Has vivido creyendo que la fe llega cuando todo encaja, cuando el dolor se va, cuando la respuesta aparece clara y sin dudas. Pero la vida no funciona así.
Mientras esperas una señal grande, se te escapan las pequeñas que sostienen tu existencia cada día. Sigues respirando aun cuando te cansaste de luchar, sigues avanzando aunque muchas veces no entiendas cómo, sigues aquí incluso después de haber pensado que no podías más. Eso también es un milagro.
Tal vez no te falta fe, tal vez te sobra costumbre de mirar solo lo que duele y no lo que permanece. El cambio real comienza cuando dejas de pedir pruebas y te permites reconocer que ya has sido sostenido, guiado y acompañado más veces de las que recuerdas.
Abrir los ojos no siempre cambia la realidad, pero sí transforma la forma en que decides vivirla desde hoy.















