El ambiente cambia, pero no de la manera que Jisun espera. Se siente confundido por un momento debido a la interrogante del japonés; cree saber a qué llevará eso, pero no está seguro. Probablemente sea el alcohol quien lo confunde o quizá la situación, buscará al culpable más tarde, por ahora solo le importa encontrar una respuesta apropiada a la pregunta de Satō, pero no sabe qué hacer, prefiere evitarlo. Se detiene a pensar, se aleja incluso de Satō para eso, del cual no se había percatado mantenía una corta distancia.
Jisun en numerosas ocasiones había pasado por situaciones así, aunque claro, dichosas ocasiones formaban parte de su juego donde otros jalaban y jalaban de él para atraparlo, pero éste siempre, de forma inteligente, se soltaba y huía. Ese juego malicioso propio de él era en el cual jamás, jamás, planeaba involucrar a Satō. Pero ahí estaba, algo ebrio, algo confundido, intentado articular respuesta alguna, reviviendo tales situaciones en un contexto diferente.
—Eso depende de lo que digas —responde a secas. Lleva su diestra hasta su cuello con intención de masajearlo. No está a gusto, ya no. Siente exigencia en las palabras de Satō y eso no le gusta. No responderá como normalmente lo hace con los denominados otros, pero tampoco será claro con él, quiere eludirlo a cualquier costo. Suspira, solo tiene dieciocho, algo de alcohol en su cuerpo y ganas de divertirse con quien es su persona más querida en el mundo, no arruinará su temple de esa forma—, eso respondería en circunstancias normales. Tú no mereces ese tipo de respuestas.
Le dedica una sonrisa, se vuelve a acercar a él.
—De todas formas, no entiendo por qué quieres saber eso —continúa, realmente sí lo sabe—, pero no nos hagamos esto, Satō, solo no. Es de noche ¡Estamos ebrios! Sigamos divirtiéndonos como hasta ahora, estábamos bien… no preguntes esas cosas, por favor.
Termina de decir con cierta pisca de lástima en sus palabras, esperando así poner fin a la conversación. Tanto la noche, como su relación estaban bien hasta ese punto. No permitiría que por un poco alcohol en ellos se arrepintieran a la mañana siguiente. Por supuesto, sabe que en algún momento deberán aclarar las cosas entre ellos, pero no quiere que sea en ese momento, no están lucidos, no sería correcto… Era eso o que, en lo más profundo de sí, Jisun no quiere dejar la vida que lleva y por eso lo evita. Está cómodo así y teme enormemente al cambio que Satō le ofrece.
¿Qué pasa si digo que te quiero, pero no como amigos? Piensa, algo fascinado por su idea (por lo valiente que el japonés es muy en el fondo).
No se siente agobiado como en otras ocasiones.
En un lugar tan atestado como un pub, donde más personas residen, existen, tiende a sentirse ahogado. Más de una vez declinó invitaciones, y agradecía que sus amigos comprendiesen el mensaje: a Satō no le agradan los pubs, las discos, lo que sea; decía Andy, como si quisiera rescatarlo (es curioso cómo él, un sujeto que dice “no” siempre que puede a su padre se negara a decir que no cuando le invitasen, se le complicaba un montón) cada vez que un extraño, alguien que no conocía sus detalles tenía la iniciativa.
Hoy, porque no se sintió capaz y Andy no estaba ahí para salvarlo, dijo que sí con ese rostro contento pero algo deformado.
Hoy, porque era Jisun y llevaba días sin tenerlo cerca, dijo que sí. Aceptó muchas cosas hoy.
—Bueno —dice—. Será para otro día, supongo.
Tal vez hoy no es el día, pero la noche es preciosa.