Las palabras, Spinoza
«Las palabras forman parte de la imaginación en el sentido que concebimos un gran número de ficciones según se combinan en la memoria, en virtud de alguna disposición del cuerpo; es indudable, por consiguiente, que las palabras como la imaginación, pueden ser también causa de muchos y grandes errores, a menos que nos cuidemos mucho de ellas».
Spinoza fue muy claro al establecer una distinción al momento de pensar pues si lo que se busca es esto último lo primero que se debe hacer es distinguir la palabra de la idea y la idea de la imagen:
«Advierto a los lectores que distingan cuidadosamente entre la idea, o sea un concepto del alma, y las imágenes de las cosas que imaginamos. Además es necesario que distingan entre las ideas y las palabras con las que significamos las cosas. En efecto, muchos hombres o bien confunden enteramente estas tres cosas: imágenes, palabras e ideas o bien no las distinguen con suficiente atención, o bien no aportan a esta distinción suficiente prudencia».
Las palabras, las imágenes y las ideas pertenecen a órdenes distintos, a saber: 1. Las palabras y las imágenes se encuentran en el orden de lo que le acontece al cuerpo. 2. Las ideas hacen parte del orden del pensamiento, la actividad de pensar.
Las palabras e imágenes se encuentran en el orden del cuerpo porque (y recordamos qué es un cuerpo: aquello que afecta y es afectado) el origen de estas se encuentra en lo sensible, en lo empírico. Así Spinoza refiere que nuestro punto de vista es primariamente corporal pues en un primer momento sentimos e imaginamos con el cuerpo:
«La esencia de las palabras y de las imágenes está constituida por los solos movimientos corpóreos que no implican en absoluto el concepto de pensamiento». Y continúa afirmando que las palabras expresan las cosas desde la imaginación: «Las palabras son los signos de las cosas tal y como están en la imaginación y no tal y como están en el pensamiento».
Spinoza afirma que todo lo que no podemos representar a través de un objeto concreto o una figura sensible lo nombramos de manera negativa, es decir, expresamos una idea negativamente porque en un primer momento nos valemos de nuestra percepción sensible. Negamos lo que conocemos de manera empírica por comodidad pues nos resulta más sencillo esto que crear un nuevo concepto que no interpele con la realidad sensible: decimos infinito negando lo finito, decimos incorpóreo, negando lo corporal, etc. Esta imposibilidad de crear un concepto nuevo que haga referencia a la cosa en sí en vez del simple uso de una palabra de manera negativa (in)finito) es lo que hace que Spinoza desconfíe de las palabras para conocer la naturaleza de las cosas. Las palabras serían un obstáculo para conocer la cosa-en-sí.
Spinoza desconfía demasiado de las palabras para entender la naturaleza de las cosas. Las palabras no traducen conocimiento sino (al tener un origen en el cuerpo, es decir, tener una naturaleza corporal) simplemente nos traducen cómo las cosas nos afectan.
La distancia y desconfianza que Spinoza toma del lenguaje lo hace a partir de dos razones:
1. El uso incorrecto que los seres humanos hacen del lenguaje. El uso incorrecto del lenguaje genera como consecuencia que los hombres conozcan mal las cosas que el lenguaje designa.
2. El hecho de que se le da realidad a cualquier cosa que el lenguaje designa, es decir, solo basta que exista una palabra para que las personas crean que necesariamente existe una cosa que es designada con ella. Lo “verdadero” entonces no es más, dentro de este error, que una ficción, un fonema que aceptamos como cierto por el hecho de ser admitido como palabra por todas las personas.












