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@gioking
@gioking “You left your bag behind”.
Era hora de regresar a su apartamento y despedirse de la Reina luego de la cena, algo normal. Algunas preferían ir en carro pero Leia gustaba de caminar y ya había comenzado su paso cuando la voz del guardia que tenía a su cuidado la hizo frenar y voltear, esa noche Myrtle estaba muy ocupada trabajando en unos vestidos nuevos y Leia le llevaría comida para cuando decidiera descansar. — ¿Mi bolso?—Preguntó confundida, miró sus brazos vacíos cubiertos por el terciopelo bordó que pertenecían a su vestido ¡Claro, su bolso!—¡Oh por dios! Gracias, gracias — Allí tenía las llaves del apartamento y la comida para Myrtle, como no solía llevar un bolso era completamente normal olvidarlo por allí tirado, más en esos momentos era importante con la nueva disposición de viviendas. —Te abrazaria ¿Puedo abrazarte? Oh lo haré de todas formas— Y lo rodeó unos segundos para cumplir su cometido —Eres Giovanni ¿Verdad? .
Recibir ese abrazo le sorprendió, y también hizo que los colores se le subieran al rostro. No solía ser vergonzoso, pero cuando le pillaban desprevenido la cosa cambiaba. Recibió el abrazo, devolviéndolo con una mano ¿De hace cuanto que no recibía una forma de afecto como esa? — Sip. Giovanni. Y no es nada. Ya sabe, estoy cumpliendo con mi deber. — repuso, quitándole importancia al asunto, antes de ofrecerle el bolso de vuelta. — Que se le haya olvidado ha sido lo más emocionante del día…— Se quedó pensando unos segundos. —No me mal entienda. Ser su sombra es bastante entretenido, sobretodo porque es muy bonita. — Su intento de arreglar el comentario anterior lo había empeorado ¿Por qué no podía guardarse sus piropos? —Eh… ¿Le gustó el regalo que le envié?
“Hi, sorry, I saw you from across the room and had to say hi. Hi.” @gioking
“¿Sólo a saludarme?” Preguntó con una ceja levantada y una media sonrisa. “Demasiado sospechoso, diría yo.” Agregó dirigiéndole una mirada entrecerrada, la cual solo mantuvo unos segundos. “Si vienes a asaltarme te diré que no tengo nada de valor.” Comentó en forma de broma. “Bueno, aparte de un poco de dinero que gané en unas apuestas recientes.” Las apuestas sobre quien sería nominada y eliminada de la selección se habían vuelto parte de su lista de actividades favoritas.
¿Él, asaltarla? ¿Acaso tenía cara de ladrón? La respuesta de la guardia le desconcertó por un momento ¿Acaso no sabía que eran compañeros? — Sí, sí… ¿Por qué es tan difícil de creer? — cuestionó, con evidente confusión. —Somos compañeros, y nunca habíamos hablado. Creí que sería bueno, eh, venir a saludar. — se explicó, aunque existía la gran posibilidad de que le estuviera tomando el pelo. —Aunque si me quieres dar tu dinero, no tengo ningún problema. El otro día vi un gorro que me gustó…
La soltería de una vieja amistad llegaba, tristemente, a su fin. Y como lo que interpretaba como un mal augurio las cosas iban de mal en peor en la noche destinada a despedir su soltería en un bar local bastante concurrido, consiguiendo que un clima incómodo se acomodara entre los presentes y que la doncella optase por huir rumbo a la barra a la primer oportunidad. Con ideas de posibles soluciones y métodos para remontar la situación dando vueltas en su cabeza fue que se acercó a alguien que se hallaba cerca de su destino, decidiéndose por hablarle:— Vaya, jamás había visto a alguien con tanto potencial como stripper —zalamera, inició una conversación que, sabía, estaba destinada al fracaso.— ¿Nunca has pensado en aprovecharlo?
Una sonrisa coqueta apareció en el rostro del guardia, quien se volteaba en la dirección de la muchacha, sin soltar su botella de cerveza. — Yo podría decir lo mismo de ti. — aseguró, mirándola de pies a cabeza. Nunca se le había ocurrido romper el hielo con una pregunta como esa. Debería recordarlo para el futuro. Hizo una mueca, como si pensara detenidamente en la pregunta formulada por la chica. — Sí, lo he pensado, pero eres la primera que me lo sugiere.
flashback.
— Fingir hacer malabares con palos parece que sirvió de algo —rodó los ojos despreocupada, posando luego sus orbes cristalinas en el rubio y las maniobras que hacía con la macana imaginaria. Bueno, eso definitivamente era algo más complejo. Intentó hacerlo por su cuenta mas lanzó el arma hacia atrás con más fuerza de la necesaria y cayó un par de metros atrás, completamente lejos del alcance de su mano—. Vale, no me salió a la primera. Parece que te pedí difícil y cumpliste, John Doe… —esbozó una ligera sonrisa torcida, moviéndose para alcanzar la macana más que dispuesta a seguir practicando para conseguir hacerlo. Al menos ahora tenía algo que hacer, encima se trataba de un “ejercicio físico” y no de una aburrida lección de protocolos.
—¡Yo también hacía malabares con palos! Luego me volvieron guardia y continué con el bate...— frunció los labios, con los ojos entrecerrados, antes de apoyar una mano en el respaldo de la banca en la que había estado sentada la seleccionada, quedando pensativo por unos segundos. —Los palos eran más sencillos.— concluyó, antes de observar como la muchacha intentaba llevar a la realidad su ejemplo. Verle hacerlo le sacó una sonrisa. Estaba seguro de que no tardaría en dominar la maniobra.. — Soy un hombre de palabra, Lady.— Aseguró, preguntándose porque le había llamado así. —Además, cumplí con mi objetivo.— dijo satisfecho consigo mismo. —A todo esto...¿Cual es tu nombre?
—Entonces sí te debe estar buscando. No debe estar muy lejos, así que no creo que debas preocuparte tanto por encontrarla— A pesar de la advertencia, el pedido le sonó sumamente extraño, al punto que una risa nerviosa escapó de su boca. Para su suerte, el niño que iba en sus brazos parecía dormir bastante profundo y ni se quejó con el repentino ruido —¿Los detalles sobre qué?— inquirió, acercándose al aparato que el contrario sostenía, esperando poder encontrar lo que pedía.
Al oír la risa de la muchacha apretó los labios, formando una línea recta. Era de esperar una reacción así. —Sobre la misión. — Quizás era un poco exagerado llamar a la actividad de esa forma, pero no se le ocurría otra palabra. —Ya sabes, eso. — ladeó la cabeza, apuntando al niño que ella llevaba en sus brazos, en un intento de explicarse mejor. — Un compañero me envió la información de con quién me tocaría y cómo se llama el niño, pero… Necesito que tú la leas. — Era la excusa más barata que había inventado jamás, pero parecía ser la única solución plausible en ese momento sin confesar nada.
“¿Joven para ti? ¿Qué edad tienes?” Preguntó, con una de sus cejas levemente alzadas, no parecía demasiado mayor, veintisiete años como mucho, solamente dos años más grande que él. “‘Sólo se reconocer la belleza cuando la veo’” Repitió, bromista. “¿A tu hermana? ¿Es asiática?” Preguntó, un tanto impresionado ya que el príncipe no esperaba verse algún asiático en Illéa, mucho menos luego de todo lo ocurrido entre Nueva Asia e Illéa. “No te preocupes, puedes tutearme y no, no la he visto. Pero seguramente está en el comedor o por ahí, casi todas las princesas toman el té a estas horas por allí” Explicó.
—Tengo veintitrés. — Respondió, encogiéndose de hombros. El hombre parecía que algo no le cuadraba. Quizás todavía tenía cara de diecisiete y no lo sabía. —¿Ah? No, no. Pero tiene rasgos parecidos… No nos parecemos mucho, de hecho. — Su hermana era castaña y con un tono de piel más cálido que él. Si no fuera porque su madre tenía esos rasgos, habría pensado que era adoptada. Aunque la genética apuntaba a que él tenía más posibilidades de serlo ,pero ¿Quién se tacha de adoptado a sí mismo?. Una sonrisa torcida apareció en sus facciones. —Sí me he dado cuenta. El otro día una de las princesas creyó que era una doncella y me pidió té. Era la morena ¿Verónica dijiste que se llama?
Oscuridad, todo era oscuro a su alrededor. Para el menor que tenía a cargo parecía ser muy fácil el hacer caer a la morena en cada una de sus jugarretas y por circunstancias, que prefería no contar, ahora yacía en el interior de un armario. Pasos del otro lado se escucharon y una sombra por los pequeños recovecos —. ¿Dylan? — llamó, creyente de que el pequeño se encontraba burlándose y regocijándose de su propia broma —. Si me sacas de aquí ahora podemos llegar a un valioso trato, mira que aún no te he contado los secretos mágicos del palacio — y con cinco años, la magia podría ser un tema atractivo para que el menor cediera.
Estaba cazando mariposas nocturnas, o como les decía Cade “polillas” en su modulación de bebé, cuando escuchó a alguien en el armario, llamando la atención de ambos. —No, Giovanni. Y hiciste que a Cade se le escapara una polilla. — El pequeño soltó una carcajada, y continuó con su cazería. Escuchó el trato que la chica del armario iba a hacer con Dylan, que debía de ser su niño a cargo. Una lástima que éste no lo hubiera oído, porque de seguro que le convencía. Abrió la puerta, encogiéndose de hombros. — Yo quiero saber los secretos mágicos del palacio.
Sus largos dedos se encontraban entrelazados a la pequeña mano de Vincent, con quien compartía una charla como si se tratase de un adulto, sus anécdotas y vivencias eran un despertador de fáciles risas en la doncella, quien buscaba todavía a su compañero— ¿Hola? —algo dudosa, giró su cuerpo lentamente al rubio, el niño frunció de inmediato el ceño, cuestionando el papel del muchacho e inclusive su relación con ella, de una manera sumamente serena e inclusive cordial— Él es… ¿Quién eres? —con la nariz suavemente arrugada, estudió al joven con sus olivas, lenta en descifrar su identidad— Creo que hablas de la princesa Nora, ¿verdad? —inquirió finalmente, ladeando una nueva curvatura que sustituyó de inmediato la mueca algo confundida del comienzo— Lo siento, no la hemos visto por aquí, Vincent seguramente la notaría, tiene mirada para las mujeres hermosas…—colocó entonces una de sus manos sobre el pequeño hombro, ganándose unas mejillas algo sonrosadas y una sonrisa de autosuficiencia.
—Eh, Hola. Soy King. No, perdón, Giovanni. — se presentó ante ambos, haciendo una rápida seña con una mano. Ser tratado tanto por el apellido le estaba confundiendo. O eso se decía él mismo, para convencerse de que no tenía nada que ver con el aspecto de la señorita. Esbozo una media sonrisa, asintiendo una sola vez. Nora, ahora no lo podía olvidar nunca más ¿Cómo se escribiría? Desvió su atención al menor. —Mm, vas bien Vincent. Sigue así. — le felicitó, elevando el pulgar, para luego volver a mirar a la muchacha. — ¿Hace cuando que llegaron los niños?
Christian se lo pensó, aunque en su semblante nada reflejaba la reflexión. Habían tres princesas, si no se equivocaba, en el palacio. Y una sola de ellas era rubia. Ya tenía la respuesta. El niño en su espalda comenzó a moverse, insistiendo en que continuara avanzando. —Sí, Nora —asintió con la cabeza distraídamente, con parsimonia. —La princesa búlgara —añadió después, mientras se contagiaba de cierta diversión que le atacó de un segundo a otro. —No la hemos visto, pero tal vez esté en su dormitorio o en el jardín. ¿Es su… compañera? —cuestionó, avanzando un poco al rededor de él para entretenimiento del menor de seis años en su espalda. —Ya aparecerá. Si no, demándela. No ha de tener la custodia completa —bromeó, aunque en su tono no se percibía al cien por ciento el tono de chiste.
Estaba escuchando al hombre, más no podía quitar su mirada del niño que éste llevaba en los hombros. Parecía que lo único que quería era ponerle riendas para poder manejarlo mejor. Curioso. —Sí, es ella... No tenía idea de donde venía. — respondió, mirando por fin a su interlocutor. Podría apostar de que él también tenía un título pomposo, lo despedía por los poros. —Sí, es mi compañera. — agregó, aguantando la sonrisa que le había provocado la sugerencia. — No es mala idea… pero creo que ya no me presenté a recibir al niño. — Hizo un gesto con la mirada, apuntando al que estaba sobre los hombros ajenos. — Así que ella tiene todas las de ganar… ¿No se le ocurre donde pueda estar?
Obediente ante el llamado, la oriunda de Carolina se frenó en su camino. En sus brazos cargaba al niño que se le había asignado, quien estaba cada vez más cerca de caer dormido. Se encogió de hombros al estar igual de perdida que él —No tengo idea sobre quién me estás hablando— dijo en voz baja, puesto a que no quería hacer que el niño se despierte. Ya había tenido demasiados juegos para un día —Pero no debe estar tan lejos y seguro te está buscando también. ¿Tienes que cuidar a alguien con ella?
Al oír que la muchacha susurraba, su vista se desvió al pequeño que llevaba en brazos. Hizo una mueca, elevando ambas cejas. Menos mal que no lo había despertado. — Bu. — susurró algo decepcionado, aunque saber que alguien más no tenía idea de la realeza extrajera le hacía sentir bien consigo mismo. —Se supone que debería estar cuidando a un niño de tres años con ella, pero no recuerdo… Esto te sonará extraño, pero ¿Puedes leer el mensaje que me enviaron? — preguntó, sacando el aparato y mostrándoselo a la que estaba casi seguro era una seleccionada. —Estoy seguro que ahí salen los detalles.
Había logrado calmar a la pequeña niña que tenía en brazos, pero aquel “Hey” pareció volver a alterarla. Sí, aquello que decía en su ficha era cierto: era sensible a los sonidos, y aquella mueca en la carita de la bebé lo decía todo. —Shh, shh, shh— trató de tranquilizarla, pasando con suavidad una mano por los castaños rulos de la menor, —No llores, Vera, no llores, ¡Mira!— distrayéndola con una pulsera, la seleccionada de Belcourt volvió su atención a quien la había llamado. —Bien, por un momento creí que me buscabas a mí, de no ser por…— lo de alta— En fin. ¿Princesa rubia? ¿Edithe? ¿O Nora? —al menos estaba segura de que no se trataba de Veronika, pero la descripción contraria era muy genérica.
—No te quedas atrás de todas formas, eres muy hermosa. — Una sonrisa pícara apareció en el rostro del guardia, olvidando por completo que hacer esa clase de cumplidos le podría costar el trabajo. Pero no podía mentirle ni mentirse, era muy guapa, aunque lo más sensato habría sido omitir comentarios al respecto. —¡Sí, Nora! Soy el niñero compañero de ella, pero el palacio es enredado ¿Sabes donde puedo encontrarla?... — Su mirada bajo gradualmente hacia la niña pequeña que la seleccionada llevaba en brazos, llamando su atención por alguna razón. —Creo que la hipnotizaste.
Con Naoki cogida de una mano (cosa que se le había hecho difícil logar al joven monarca, ya que la infanta se negaba a cualquier contacto físico) Beaumont recorría el palacio, mostrándole y brindándole los pocos datos que sabía a la pequeña cuyos ojos se movían con curiosidad de un lado a otro, aunque de su boca no saliera nada. Estaba en el medio de uno de sus datos parcialmente verdaderos cuando escuchó una voz llamándolos, e inmediatamente ambos dos clavaron sus talones en el suelo antes de darse una media vuelta para acercarse al creador del llamado. “Dudo mucho que esa princesa sea Cerise…” Agregó, aunque aquello más que nada era un comentario para él y que no debía salir de su cabeza. “Vaya, con esa descripción pareciera que incluso estás enamorado de ella, ‘rubia, alta y hermosa’” Repitió con un tono un poco burlón. “¿Edithe? Creo que sería ella o si no Nora… porque Veronika es morena” Explicó, antes de presionar sus labios.
El comentario del hombre le cayó en gracia. No tenía idea de quienes eran la mayoría de los habitantes del palacio, pero si sabía quien era Cerise. —Mm nah, es muy joven para mí. — Bromeó, haciendo un gesto con la mano. — ¡Es Nora! Y no estoy enamorado de ella, sólo sé reconocer la belleza cuando la veo. — aseguró, haciendo un movimiento de cejas, antes de reparar en la presencia de la niña. Se agachó, apoyando las manos en sus rodillas. —Ella me recuerda a mi hermana cuando era chica, sólo que con el pelo más oscuro. — Frunció los labios, mientras se enderezaba para volver a mirarlo a él —¿La has visto?.. — Le observo detalladamente unos segundos. — Perdón ¿Le ha visto?
flashback.
— ¿Sexy? No se si destruya tus sueños, pero sólo lo serías para alguien con una extraña fijación con los piratas de antaño —casi de manera natural le siguió la broma al rubio, algo extraño para la seleccionada la mayor parte del tiempo ya que no solía ser nada agradable con aquellos que no conocía. Ante la petición ajena, Tayla arrojó hacia arriba el arma permitiéndole dar un par de vueltas antes de sujetarla antes de que siquiera estuviera cerca de tocar el suelo. Era algo que sencillo solía hacer con palos o los mismos elementos de cocina y no era tan complicado hacerlo con el arma—. Ésto sería algo fácil. Quiero algo que me obligue a esforzarme, un desafío.
Frunció ligeramente los labios, pensando en las palabras dichas por la seleccionada. — Mm, no pasa nada. Como dije, prefiero continuar con mis dos ojos. — se encogió de hombros, restándole importancia al tema. Sin embargo, verla hacer esa maniobra le dejó con la boca abierta. — Wow, eres buena. — Eso era exactamente lo que quería hacer él para impresionarla, resultando con un hombro adolorido. Ahora sentía que el alumno le iba a enseñar a la maestra. — Em, A ver... — Se rascó la nuca, mientras pensaba en algún malabar que haya practicado en los últimos días. —¿Haz intentado hacer algo parecido, pero agarrarla por la espalda? — Hizo como que arrojaba una macana imaginaria, llevando su mano izquierda hacia atrás de si mismo para atraparla, para demostrar a lo que se refería.
Jason Derulo- Watcha Say