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El Espejo del ADN: Por qué tus Hijos son el Eco de tus Ancestros
La genética no es solo esa materia de secundaria que pasamos de panzazo; es el archivo mås fiel y chismoso de quiénes fuimos, quiénes somos y, curiosamente, de cómo nuestros ancestros siguen dando lata en la sala de nuestra casa. Ver a un hijo repetir un gesto de un abuelo que ni conoció no es coincidencia, es el lenguaje invisible de la herencia genética. Porque aquà y en China, la sangre no es agua, y el ADN se encarga de recordårnoslo cada que vemos una cara conocida en un cuerpo nuevo.
A veces me quedo viendo a mis hijos y, la neta, es escalofriante. No solo es el color de ojos o la forma de la nariz âque ya de por sĂ es un volado biolĂłgicoâ sino esas mañas, esa forma de fruncir el ceño cuando se enojan o la risa escandalosa que jurarĂa que le robaron a mi padre. Uno cree que al nacer somos una "tabula rasa", un lienzo en blanco listo para ser pintado por la crianza, pero la realidad es que el genoma humano viene con el disco duro bastante cargado y con archivos que ni sabĂamos que existĂan.
ÂżCĂłmo es posible que una secuencia de molĂ©culas decida que mi hijo va a tener el mismo sentido del humor ĂĄcido que yo? La ciencia nos dice que somos el resultado de una loterĂa de millones de letras genĂ©ticas, pero yo me pongo mĂĄs reflexivo: hay una narrativa familiar que se niega a borrarse. Es una resistencia biolĂłgica al olvido.
đ§Ź El CĂłdigo de Barras de la Identidad
La base de todo este "te pareces a tu tĂo el raro" estĂĄ en el genoma humano. Cada cĂ©lula de nuestro cuerpo guarda una copia del manual de instrucciones que recibimos de nuestros padres. Pero aquĂ es donde la cosa se pone interesante y nos obliga a echarle coco: no solo heredamos el tipo de sangre o la calvicie prematura. Existe una rama fascinante llamada epigenĂ©tica, que sugiere que incluso las experiencias de nuestros antepasados âsus traumas, sus miedos, hasta sus hĂĄbitos alimenticiosâ pueden dejar "marcas" en los genes.
"No somos solo un cĂłdigo de barras; somos el eco de las batallas y alegrĂas de quienes pisaron este suelo antes que nosotros."
Me pregunto a veces si ese miedo irracional que le tengo a las alturas o mi obsesiĂłn por el orden no serĂĄ chamba de algĂșn tatarabuelo que dejĂł esa instrucciĂłn grabada en el cĂłdigo para que yo sobreviviera. Es como si el ADN fuera un sistema de mensajerĂa instantĂĄnea que tarda dĂ©cadas en llegar, pero que aterriza con una claridad brutal. Entender esto es aceptar que, efectivamente, la sangre no es agua y que cargamos con un equipaje que no empacamos nosotros.
đ ÂżAzar o Destino BiolĂłgico?
Mucha gente se pregunta por qué un hijo sale "igualito" y el otro parece que lo trajeron los marcianos. La respuesta corta es la recombinación genética. En ese baile de cromosomas, las cartas se barajan de nuevo y sale una mano distinta. Pero ojo, no nos hagamos: la herencia no solo es lo que traes en la sangre, sino lo que respiras en la mesa mientras cenas unos tacos.
AquĂ es donde entra el debate fuerte. ÂżSomos esclavos de nuestros genes y ADN? ÂĄPara nada! Yo sostengo que los genes nos dan el guion, pero nosotros somos los directores de la pelĂcula. La identidad biolĂłgica es el punto de partida, no la meta. Sin embargo, no deja de ser fascinante que la historia familiar no se escriba solo en libros de texto o anĂ©cdotas de sobremesa, sino en la misma estructura de nuestra existencia. Es un vĂnculo que nos une al pasado de una forma que ni el mejor ĂĄrbol genealĂłgico podrĂa explicar.
Aceptar que nuestros hijos heredan nuestras luces y nuestras sombras es, quizĂĄs, el primer paso para ser mĂĄs conscientes de la huella que queremos dejar. No solo les dejamos una cuenta de banco o una casa; les estamos editando el cĂłdigo de su futuro. Porque al final del dĂa, en cada gesto y en cada decisiĂłn, recordamos que la sangre no es agua y que somos el resultado de un amor (o un azar) que empezĂł hace siglos.
Al observar a tu familia hoy, ÂżcuĂĄl es ese rasgo que te hizo detenerte y reconocer a un ancestro en el presente? Mirar a los hijos es mirar a la eternidad en un formato miniatura. La vida es un rompecabezas de genes, ADN y memorias que nunca deja de sorprendernos en Mosaiko Digital.
CIENCIA & TECH
Source: El Espejo del ADN: Por qué tus Hijos son el Eco de tus Ancestros
La noche que el infierno celebra la primavera: Walpurgis, la fiesta olvidada
Por DarĂo Merino
La otra ocasiĂłn estaba leyendo la novela de Fausto, un excĂ©ntrico anciano que habĂa dedicado su vida a conocer el arte la ciencia y la literatura, asĂ como toda lo concerniente a lo humano, pero al dedicar su vida a todo ello, se olvidĂł de vivir, por lo que invoca fuerzas oscuras que le muestran una segunda oportunidad: la posibilidad de rejuvenecer a cambio de su alma.
El tipo acepta y hace un pacto con el mismo Mefistofeles, este le cobra lo respectivo en la noche de Walpurgis. Lo mismo sucede con Dracula de Batman Stoker, en el relato  el protagonista es advertido de no ir al castillo del Conde en plena noche de Walpurgis.
DespuĂ©s vi tardiamente la pelĂcula de Robert Eggers, The Witch, y me di cuenta de que esa atmĂłsfera de bosques, deseo y condena tenĂa algo que ya habĂa leĂdo en los relatos de la noche de Walpurgis.
QuizĂĄ te estĂ©s preguntando ÂżquĂ© es eso de Walpurgis? AquĂ en HispanoamĂ©rica, casi nadie habla de ella; la mayorĂa  sabemos del Halloween, las redes sociales arden Ășltimamente porque hay muchas publicaciones que dicen: "soy cristiano, no celebro Halloween" pero lo que no saben muchos que atacan y muchos que defienden al Halloween es que la verdadera noche de las brujas no es el 31 de octubre. Es el 30 de abril. CĂłmo leĂste, el 30 de abril.
El otro Halloween europeo
La Noche de Walpurgis, o Walpurgisnacht, naciĂł cientos de años antes del cristianismo, en el norte de Europa, y esa noche determinaba el fin del invierno y la llegada de la primavera. Los pueblos germanos encendĂan hogueras en las colinas para espantar los malos espĂritus, mientras bailaban y bebĂan cerveza en cantidades obscenas.
El paso del tiempo y la imaginaciĂłn cristiana medieval señalaron con vehemencia que en el monte Brocken de Alemania se veĂan brujas bailando, demonios saltando, y gritos escalofriantes; y lo que fue una fiesta de bienvenida a la fertilidad y el fin del crudo invierno fue punto de intolerancia religiosa. Se tenĂa que hacer algo, y, bueno lo que siempre hace la religiĂłn organizada en este tipo de cosas, lo sustituyĂł por una Santa: Santa Walburga, monja inglesa canonizada el 1 de mayo. El pueblo aceptĂł a la Santa, y la celebraron en el mismo monte, con los mismos cantos y aprovechando que la iglesia lo habĂa permitido, se  disfrazaron y celebraron con elementos y criaturas de la oscuridad. Y con todo y la Santa Walburga, la conciencia colectiva y popular regresĂł a la connotaciĂłn oscura, una noche maldita, y espejo oscuro de Halloween.
La noche de las brujas
AsĂ, los relatos antiguos señalaron que, durante esa noche, las brujas se reunĂan con el diablo en un gran aquelarre, la gente decĂa que veĂan volar en escobas a las brujas, que se convertĂan en animales y, para aumentar el morbo y la expectaciĂłn, que danzaban desnudas, pronunciaban conjuros y sellaban pactos. El texto medieval, conocido como Martillo de las brujas, es decir el Malleus Maleficarum, que justificĂł la caza de brujas en la Europa medieval, describĂa escenas que encajan perfectamente con la tradiciĂłn de Walpurgis. Por lo que desde parteras hasta curanderas de pueblos medievales, todas fueron acusadas de ser partĂcipes de Walpurgis, en consecuencia: torturadas, quemadas, enjuiciadas.
Lo irĂłnico del asunto
Y aquĂ viene lo curioso. No sĂ© si es mi algoritmo contaminado en redes sociales (ja) o de plano es trend pero he notado una cantidad impresionante de post en redes sociales con el lema: "No al Halloween, sĂ a Cristo", o "Yo no celebro Halloween porque es la fiesta del diablo". Y no saben, ni se imaginan, que Walpurgis es una festividad que no se hace en otoño, sino en primavera, y que antiguamente en Europa nĂłrdica fue vinculada mĂĄs a una "noche de brujas" que el mismo Halloween cuyo significado es muy seguramente"Todos santos" y no noche de brujas, porque por lo menos en los paĂses bajos, la "noche de brujas" es Walpurgis.
En Alemania y Escandinavia es celebrada con hogueras, måscaras y cantos. El fuego de las hogueras representa la purificación posterior al crudo invierno vivido meses antes. No obstante, la inmigración inglesa e irlandesa en Estados Unidos, mås la popularización de Halloween, mås la literatura, mås Hollywood muy recientemente, y como cereza del pastel la globalización de los años ochenta y noventa, nos heredaron en la América Hispana, la idea de que Halloween es la "noche de brujas" , "la noche del demonio", y etc. Sepultando con ello, la antigua tradición de Walpurgis. Por lo que la olvidamos. Y nos quedamos con la versión exportada de Hollywood.
Un eco en el cine y la literatura
Desde las maravillosas plumas de Goethe hasta Bram Stoker, Walpurgis ha sido el backroom de tentaciones, cadenas, pactos y aquelarres. En Fausto de Goethe, el viejo erudito rejuvenecido cae en la tentaciĂłn de los excesos y su alma es reclamada por Mefistofeles en Walpurgis. En DrĂĄcula de Bram Stoker, el joven Jonathan Hacker es instado por la poblaciĂłn de Transilvania a quĂ© no viaje al castillo del Conde en plena noche de Walpurgis. En la pelĂcula Midsommar, de Ari Aster, el fuego y las flores vuelven a mezclarse en una versiĂłn psicodĂ©lica del antiguo ritual. Y en The Witch, de Robert Eggers, la libertad de Thomasin al final y su elevaciĂłn sobre el piso nos recuerda los relatos medievales de lo que segĂșn esto, ocurrĂa en la noche de Walpurgis.
Una noche para recordar
Al ir escuchando y leyendo mĂĄs sobre la noche de Walpurgis, se creĂł en mi una fascinaciĂłn por conocer mĂĄs sobre este tema, olvidado y, sepultado, repito, por la cultura pop norteamericana que, para variar, se apropiĂł de Halloween y lo mezclĂł indiscriminadamente con la tradiciĂłn nĂłrdica y la diluyĂł con la antigua celebraciĂłn celta de Samhain, y a ambas el fundamentalismo religioso protestante las metiĂł en el mismo tazĂłn y concluyĂł en satanizarlas. En esta llamada Spooky Season o temporada de sustos, mientras todos hablan del Halloween, para bien o para mal, recuerda que hubo una noche, igual de antigua, e incluso mĂĄs alegre que el mismo Samhain donde el fuego ardĂa mucho antes de que llegaran las calabazas y fue la Noche de Walpurgis. Si este y otros temas te interesan, te invito a quĂ© adquieras mis manuales de Conciencia histĂłrica para Bachillerato e Historia de MĂ©xico 2 para segundo grado de secundaria que estĂĄn en el link de abajo, y que me sigas en mis redes sociales, me encuentras como DarĂo Merino podcast. Cambio y fuera. https://darayabahu.hotmart.host/pagina-de-ventas-6ee12355-8d83-4271-89eb-59b1e61872d7
Source: La noche que el infierno celebra la primavera: Walpurgis, la fiesta olvidada
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Bill Murray, âGhostbustersâ (Ivan Reitman, 1984).
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