos que llevas contigo. Que no importa cuantas veces caigas, siempre encontrarás la forma de levantarte.
Te celebro no solo por lo que has logrado, sino por lo que eres: fuerza y vulnerabilidad. Por todas esas veces que decidiste amarte un poco más, incluso cuando era lo más difícil de hacer.
Así que, querida yo, sigamos avanzando.
Sigamos soñando, aunque los sueños parezcan lejanos e imposibles; sigamos creyendo en nuestra capacidad de crecer, de sanar, de encontrar belleza incluso en los días más grises; sigamos abrazando lo que somos, porque eso ya es suficiente.
Me gusta pensar que en algún rincón del mundo hay alguien viviendo un momento que recordará para siempre. Alguien enamorándose, alguien viendo el mar por primera vez, alguien sintiendo que, por un instante, todo está bien.
Hay días en los que juro que ya no me importas, que todo lo que dolía quedó en el pasado, pero luego escucho tu nombre en la voz de alguien más y el estómago se me revuelve.
Atrapa una estrella fugaz y guárdala en tu bolsillo, no dejes que se desvanezca. Consérvala para esos días grises, cuando el amor parezca distante y el cielo esté vacío.
Quizás, en una noche sin estrellas, el amor llegue y te toque el hombro. Y cuando sientas que quieres abrazarlo, encontrarás en tu bolsillo un destello de luz estelar.
— Perry Como, "Catch A Falling Star" (1957).
Hay días en los que siento que ya no reconozco a la persona que veo en el espejo. No sé qué pasó con la versión de mí que alguna vez tuvo sueños, que alguna vez se sintió llena de vida. Ahora todo lo que queda es un reflejo vacío de alguien que se ha perdido en su propia tristeza.
Ser mujer es aprender a vivir con el miedo escondido en los bolsillos. Es caminar por la calle con los latidos acelerados cada vez que alguien se acerca demasiado. Es fingir que no escuchaste ese comentario incómodo porque responder podría ser peligroso. Es disculparte por rechazar una invitación que no te hizo sentir segura.
Ser mujer es aprender a moverte con cuidado en un mundo que parece no saber protegerte. Pero también es encontrar refugio en otras mujeres, en esas que te toman del brazo cuando notas que alguien te sigue, en esas que te preguntan “¿todo bien?” cuando ven tu incomodidad, en esas que te acompañan hasta la puerta de tu casa para asegurarse de que llegaste bien. Porque en un mundo que tantas veces ha intentado hacernos sentir pequeñas, hemos aprendido a cuidarnos unas a otras.
Ser mujer también es llevar en el corazón los nombres de aquellas que ya no están. A las que se fueron demasiado pronto, a las que no pudieron regresar a casa, a las que lucharon por un mundo mejor y les arrebataron la oportunidad de verlo. Cada una de ellas dejó huellas que hoy seguimos, cicatrices que llevamos en el alma y que nos recuerdan que no podemos rendirnos.
Por cada historia que quedó inconclusa, por cada sueño que no se cumplió, por cada vida que fue silenciada… seguimos luchando. Porque cuando decimos 'ni una menos', estamos gritando por todas ellas. Y mientras sigamos recordándolas, su luz nunca se apagará.
Por ellas seguimos de pie. Por ellas no bajaremos la cabeza. Por ellas hoy gritamos más fuerte que nunca.
Siempre me pareció curioso lo fácil que era para ti contarme todo, desahogarte, esperar comprensión. Pero el día que finalmente decidí hacer lo mismo, que intenté hablar de mí como tú lo hacías de ti, noté la incomodidad en el aire.
Tus respuestas fueron secas, sin interés. No preguntaste más, no seguiste la conversación, cambiaste el tema y lo volviste a hacer sobre ti. Fue ahí cuando entendí que nunca se trató de compartir, solo de recibir.
Y que decepción darme cuenta tan tarde, pero al menos ya aprendí que si no me dan la misma energía, yo tampoco tengo que seguir dándola.
He moldeado partes de mí para encajar en tus expectativas, dejando pedazos de mi alma en el proceso. Pero ahora me pregunto, ¿quién soy realmente si solo vivo para que me mires con aprobación?
Eras ese lugar al que quería correr cuando todo dolía, pero ahora entiendo que no puedo refugiarme en alguien que también estaba huyendo. Y aunque duela, acepto que no éramos el final feliz que imaginé.
Déjame enseñarte que no todo el amor trae dolor.
Prometen cambiar, prometen ser mejores, pero esas promesas nunca son para ti, son para mantenerte allí.
Estos días decidí priorizar mi paz mental por encima de todo. Dejé de intentar estar presente en todas partes y me permití enfocarme en lo que realmente necesitaba: tiempo para mí. Me di cuenta de que es fácil perderse en el ruido diario, pero también es posible encontrar pequeños momentos de claridad si te das la oportunidad de pausar y respirar.
Sé como una flor. Aprende a florecer incluso cuando no te vean, a extender tus raíces en busca de sustento, y a ofrecer lo mejor de ti al mundo sin esperar nada a cambio.
Sé que es difícil creerlo, pero lo que sientes ahora no define quién eres. No eres tus errores, no eres tu tristeza, no eres las palabras hirientes que te dijeron. Eres mucho más que eso. Y aunque hoy sientas que te estás ahogando, quiero recordarte que siempre hay alguien dispuesto a tenderte una mano, incluso si no sabes cómo pedir ayuda.