La diablada de Píllaro
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La diablada de Píllaro
Cafetería El Farol, Quito Ecuador.
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Bellevue Syrene
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Palo santo
Urbex
Ho fatto una foto.
E poi ,e poi ..attimi ,sensazioni…
Vigil
Milky Way Fence
Sin decir nada
Abrió su boca y no era ella, era otra, distinta y distante, no era su voz ni sus manos, un cuerpo sin piel, era otra.
Distante, diferente.
El muro
Y todos los días vuelvo al muro aquél. Para contarle mis desventuras, para decirle cuántos atardeceres vi. Para contarle cuánto me engaño e intento engañar a los demás. Voy porque a pesar de tanta amargura que le llevo, siempre parece estar frío, un cuerpo casi inerte que no parece tener más utilidad que separar vías. A veces creo que me mira, pero no emite juicios y si lo hace, no me lo dice. Aún así, el día que vi que el muro tenía un agujero, supe que el maldito muro puede sentir. Tal vez es su soledad, tiene una lámpara que parece tener voluntad y no iluminar algunas noches y una planta que crece junto a él. Aquella planta, parece querer tapar el agujero. A veces, el muro parece tener muchas voces, se queja, se ríe, se enfada y un día, lo escuché llorar, entonces, fuí su muro. El muro y yo somos bastante iguales, no es preciso saludarnos porque nos vemos y sabemos qué pasa con el otro. Entonces podemos ser soporte de nosotros mismos a la vez. No hay necesidad de ir siempre, porque sabemos que nos volveremos a ver. Yo voy y él está. A veces, parece que la tierra se mueve distancias enormes, solo para ponerme delante de él. Aquél día fuí hasta el muro para conversarle mis nuevas desventuras. Y entre tanta melancolía, me sentí peor al pensar “¿qué pasará cuando no estés?” No se si él se pregunta lo mismo. No se si el tiempo derrumbe primero al otro. No se si cuando caiga el muro, me dolerá más a mi que a él.