La noche arde afuera, la luna comienza por inquietarse sobre las nubes. La pálida noche se amontona por completo entre las pupilas. Mas allá de los grandes ventanales adornados por aquellas cortinas gruesas, dejando entrar aquella luz de lámparas. Observo directamente la habitación allí sobre la cama veo a cristina, bellísima mujer. Sus piernas sobre las finas sabanas de seda, recorro con la mirada aquellas columnas del infierno, su pijama corta que me detiene del placer.
Disfruto cada centímetro que poso mis ojos por su cuerpo, me detengo sobre aquel escote dejando admirar sus pechos prominentes, sus labios carnosos que me invitan a besarla de nuevo. Disfruto de la tenue luz acariciando su rostro, sus ojos cerrados. Mis prendas caen aterrizando suave en el suelo, dejo mi desnudes caminar, sin detenerme caigo sobre el cuerpo de ella sediento de ella.
Me siento sobre la cama dejando un pequeño hueco allí por mi peso. Muerdo un poco mis labios, continúo mirando su cuerpo, su pijama corta escondiendo sus intimidades, enseñando solo una parte de cada detalle sensual de ella. Arrastró con mi pie aquella maleta que siempre llevo a mis cuestas, aquella que he coleccionado mis pecados más frescos. Mis dedos enredaron con aquellas correas, haciendo un tacto poderoso.
Tome ente mis manos aquella maleta, dejando ver el interior. Tome aquel pañuelo de seda gustoso entre mis dedos, jugando con su suavidad para mis manos. Allí aún lado pose aquella prenda. Rebusco un poco más dejo entre mis dedos aquel lápiz labial, sonrió. Me encanta los avances del erotismo, me fascinan los nuevos artilugios para el placer. No creo necesitar más. sí, necesito de nuevo escuchar sus gemidos.
Recurrí a mis tácticas, posé mis dedos por sus tobillos, recurriendo a su tibia piel. Despacio se movía, no em importaba, continúe la exploración muy lentamente, dejando mis manos por debajo de su pijama. Sentí el tacto poderoso de sus bragas, dejé mi mano libre para abrazarla, clave mis besos por su desnuda espalda.
—Dormir seria un crimen teniendo una obra de arte a mi lado.
Mis manos masajearon sus pechos sobre aquel pijama, el sabor de mis manos me entrega de nuevo un esto es magno. Aquellos gemidos dulces de ella son mágicos. Deslizar sobre aquella tela, sentir sus magnolias perfectas. Opte por devorar un poco su espalda, jugar con sus hombros. Deleitarme entre sus cabellos, admirando aquel aroma de coco de su piel. Llenando mis manos de placer. Ella atrapa mi rostro, ella quiere tener un poco más de mí. No dejo más palabras, solo tomo aquel pañuelo de seda atrapando sus muñecas, la tomo de su barbilla así decido descender aquel beso caliente.
Atrape un poco sus muñecas, bese con prudencia cada centímetro de su cuello. Reposaba contra mi pecho su espalda, dejando ataques de caricias sobre aquel lienzo fascinantes de su cuerpo.
—mírate frente al espejo, quiero que admires el arte que eres…
Dejo resbalar las tiras de aquel pijama, delicadamente sobre sus brazos, allí se posan aquellos frutos maravillosos, no puedo aguantar mis ganas de rozar sus aureolas claras, sus pezones me recuerdan las puntas de un delicado diamante. Jadea ante aquel delicado rosa, el reloj se convierte en mi dulce cómplice, marcando un conjunto impredecible de mis dedos juguetones. Reviso el reflejo, su rostro lleno de éxtasis, aquella dulce sonrisa dominada de sus frenos, sus lunares sobre aquellos labios incitantes del pecado.
Lento, tomo aquel vibrador entre mis dedos, juego sobre sus pechos, quejidos cargados de excitación, mi falo enriquecido por el tacto de su trasero. Registro sobre el espejo el juego de mis manos, aquellas travesuras desmesuradas que dejo sobre ella. Sera su sonrisa lasciva que me atrapa. Allí sobre su hombro izquierdo, queriendo ser su conciencia mala, ser el pecado encarnado nuevamente. Atrapo su cuello poco, dejo mi otra cómplice permitirme abrir sus piernas, admirar aquellas bragas bajo su pijama, dejar caer un poco el vibrador allí.
Atrapa mi mano entre sus postes divinos, acciono un poco entre besos, resbalo pinceladas sobre ella, adorna entre rítmicas respiraciones la habitación. Juego un poco con mi sexo sobre sus ropas, disfruto del poder sobre su piel. Permito que tenga por un instante mas sus muslos así abiertos, quiero admiras aquellos valles del deseo. Resbalo mis dedos debajo de su tanga, allí están sus labios a la espera del vibrador. Resbalo un poco hacia dentro, escapa un gutural gemido. Embisto despacio, ella siente, yo me éxito cada vez más.
Haciendo entre sus labios, lubricantes amorosos atrapantes para mí. Apretó con ganas sus pechos, disfruto de este instante entre el paraíso. Ameno un instante al cerrar mis ojos, pinatar entre mis memorias cada dulce gemido de ella. Poso entre su botón del pecado el vibrador por completo, libero sus pechos, caigo sobre su sexo así rematar entre mis manos, jugar un poco mas con ella… sus piernas tiemblan, mi sexo aun esta hambrienta, yo quiero continuar escuchando. Me permito devorar su boca, me permito soltar sus muñecas, me permito desnudarla por completo.
Nos vemos frente a frente, nariz a nariz. Me ofrece sus pechos como ofrendas posa su sexo sobre mi falo, se deja caer lentamente, muerdo sus pechos, atrapo su tarsero entre mis manos, ameno sus movimientos, al son que deja escapar aquello que me hace adicto de sus labios. Se clava a mi espalda, arqueo un poco, degusto cada milímetro de sus pechos suaves, aquellos en los que podría morir durmiendo. Su sexo ésta hirviendo, mi sexo palpita. Tomo control por su espina dorsal, recorro un camino imaginario con mis palmas.
Cada embestida, cada paso de mi lengua me equivale un par de arañazos, cada momento encerrado entre sus muslos es tocar con gracia el firmamento. Deja sus caderas al ritmo irreverente de mi placer, la búsqueda implacable de hacer vida, de hacer un poco de mí. Acelera sus movimientos, atrapo sus cabellos, quiero besarla, quiero tenerla entre mis brazos, el clímax es inminente, ella lo sabe, ella lo visualiza. Sus muslos chocan contra los míos, nuestros besos se tornan violentos, pasionales, gratificantes. Parece que quiere abrir mis carnes, yo creo que funcionar mi cuerpo con el de ella. El volcán explota, algo humedece por completo mis piernas, siento temblar su piel, siento desfallecer su cuerpo sobre.
Desliza sus labios por mi cuello, por mis pectorales, mínimas risas, besos entre clandestinos de sabanas ajenas. Un par de calles vacías, un par de ritmos para comenzar de nuevo. Me dejo deslizar sobre su piel, quiero escuchar por una vez que perdí la cuenta sus gemidos dulces.