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@natxparrish-blog
Evitó a toda costa mostrar algo remotamente parecido a una sonrisa que demostrara lo divertido y cómodamente incómodo, si es que aquello tenía sentido, que podían resultar verse en tal situación, mas su rostro le delataba, aunque él no se diera cuenta. La recorrió con la mirada al gesto de la fémina para mostrar su vestimenta. —Creo que subestimas el poder de los uniformes —medio bromeó, hablando en un tono que parecía más una acotación que un chiste. —¿O preferirías que te mirara únicamente cuando vistes vestidos sexies? —ladeó apenas el rostro, un tanto sugestivo.
La guardia no tenía problema alguno con tener una sonrisa que demostrara lo entretenida que estaba en ese momento. —¿Por qué? ¿Acaso crees que tengo algo de potencial con mi uniforme? —inquirió mientras daba la vuelta en el mismo punto, queriendo mostrar su atuendo por completo. —Porque sé que hay gente que tiene algo por las uniformadas, aunque no estoy muy segura de qué será. —no se había dado el tiempo de investigar las fantasías de hombres que no le importaban. —Preferiría que me miraras cuando ande con menos que eso, pero los vestidos sexies siguen siendo una mejor opción. —respondió bajando un poco el volumen de su voz, como si quisiera que solo él la escuchara.
"Hi, sorry, I saw you from across the room and had to say hi. Hi." @gioking
“¿Sólo a saludarme?” Preguntó con una ceja levantada y una media sonrisa. “Demasiado sospechoso, diría yo.” Agregó dirigiéndole una mirada entrecerrada, la cual solo mantuvo unos segundos. “Si vienes a asaltarme te diré que no tengo nada de valor.” Comentó en forma de broma. “Bueno, aparte de un poco de dinero que gané en unas apuestas recientes.” Las apuestas sobre quien sería nominada y eliminada de la selección se habían vuelto parte de su lista de actividades favoritas.
"You don't look good. Are you feeling okay?" @sapphircs
“Me siento bien.” Dijo ligeramente confundida, ¿a qué se refería con que no lucía bien? “¿Por qué? ¿Mis ojeras son muy notorias?” Preguntó con cierto sarcasmo. “Desde que llegué a trabajar acá no he podido dormir bien, la idea de estar rodeada de tanta joyería falsa no me tiene tranquila.” La verdad es que existía otra razón por la cual no podía dormir bien, pero no se lo iba a contar a la versión miniatura de Barbie princesa.
"Sorry. I didn't mean to stare." @rathan
“No importa, no me molesta.” Dijo con un leve gesto de indiferencia, siendo que sí le importaba. “Si estuviera con un vestido sexy, lo entendería, pero…” Realizó un gesto señalando la vestimenta que llevaba puesta. “Este traje de guardia es ridículo.” Comentó junto una sonrisa divertida, no era una gran fan de la forma que vestían en el palacio. “¿O es que tengo algo encima?” Preguntó mientras intentaba revisarse a sí misma su traje, encontrando nada a primera vista.
Meeting of the Muses
"Hi, sorry, I saw you from across the room and had to say hi. Hi."
"Oops! So sorry. Did I hurt you?"
"I think they gave me your coffee by mistake."
"Your dress is beautiful."
"That is an adorable dog. What's their name?"
"Wow. What a jerk."
"I don't suppose you have a pen, do you?"
"Where did you get that coat? It's gorgeous."
"Is there a problem here?"
"Are you okay?"
"Did you loose a cat?"
"You left your bag behind."
"Sorry. I didn't mean to stare."
"You don't look good. Are you feeling okay?"
"It's raining and I don't have an umbrella."
"This is going to sound crazy but my car died and I need to call AAA but I left my phone at home. Can you call them for me?"
"You wouldn't happen to have seen a pair of sunglasses around, have you?"
"Have you been crying?"
"You look hungry, let's get you something to eat."
"I don't get modern art."
"I'm not sure it's a great idea to be in this neighborhood after dark."
"That smells amazing. What is it?"
"I have been trying to come up with a good opening line for a while and keep failing."
"Are you okay?"
"Is this your car? I'm afraid I nicked the door."
"Could you turn the music down?"
"Can you believe that asshole?"
"Sorry, let me move my stuff."
—Pequeña bestia, —repitió, tratando de reprimir una sonrisa. —pero cuánto cariño le has tomado —comentó bromista, mientras ayudaba al pequeño a que sus pies llegaran al piso y pudiera andar libremente por los alrededores (al final no tan libre, pues la mirada del mayor siempre estaba clavada en él). —Pero si se ve inofensivo, no creo que sea su intención estresarte, solamente que no ha encontrado otro método más efectivo para comunicarse. Para mi suerte Ryk y yo nos llevamos bastante bien, bueno, eso creo… La mayoría de las veces no logro entenderlo, sin embargo deberían de darme puntos por intentarlo. —A pesar de todas las dificultades el muchacho oriundo de Allens disfrutaba de la compañía que le brindaba el infante, más porque tenía edad suficiente como para no llorar y patalear por cualquier cosa. —Sí y no, me he equivocado de lugar, juguetería y panadería tienen un parecido increíble.
“Que puedo decir, soy una cuidadora muy amorosa.” Se encogió de hombros junto a una sonrisa ladeada, como si su estilo de ser cariñosa fuera incambiable a esas alturas. “No te dejes engañar por su apariencia, ¿acaso no sabes que no se puede confiar en eso?” Dijo fingiendo una voz seria, bajando su mirada y acercando sus dedos al cuello del infante, haciéndole unas pequeñas cosquillas produciendo que este soltara una carcajada. Le sonrió de vuelta a Samuel y volvió a elevar su vista hacia su compañero de banca. “Sería de mucha ayuda que hablara, pero entiendo que todavía está creciendo y aprendiendo, así que solo puedo predecir lo que quiere.” Algo que no consideraría su talento. “Claro, totalmente parecidos.” Asintió lentamente con los ojos entrecerrados, soltando una carcajada segundos después. “Por lo menos no terminaste en una carnicería, podría haber sido una experiencia semi-traumante para Ryk. Bueno, para mi hermana pequeña lo fue.”
Una vez ella negó la posibilidad de que Daiki aprendiese la palabra, Micah volvió su mirada hacia el niño. Mientras acomodaba el gorro de lana que cubría su pequeña cabecita, soltó una carcajada–. Tienes razón, no lo diría muy claro –asintió, imaginándose toda la escena y cómo intentaría seguir con vida tras ésta. Daiki parecía cómodo sobre la falda de Micah, pero el guardia sabía que él preferiría mil veces revolcarse en el suelo que mantenerse tan quieto–. Yo no estuve cerca de mis hermanas cuando dieron sus primeras palabras, no sabría decirte cuáles fueron –respondió, encogiéndose de hombros–. Se llama Daiki, no te preguntaré el del tuyo porque ya lo sé –volvió su mirada hacia la morena, dedicándole a su vez una sonrisa. Micah comenzó a mover sus piernas de arriba a abajo, así el pequeño podría fingir estaba montado sobre un caballo al galope, a él le encantaba hacer éso de pequeño–. En realidad me encanta, ¿a ti no? –miró a Daiki, quien reía ante el repentino movimiento. Su mirada se enterneció y una sonrisa tierna se embozó en su rostro, odiaría el día en que tuviesen que separarle del infante.
“¿Ves? No tienes de qué preocuparte.” Dijo agregando un guiño al final de la oración. “Daiki… suena como el tipo de apodo que le pondrían a alguien fanático del daiquiri.” Era un comentario totalmente innecesario, pero a veces no podía evitar hablar de las rarezas de la vida. Una pequeña sonrisa se formó en su rostro al presenciar la dinámica entre el par, ya había cumplido su cuota de ternura diaria. “Lo puedo notar.” Era fácil de ver lo mucho que se había encariñado su compañero con el pequeño, estaba segura de que cualquier persona que no supiera del asunto del orfanato pensaría que era su verdadero hijo. “No mucho, si te soy sincera.” Respondió segundos después junto a una leve mueca. “Admito que es tierno y que tampoco es el gran sacrificio cuidarlo, pero aún se me hace raro todo el asunto.” Quizás le estaba dando demasiadas vueltas al tema en su mente, y simplemente debía relajarse con Samuel. “De todos modos, cuidado, no vayas a terminar con el síndrome del nido vacío.” Tiró como broma.
Se acercó con cuidado al pequeño que la morena tenía en brazos, estirando su mano para jugar con la manita del bebé mientras esbozaba una sonrisa—. Tal vez no recuerde tu rostro ni nada de lo que pase, pero de seguro en el fondo de su corazón se acordará de alguien que lo quiso por al menos unos días —le guiñó el ojo a la guardia y luego volvió a posar su mirada en su propia niña—. Oh, Maeve es una verdadera princesa a la cal sólo le falta la corona y un palacio donde reinar como Cenicienta ¿No es así? Aunque creo que su estilo sería más el de Barbie y sus mil adaptaciones… —rió por lo bajo— ¿Cómo se llama este lindo bebé, por cierto?
“Eso espero, que en un par de años recuerde que cierta guardia aguantó sus manías y lo cuidó con cariño.” Esperaba no encariñarse con él, de todos modos. “Con que no crezca para terminar siendo como alguna de las princesas que andan rondando por el palacio, estará bien.” Dijo con un toque de desdén, enojándose con ella misma por ser tan malhumorada, debía relajarse. “Barbie es tan multi-funcional, me sorprende. Espero quetengas ese talento Maeve” Le comentó a la pequeña junto a una leve sonrisa. “Se llama Samuel, no es el nombre más lindo del mundo, pero él es un bebé lindo, así que lo compensa.” Respondió junto a un pequeño encogimientos de hombros, solo estaba siendo sincera.
Considerándolo una reacción exagerada pero necesaria, Zea se apresuró a cubrirle las orejas al pequeño con la clara intención de evitar que escuchara cada una de las palabras salidas de entre los labios ajenos. Entornó los ojos en dirección a la otra guardia, esperando a que captara la indirecta que guardaba únicamente fines bromistas. Era bastante extraño ver a la fémina con un humor tan fresco, pero era algo que no podía evitar cuando se encontraba rodeada de tantos pequeños. “Jasper no dice malas palabras” — aseguró, volviendo a dejar sus manos a los costados para más tarde esbozar una sonrisa de genuina satisfacción. Sin poder mantenerse quiera por más tiempo, elevó la mano para acomodar un ondulado mechón en la cabeza del más pequeño. “¿No es así?” — e inmediatamente hizo cosquillas al susodicho para que supiera le estaba hablando a él.
No pudo evitar reír ante el gesto de la guardia, logrando que Samuel se sobresaltara levemente, pero por suerte él también soltó una pequeña risa, a parecer le causaba gracia la risa de otra gente. “De acuerdo, de acuerdo, me pondré un filtro de malas palabras, solo por Jasper.” No podía prometer nada con Samuel, porque sabía que no lo cumpliría. De lo poco que conocía a su compañera, nunca la había visto así, parecía como si el instinto maternal fuera natural en ella. “Parece que te llevas bien con tu pequeñuelo.” Comentó junto a una media sonrisa, haciendo que una duda apareciera en su mente. “No tienes hijos, ¿cierto?” Le preguntó bajando la voz mientras se acercaba unos centímetros para que pudiera escucharla. “Y no te pregunto de una manera acusatoria.” Dijo con ligera diversión para que no la tomara tan en serio.
“Si tú y tu pareja le enseñan a que hacer eso es de idiotas, entonces dudo que lo haga” respondió por inercia, la blonda había ido a la panadería por un par para la cena, pero como era costumbre, o bien dicho -cuando su madre estaba de un humor de mil perros- la fémina se dedicaba a tardar más de lo esperado, todo con tal de evitar aquellos gritos tales como los de la pareja que tenían en frente, sólo que en su caso era su madre quien gritaba. Cara se giró para ver al pequeñín, y algo había en ella que los infantes siempre sonreían al verla. “¿Cuanto tiene?“
La guardia no la conocía, y por lo visto, ella tampoco sabía quién era Natalie, así que decidió ponerse un poco dramática. “Lástima que mi esposo me abandonó, ahora solo tendré contar con la ayuda del cartero para poder educarlo.” Sonaba bastante ridículo, así que estaba casi segura de que no le creería. “Tiene siete meses, creo…” Miró hacia el cielo con una expresión pensadora, fingiendo que estaba tratando de recordarlo. “Ya lo olvidé.” Se encogió de hombros y volvió su mirada hacia la rubia. “Lo que importa es que lo mantenga bien alimentado y cuidado, el tiempo no existe.” Dijo haciendo eco a una frase que había escuchado hace tiempo. “¿Acaso no crees que sus hoyuelos son adorables?”
Los preciosos orbes de su niño se encontraban abiertos como platos, pareciendo absorber cada imagen a su alrededor con la ferocidad propio de los niños en desarrollo. Incluso la copa de los árboles eran llamativas para Efrem pese a que en el aquel momento no soplase la brisa, aunque lo que más logró llamar su atención fue una escena que involucraba brazos al aire e incluso carcajadas burlonas. De imprevisto, el infante comenzó a mover sus brazos y piernas de forma energética, ganándole a Faelynn un fuerte golpe en su mentón. Y otro hubiese conseguido si una cercana voz femenina a ellos no hubiera llegado hasta sus oídos, logrando que el precioso bebé girara su cabeza en busca de la fuente de aquello. —¿Sólo él? Creo que ambos se encuentran errados al discutir en plena calle… O quizá tienen niños en casa y no conocen de un lugar alejado —se permitió contestar, decidiendo acercarse a la joven al observar al bebé en brazos. Quizá Efrem pudiese jugar con él. —Soy Faelynn y él es Efrem; es un gusto por parte de ambos —y con ello, la castaña tomó uno de los bracitos de su pequeño asignado para simular un saludo. —Creo que ciertos niños estarán muy acostumbrados a los brazos una vez deban marcharse… —observó con una sonrisa, puesto que ninguna llevaba un cochecito para ellos.
Asintió levemente ante las teorías que le decía la mujer. “Puede ser, pero no sé… hay algo en él que no me agrada a primera vista.” Dijo dándole una rápida mirada entrecerrada a lapareja de la cual hablaban. Sabía que estaba siendo prejuiciosa, pero a veces no podía evitarlo. Decidió olvidar el tema y concentrarse en los nuevos acompañantes.“Hola Faelynn y Efrem.” Los saludó junto a una pequeña sonrisa, guardándose el comentario de lo raro que era el nombre del niño. “Yo soy Natalie, y él…” acomodó a su protegido para que pudiera observar al par. “Es Samuel.” Imitó el gesto y también tomó su manito y la movió como si estuviera saludando, a pesar de que estuviera muy pequeño para entender lo que significaba. “Ni me lo digas, a este le encanta que lo carguen y lo tengan en brazos.” Si bien no se ponía a llorar sin razón cuando lo bajaban, sí podía ponerse impaciente y de mal humor. Él era feliz mientras le prestaran atención. “Igual no serán muchos días, así que los más pequeños ni recordarán este tiempo. No puedo decir lo mismo de los más grandes.” Debía admitir que sentía algo de pena por los niños que a pesar de su edad seguían dando vueltas en los orfanatos y no estaban con una familia estable. “¿Cuánto tiene Efrem?” Le preguntó mientras lo observaba, notando lo curioso que era, mientras Samuel estaba en su propio mundo.