La luna y el sol.
Hace millones de años. Cuando la tierra no existía, el sol y la luna se juntaron y se apasionaron tanto que se enamoraron perdidamente el uno del otro. Cuando Dios creó al mundo, este necesitaba luz porque no tenía propia. Decidió que el sol la iluminara de día y la luna de noche, y fueron obligados a vivir separados. Los invadió un gran desconsuelo cuando se dieron cuenta que no iban a volver a unirse jamás, pues uno sería el opuesto del otro. La luna se llenó de tanta tristeza que se opacó, así que el sol le dio el reflejo de su luz para iluminar la tierra. La luna también encantaba a los enamorados, iluminaba la noche e iba a ser la protagonista de muchas poesías. Sin embargo el sol iba a dar calor e iluminar potentemente. La luna es como la mujer, cambiante; tiene facetas. Y controla las mareas, los hombres han intentado ir a ella pero regresan solos y no pueden conquistarla. El sol sería fuerte e imponente, pero siempre extrañaría a su amor. Era imposible que volvieran a unirse, porque eso sería anti natural. Pero… Dios decidió que en la vida, ningún amor sería imposible; ni siquiera para los astros, menos para las personas. El amor puede lograr cualquier cosa… Se dice que Dios les dio una oportunidad de encontrarse y amarse, una posibilidad de verse. En el que el sol y la luna se reclinaran el uno con el otro y se amaran por unos minutos, unos pocos minutos… donde no es recomendable verlo porque puedes quedar ciego ante su derroche de amor; el que sólo se da dos veces al año. La luna y el sol pasan todo el año esperando ese momento para unirse y amarse, mostrarse cuánto se han extrañado y necesitado, el eclipse.










