Juan no soñaba.
Juan había caminado muchos kilómetros sólo. Ya era de noche y hacía demasiado frío como para seguir estando afuera. Encontró un lugar que parecía muy cómodo para descansar, pero los pensamientos en la noche lo bombardeaban demasiado como para poder hacerlo.
Era claro que tenía que seguir despierto. No podía soñar. La realidad era demasiado cruda y el frío de esa noche le entraba hasta por los poros. Por cada parte del cuerpo. Los pensamientos lo seguían bombardeando. Tenía que estar despierto. No podía perderse nada.
Algo importante iba a pasar. En realidad el viaje apenas había comenzado, así que no podía perderse nada de lo que sucediera. Porque todo era importante y valía. No iba a poder descubrir dónde llegar si se perdía de algo. Ningún ruido de afuera; Con los ojos abiertos continuaba los días y las noches sin descansar. Soñaba en algún momento poder encontrar un lugar donde sí pudiera estar sin tener que estar andando todo el tiempo. No iba a perderse de nada, era simplemente poder estar en un sitio. Saber que había encontrado reposo y satisfacción plena en todo eso que escuchaba hacía y andaba, pero la realidad lo golpeaba. Alteraba.. No podía cerrar los ojos. Se iba a perder de algo importante.
A veces me pregunto si Juan en realidad, antes de que muriera por no poder descasar, me pregunto, si Juan, alguna vez soñaba.





















