Su forma de hablar era tan… exquisita. Escucharle hablar era una bendición. —Estoy haciéndolas para mí, sino le habría ofrecido freírle unas a parte. Soy muy minuciosa con mis…— Amos iba a decir, pero esa palabra sonaba muy esclavizante, como si se encontrara en cautiverio, y ese no era el caso… ¿Cierto? —encargados. — finalizó, alcanzando el bol con las patatas crudas, ya que parecía que el Duque prefería servirse solo. No podía evitar mirarle de reojo ¿Por qué era tan guapo? ¿Todos los Germánicos eran así? Una suave risa salió de la boca de la doncella, que le dedicó una mirada de soslayo. — Con lo guapo, lo dudo. — Murmuró, echando las patatas a la freidora, para luego abrir los ojos como platos ¿Le habría escuchado? O más bien ¿Le habría entendido? —Ay, digo… Claro que no lo es.
---Práctico... ésto de cocinar ---cogió otra patata y señaló con la misma lo que constituía el ésto de cocinar. Se la llevó a la boca. ---No le niego su profesionalismo, señorita... ¿disculpe, cuál es su nombre? ---jovencita se veía, pero luego, todas las empleadas de aquel palacio parecían estar en sus mejores años de juventud, mientras la población de los empleados de su hogar, todos eran al menos diez años mayor que él. La miraba, así que podía notar que ella de vez en cuando también lo hacía, mas eso no cambiaba nada en su actuar. ---”Claro”, me dice. Me lo está asegurando, aunque creo que recordaría haber interactuado con usted alguna vez en el pasado ---era cordial la imagen que se reflejaba en su rostro---. Creí que preferiría comprobarlo antes de asegurarse.














