Sabía que tenía que irme, lo sabía desde hace tanto tiempo y siempre lo posponía porque no era lo suficiente fuerte para hacerlo, no era tan fuerte como para dejar una parte tan grande de mí.
Cuando por fin lo hice realmente me rompí, caí en pedazos y nunca escuchaste como me rompía con cada paso que diste encima de mí, de mi dolor y agonía. ¿Acaso no se escuchó? Te juro que temblé.
Quise creerte, busqué una pizca de amor en tus ojos mientras jurabas amarme, pero lo único que ví fue desesperación al no tenerme como siempre me tuviste. Tan sola, tan frágil, tan moldeable... tan tuya.
Te aterraba la idea de no tener el amor que te daba, no el no tenerme. Te aterraba la idea de dejar de jugar a ser Dios. Te aterraba todo pero menos lastimarme.
Ángel caído, tan bello y traicionero. ¿Cómo no querer quedarme, si con cada mentira me hacías sentir en el paraíso, tu paraíso?













