La rebelión
No fue necesario para Lucifer el entrar a la sala en donde se llevaría a cabo la reunión de los principales, para escuchar todo el bullicio que se había formado en su interior. Pudo imaginarse como el Consejo intentaba poner orden mientras entre demonios y ángeles, se echaban la culpa de lo sucedido.
Pocas semanas habían transcurrido desde que cualquier criatura sintió la presencia y regreso de esa Bestia a la que solían llamarle. Para Lucifer, fue cuestión de tiempo que sucediese y solo se limitó en ese momento el asegurarse de que Azazel estuviese bien.
Cuando recibió el aviso del consejo sobre el llamado, no tuvo más remedio que abandonar sus dominios para ir junto con el de cabellos castaños, a quien siempre llevaba en esos lugares por obvias razones.
Entrar y posicionarse en su lugar junto con él, fue lo que hizo una vez que llegaron, aprovechó aún el desorden que había para dirigirse a él:
—Intentemos que esto sea rápido para irnos —masculló por debajo, ignorando la presencia de todos los que se encontraban.
Fue entonces, que una voz hostil se alzó ante todos al darse cuenta de que estaban quienes deberían.
—¡Silencio! —gritó quien se encontraba en medio de aquel conjunto de asientos que podían formar la primera mitad de un círculo conformado por siete en total.
Todos aquellos vestidos con la misma túnica, cambiando si acaso, algún detalle que los distinguía entre los demás. Sus rostros cubiertos en totalidad, solo siendo visible lo que parecían sus ojos. A diferencia de ellos, quienes conformaban el consejo no tenían una forma como la de ellos ni como la de los humanos.
—Lucifer y Azazel —siguió el mismo, empezando con dirigirse a ellos. Algo que ya se veía venir— ¿Qué tienen qué decir al respecto de lo sucedido?
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De haber sido por él, le habría insistido a Lucifer que no era necesario asistir a aquella “reunión”. No había más que ver el comportamiento alterado de todos los presentes que, no sería sólo una charla, sino algo más parecido a un juicio para, nuevamente, culparles a ellos por haber creado a semejante ser. Siempre buscaban a quien juzgar, a quien culpar de todos los desequilibrios que sucedían en su mundo.
No tenía intención de contener sus palabras, ni de reprimirse para no enfrentarse a ninguno de ellos. Al fin y al cabo nadie de los presentes había sido capaz de comprender por todo lo que había pasado él luego de ese error. No tenían ni la mínima idea del terror que sufrió los primeros días en los que regresó aquel monstruo. Al menos esa vez decidió tomar la ayuda de aquel a quien ahora acompañaba y los dolores fueron mínimos en aquel entonces.
Una vez que se acomodaron en su sitio y escuchó las palabras del contrario, asintió no sin antes soltar un bufido. A pesar de todo, intentaría comportarse si el Consejo hacía lo mismo. Sin embargo con tan solo escuchar el llamamiento y el silencio, se irritó por completo.
Más incluso al ver como toda la atención se posaba sobre ellos, como era costumbre en aquel lugar cuando se trataba de este asunto.
—Que si hubieran hecho su trabajo como es debido, ahora no nos encontraríamos en esta situación —replicó con una media sonrisa sarcástica.
Era consciente de todas las quejas que podrían provocar sus palabras. ¿No fue a caso Serina un monstruo creado por dos amantes en busca de poder? Era cierto, pero hacía ya mucho tiempo que no era un problema solo ellos.
—¿Tienes la voluntad de hablarnos de esa forma? —Tomó la palabra otro de ellos, notando su voz más grave que la anterior quien en un inicio había tomado la palabra.
Comentarios que hacían que Belial, quien se encontraba al fondo de la sala, soltase carcajadas al ver la poca paciencia que tenía el castaño y a su vez, se llevó una reprimiendo con la mirada de parte de Lilith.
Lucifer terminó por soltar un suspiro profundo, al final tendrían que hablar si no veía de otra manera.
—Mil disculpas, señores del Consejo —comenzó, arrastrando la voz—. Pero a diferencia de ustedes, nosotros tenemos una política de… Llámenlo “No intervención”. Ella se encontraba en los dominios de Astaroth, por lo que no podemos entrar por mucho que tengamos rangos.
Con esas palabras, buscó al nombrado.
—Terminemos con esto lo más rápido posible —continuó, apoyando su rostro sobre su dorso—. Astaroth, ¿Fuiste tú quién liberó el sello de ella o fue alguien más?
—Tengo más voluntad que muchos de vosotros —masculló entre dientes, habiendo tomado ese comentario como una ofensa hacia su persona. Comprendía que, en teoría, el consejo era incluso superior a Lucifer, pero aún así no tenían ningún derecho a rebajarle a la altura de un demonio menor.
Su irritación provenía también, precisamente de aquel arrogante y desagradable demonio que tan divertido parecía con la situación. Se había percatado de su presencia desde un principio y sino fuera porque metería en más problemas a su compañero, se habría lanzado sobre él.
Al menos escuchar la voz de quien tenía al lado le calmaba y podía centrarse más en sus alrededores, incluso en aquel a quien mencionaba el de cabellos claros.
Astaroth había permanecido en un rincón de la gran sala, sin a penas hacerse notar, completamente solo. En un inicio Azazel pareció volver a irritarse, pero se percató de que parecía tener la misma posición que él. Iba a ser juzgado por haber mantenido a un ‘bestia’ a su lado, por haberla protegido. Vio como relajaba sus músculos al reír levemente.
—No eres el típico ser que haría preguntas obvias, Lucifer —siseó con tono grave, dirigiéndose directamente hacia su señor. ¿Cuántas veces le habría hecho esa misma pregunta? Lucía cansado—. Claramente… —continuó con una media sonrisa—, no fui yo. Y puedo asegurar que todos los aquí presentes son conocedores de quien fue el verdadero culpable.
Pareció que quiso decir algo más, pero calló al escuchar de nuevo todos las voces que de nuevo empezaban a murmurar entre ellos.
Lucifer correspondió aquella sonrisa, pues estaba claro que con esas miradas podían comunicarse los pensamientos e intenciones del otro. Siempre había sabido como jugar todo a su favor, mucho que pareciese que estaría atacarse a sí mismo.
—Habla con claridad, Lucifer —respondió una voz femenina que se encontraba entre los del Consejo, hablando con autoridad pero menos hostil que los otros atrayendo la atención del mencionado.
—Me refiero al antiguo sirviente de Beelzebub —contestó, causando cierta tensión en el lugar al saber a quién se refería—; Adirael.
—¡Estupideces! —Alzó la voz otro de ellos, levantándose incluso de su asiento de manera que buscaba confrontar a Lucifer, señalándolo—. ¿Son capaces de acusar a uno de sus compañeros con tal de limpiarse las manos?
—¿Uno de los nuestros? —Masculló Azazel, completamente ofendido por ser comparado con un ser como aquel.
Sin embargo no alzó la voz más de lo necesario al decirlo y es algo que pudo ver Astaroth desde su posición, por lo que decidió volver a tomar la palabra. Esta vez, decidió avanzar unos pasos para poder tener la atención de todos.
—Sería mucho más sencillo para ustedes que yo admitiera haber trabajado bajo las órdenes de Lucifer para liberar a ese monstruo, ¿me equivoco? —Respondió a aquel del consejo que alzó la voz tan pronto se mencionó aquel nombre. Y no pudo evitar el soltar una risa que a los segundos cortó, mostrando un gesto mucho más oscurecido por lo que fuera que estuviera pensando. Pero parecía que aquel día estaba más hablador de lo normal, al final era más calmado que el propio Azazel—. Todo terminaría juzgándonos como los principales culpables, encerrándonos o bien terminando con nuestra existencia.
Sonrió para sí mismo y pudo entender el castaño que de alguna manera les defendía, pero, ¿por qué? Desde el momento que se reveló contra Lucifer su vida prácticamente una miseria. ¿A caso era por… ella? Sintió un escalofrío, repugnado al recordar lo que tuvo con esa mujer.
—¿Tanto teméis a Adirael? ¿Tanto detestáis la idea de enfrentaros a él que preferís sacrificar a un rey y dos de sus subditos más poderosos, tal como hicisteis con Aradia? No es más que un experimento fallido, ni un ángel ni un demonio. Su único poder fue corromper el abismo por un propósito que ya ni recuerda.
De nuevo las voces de todos los allí presentes parecieron alzarse ante sus palabras. Astaroth nunca había tenido aprecio por las autoridades y no dudaba un segundo es buscar palabras o acciones que pudieran ofenderles.
Sus palabras provocaron que ahora Lucifer fuese quien parecía divertirse a la situación, manteniéndose al borde de todo hasta que tuviese la oportunidad de responder a ello, permitiendo que Azazel comentase lo que deseara frente a ellos, pues ya hace un tiempo, estaba claro el poco agrado que tenían con respecto al Consejo.
—Creo que va más de eso, Azazel —dijo, como si se tratase de una mera conversación solo con él—. Quiero decir, Adirael no tiene la fuerza de un demonio ni de un ángel debido a lo que le hicieron…
—¿Qué intentas señalar, Lucifer? —Preguntó, pero para sorpresa de algunos, fue Michael quien se encontraba presente junto con otros de los ángeles y que hasta ese momento, se había mantenido con un bajo perfil.
—Oh, no me malinterpreten —continuó—. A lo que me refiero, ¿Cómo es posible que hasta la fecha el mismo Consejo no haya podido con un mestizo? Y no solo eso… ¿Cómo alguien como Adirael, sería capaz de liberar el poder del abismo sin ayuda de nosotros?
—Azazel… ¿Te acuerdas qué tuvo que hacer ella la primera vez para salir del abismo y no volver en seguida?
Era una conversación que sin duda no llegaba a ningún sitio. El Consejo tan sólo quería culparlos y castigarlos, pero sin realmente buscar una solución al problema que tenían entre manos. Mientras Adirael andaba suelto y el Abismo descontrolado, lo único que preocupaba era encontrar un culpable.
—Lucifer estamos perdiendo el tiempo, vayámonos —le musitó al mayor antes de que interrumpiera aquel ángel. Fue desagradable escuchar su voz, pero no pudo hacer más que callar y dejarles hablar de él.
Y podría haberse esperado que terminaran con ese tema. Podía entender por qué querían saber cómo lo hizo en primer lugar. Cómo es que logró escapar del su encierro y cuestionar aquella duda a alguien que de verdad supiera lo que ocurrió realmente.
Sin embargo, la razón de Azazel desapareció al momento de recibir aquella pregunta. Un dolor punzante comenzó a recorrer toda su cabeza y no pudo evitar más que llevar una de sus manos a ese lugar. En su rostro, un gesto de puro terror se dibujó, comenzando a temblar ligeramente siendo incapaz de responder.
¿Por qué? ¿Por qué preguntaban? ¿Qué sabían ellos, qué pretendían hacer? Cada uno de sus pensamientos se tiñeron de recuerdos de aquel entonces, aferrándose al mayor como único recurso para mantenerse cuerdo.
—Un intercambio —habló una voz a las espaldas de todos, mostrándose frente a los reunidos; Samael. Con gesto pétreo, se acercó al lugar donde los principales implicado estaban, haciendo así que su voz resonara en todo el lugar—. El gran secreto fue engañar y colocar en su lugar alguien con quien tuviera una estrecha… relación. Encerrar al más débil de sus creadores. ¿Cierto, Azazel?
Tan sólo le fulminó con la mirada, pero los dolores que crecían en su cuerpo le distraían de su cometido de maldecir a aquel demonio.
Escuchar su voz fue suficiente para saber que esto no sería tan tranquilo como planeaba. Hasta ese momento había ignorado totalmente la existencia del contrario y estaba seguro de que más de uno de los presentes había hecho lo mismo. Belial, quien había mantenido silencio hasta el momento pareció interesarse más por la llegada de Samael, Lilith pareció sobresaltarse al escucharlo, poniéndose a la defensiva en caso de que alguien se atreviese a realizar un movimiento en su contra.
Los del Consejo, parecieron ignorar las palabras dichas, centrándose solo en su presencia.
—¿Qué haces aquí, Samael? —Preguntó uno de ellos—, tú no tienes permitido entrar a este lugar.
—Supongo que confirma mi teoría sobre la seguridad de este lugar —murmuró Lucifer, levantándose de su asiento una vez que se percató de la mirada de Azazel—. Efectivamente, por muy débil que sea la persona con quien intercambiará, es necesario un tercero con la fuerza suficiente para realizar el ritual —Explicó, ignorando el hecho de la presencia y actitud que poseían todos los presentes.
—¡Es suficiente! —Alzó la voz el quien parecía tener más autoridad de todos ellos, señalando primero a Lucifer—, no sé qué intentas hacer, pero no permitiré que pongas en duda al Consejo. Y tú… —Continuó hacia Samael—, sal ahora mismo de este lugar si no quieres que aquí mismo te juzguemos.
La risa de aquel demonio resonó por toda la sala, absurdamente divertido por las reacciones de todos los allí presentes. Toda aquella reunión era ridícula, pues no iban a hacer ninguna de aquellas cosas con las que amenazaban a esos dos seres. Incluso tuvo un momento para dirigir su mirada a la tensa Lilith y hacerle con gesto con una de sus manos para que se relajara.
—¿Aun a pesar de que estoy ofreciéndoos una solución a vuestros terribles problemas? —Inquirió, dirigiendo una sonrisa afilada al miembro del Consejo que alzó su voz. Aunque en realidad se divertía al saber que no muchos le harían caso.
Sin embargo, siempre habría aquel que se mostrara curiosos y dispuesto a escuchar, a tratar de entender cuales eran los motivos de su presencia o sus palabras. En ese momento, uno de los ángeles que se habían mantenido al margen de la situación, avanzó unos pasos para dirigirse al de cabellos plateados.
—¿Quieres decir que estás aquí para ayudar?
—Efectivamente, Gabriel —replicó encogiendo los hombros, como si desde un principio esa hubiera sido su intención a pesar de que nadie lo hubiera creído—. A diferencia de otros, prefiero tomar cartas en el asunto de los errores cometidos. Tomadlo como mi expiación —continuó sin aún ir al asunto—. La última vez que aquel ser logró huir de sus ataduras se convirtió en una débil y triste humana. Alguien fácil de matar. Tan solo volved a hacer el intercambio y tendréis al Abismo comiendo de vuestra mano.
Para aquel momento, su mirada se había posado en Lucifer, observándole con diversión. Aunque más entretenido parecía estar por la reacción del menor. Quien diría que un demonio poderoso como lo era Azazel estaría temblando como un niño al saber a lo que se estaba refiriendo Samael.
—¿Insinúas…? —Volvió a interrumpir el de cabellos rubios, también volteando su atención al castaño.
—Enviad a Azazel de vuelta al Abismo y matad a ese engendro —finalizó, habiendo oscurecido su rostro por la malicia y el deseo de deshacerse de aquel niño—. Tranquilo, Lucifer, podrás crear a otro que te acompañe y que no te traicione como él. Incluso hacer una copia de tu querido amante.
El silencio pareció reinar en el lugar al sentir la mayoría la mirada de Lucifer hacia quien hablaba, buscando alguna expresión de su parte. Pero no le daría el gusto de mostrar algo que le hiciese sentir satisfacción.
Quizás fue el largo silencio de su parte que ocasionó que uno del Consejo, tomase la palabra para dirigirse no a ninguno de los dos, sino a Gabriel o a Michael, quien respondiese.
—¿Cómo va el chico? —Preguntó, notándose él más acorde a la situación antes de poder dar su última palabra.
Michael centró su mirada hacia él, sabiendo que tendría que responder y así evitar alguna otra confrontación conociendo los pensamientos e ideas de Gabriel.
—Está trabajando en ello.
Respuesta que hizo que asintiese antes de poder volver hacia Lucifer y Samael.
—En caso de que falle, usaremos eso como plan de emergencia —terminó por decir, provocando ahora sí, que Lucifer frunciera el entrecejo—. No permitiremos que vuelva a repetir todo.
Incluso el hecho de que no mostrara reacción alguna por sus provocaciones, hacía que toda esa situación fuera aún más cómica y divertida. Era inevitable que en algún momento tuvieran que ceder a su idea y Lucifer no tendría más remedio que ceder a aquel demonio sin propósitos.
—¿Cuántas veces se ha intentado que un humano haga nuestro trabajo? —Alzó de nuevo la voz Gabriel, para sorpresa de todos y algo que Michael odiaría después de haber intentado mantenerlo al margen.
Para todos sería mucho más sencillo, ¿no era así? Todos los pensamientos de Azazel eran un remolino de esas mismas ideas. Incluso las palabras de Samael habían calado profundo ahora que se encontraba en ese estado. Nuevamente terminaba por pensar que cada acto realizado por Lucifer era por complacerle a él y nada más. Pero no quería pensar aquello, debía confiar en él aunque fue prácticamente imposible.
—No hagas esto más complicado Ga… —Trató de reprocharle Astaroth, pero sus palabras fueron rápidamente interrumpidas por la voz del recién llegado.
—Oh, no, no. Tiene razón. Para cuando ese niño llegue a ella, esa organización o Adirael se habrán hecho con el completo control de Abismo. No hay forma de que un humano con un simple libro logre deshacerse del problema —se encogió de hombros algo despreocupado—. Más cuando en su mente hay otras preocupaciones.
Michael suspiró desde el fondo, no solo porque sabía que Gabriel siempre buscaría la forma de liberar al chico que el Consejo usaba como un arma contra el problema central de la reunión, sino, también el ver y escuchar como todos parecían intentar dañar a otros.
—Yo solo tengo una pregunta —tomó la palabra de manera calmada. Aunque en el fondo sabía bien que sería un error, pues solo ayudaría a traer más preguntas—, si Adirael es el culpable… ¿Cómo logró corromper ese poder?
Lucifer se dirigió hacia él, terminando por levantarse de su asiento con la intención clara de retirarse junto con Azazel, sabiendo que era lo mejor para él por el momento.
—Hay una creencia entre los humanos muy curiosa… —Dijo, con voz monótona al saber que daría igual lo que él dijese, terminarían haciendo lo que ellos quisieran—, y es que cuando se intoxican por el veneno de un animal, el antídoto es el mismo veneno.
Fue lo único que dijo, sin ni siquiera dirigirse a los del Consejo cuando uno de ellos le habló.
—Espero que te prepares para lo que haremos una vez que el chico falle, Lucifer.
Sonrió, buscando provocar a quienes estaban dispuestos a retarlo de nuevo.
—Azazel, es hora de regresar.
Pues ahora lo único que le importaba era intentar calmar al castaño.
Samael ya podía decir que había logrado lo que se había propuesto al aparecer en aquel lugar. A pesar de que en su rostro pudiera verse la decepción de saber que no harían nada por el momento, no era más que una máscara para ocultar sus verdaderos planes. Ni siquiera tuvo la decencia de esperar a que todos se fueran del lugar para acercarse a Lilith y Belial. Algo debió de susurrarles, pero seguramente nadie en la sala se hubiera percatado más allá de Azazel.
Ese demonio era quien le enviaba a su muerte. Y estaba seguro de que los otros dos le ayudarían, pero luego de salir de aquel lugar no recordaría nada de aquellos minúsculos detalles.
Se había puesto en pie a la vez que Lucifer. Y, al haber logrado mantener intacto parte de su orgullo, pudo mantenerse derecho a pesar de que esas piernas suyas parecían temblar.
—…Bien —fue lo único que le respondió al contrario, ignorando (o al menos intentándolo) las últimas palabras de aquel consejero y así poder seguirle al exterior.
Una vez estando lejos de todos, Lucifer se volteó hacia Azazel, colocando una de sus manos sobre el rostro del chico y más preciso, sobre sus ojos para poder así desaparecer y poder regresar a su lugar de siempre.
No dijo nada en ningún momento, ni siquiera fue capaz de alejarse de él una vez que llegaron a su preciado jardín. Permitiendo que a ciegas, escuchara la calma que reinaba en el sitio y así, evitando que mirase el rostro del mayor.
No era la primera vez que sentía algo así, y recordó aquella vez en donde no solo perdió a su hermana, si no tiempo después siguió él. Algo que no dejaría que volviese a suceder.
No dijo nada en todo el camino de vuelta, siquiera una vez que llegaron a aquel jardín. Ciertamente le relajaba la idea de poder estar en silencio y simplemente calmar sus pensamientos, a pesar de que eso parecía ser imposible.
Estaba sentenciado. Estaba claro de que ese humano no iba a lograr acabar con el Abismo ahora que había despertado de nuevo. Podría asegurar que Samael haría todo lo posible para que la misión de ese chico nunca se llevase a cabo. Aunque tampoco entendía el que pretendía aquel demonio tratando de matarlo. Estando o no vivo, no quitaría el hecho de que Lucifer fuera el más poderoso de todos ellos.
Quería verlo, escuchar su voz aunque fuera tan solo eso. El silencio estaba comenzando a cansarle y poco estaba logrando calmarle el lugar a medida que rememoraba el tiempo que pasó siendo el abismo. Tembló ligeramente por ello, aferrándose al mayor con fuerza.
—Lucifer… —Le llamó con voz áspera, tal como si fuera un niño nuevamente—. Déjame verte. Necesito verte.
¿Por qué?, preguntó en su mente al escuchar las palabras con ruego del menor. No era capaz de complacerle el capricho por mucho que involucrase el solo retirar su mano de su rostro. Fueron largos segundos en donde no tuvo la intención de realizar algún movimiento hasta que terminó por hacerlo, solo para juntar su frente con la del contrario y ser él quien cerrase los ojos ahora.
—Elimina esos pensamientos —musitó, sabiendo el caos que sería su mente con lo ocurrido.
Al menos de esa manera podría apreciar su rostro, aunque fuera tanta la cercanía podría al menos saber donde colocar una de sus manos para poder sentirlo. La llevó hasta el cabello del mayor, entrelazando sus finos dedos entre los mechones albinos y suspiró lentamente.
—Quiero poder recordarte —musitó, como si hubiera adivinado cuales eran sus pensamientos antes de que cediera a su petición. Continuó entonces, ignorando aquella demanda por su parte. Al fina, sabía que ya no se iba a poder hacer nada.—. Tienes que ser la última imagen que recuerde.
Con una ligera risa, Lucifer buscó el cómo responder aquello. Si bien sabía que sería imposible ir contra el Consejo, tampoco permitiría que tuviese lo que querían de manera tan sencilla.
—No es como si les voy a dar el gusto de hacer eso —respondió, de forma que pudiese hacerle ver que no volvería a ese lugar.
—Ya les has escuchado… no hay mucho más que podamos hacer —replicó. Claramente ya se había dado por vencido.
Por mucho que quisiera hacer el mayor, la decisión ya estaba tomada y tarde o temprano tendrían que aceptar que tendrían que separarse. Esta vez para siempre. Aunque Lucifer de verdad pudiera crear un clon de él, no sería el mismo que estaría encerrado en el abismo.
Negó, de manera que pareciese que estaba consolando en efecto, a un niño pequeño. Pues no permitiría que volviese a ese lugar, ni siquiera que existiese ese espacio en donde cualquiera pudiese entrar.
—¿Cuándo he hecho caso a las órdenes del Consejo? —Preguntó, haciéndole ver que en ninguna ocasión, les había dado el gusto. Siempre buscó la manera de salirse con la suya, por mucho que les molestase.
Así es como tomó posesión del Infierno, como ellos le llamaba, convirtiéndose en el dueño del eterno odio de los cielos.
—Júralo —dijo en un susurro.
Quería escuchar de sus labios que nada malo le ocurriría y que todo lo que Samael dijo en su momento jamás se llevaría a cabo. Aunque seguramente no estaba en sus manos el conseguir que ese humano lograra llevar a cabo su cometido.
—Júrame que seré yo y no otro quien esté contigo hasta el fin —no quería escuchar palabras vacías, buscaba esa vez que no le engañara, que no le mintiera nuevamente. Pues si lo hacía, incluso en ese estado lo descubriría.
Lucifer llevó una de sus manos detrás de la cabeza del chico, enredando sus finos dedos en los cabellos castaños de Azazel, de manera que pudo mantenerlo más cerca y así continuar con susurros, sin necesidad de alzar la voz al estar los dos solos.
—Te juro que te mantendré vivo hasta el final —prometió con firmeza. Pues sin importar lo que tuviese que hacer, así buscase aquel poder perdido que usó durante la primera rebelión, no permitiría que muriese o fuese encerrado.
Cerró los ojos tan sólo por unos segundos, como si de aquella manera fuera a ser capaz de poder escuchar mejor sus palabras. Debía de ser un juramento, pues una promesa siempre se podía romper más fácilmente. Lo que le recordó, aunque no por completo, a cuando ambos eran ángeles y convivían en aquel mundo idílico. Por lo que abrió sus ojos, llevando su mano libre al rostro del mayor.
—También —continuó con sus demandas, aunque sería la última seguramente—. No vuelvas a dejarme aquí solo en este jardín esperándote. La última vez… dijeron que te perdí, Gabriel me dijo que moriste cuando te esperé durante la rebelión. No podría soportarlo una vez más.
Calló durante varios segundos, observando el rostro del contrario con seriedad mientras pensaba en sus palabras de forma que pudiese hacerle creer en ellas. Quería que confiara en él y que pronto podrían vivir de manera tranquila una vez que terminase.
—Prometo que cuando termine esto… —Musitó, tomando el rostro del castaño entre ambas manos para mantener la mirada fija en él—, tendremos nuestro sueño.
Seguramente no podría estar por completo seguro de que su promesa fuera a valer algo. De si estaba diciendo la verdad por una vez y no le engañaba para algún otro propósito. Pero quería confiar en él y creer todo. Creer que algún día finalmente estarían solos y podrían disfrutar de ese sueño.
—Está bien —aceptó finalmente, observándole por unos para cerrar nuevamente sus ojos y juntar su frente con la del contrario—. Está bien…
Las manos de Lucifer, acunaron nuevamente el rostro del menor de manera que pudiese verlo directamente y apreciar cada detalle de aquel. Sintió calma, de esas que solo era capaz de tener a su lado. Era egoísta y un poco cruel el pensar que en un inicio había creado a Azazel por el mero hecho de poseer esos sentimientos que tanto anheló y hasta ahora, fue capaz de conseguirlos.
Si ahora mismo su hermana viese aquello, seguramente no se lo creería.
—Pero tú también debes de prometer algo —replicó en murmureo, aprovechando para acercar su rostro al contrario, rozando peligrosamente sus labios—, confía en mí.
Finalmente había conseguido lo que tanto había deseado. Que aquel demonio, ese rey arrogante y egoísta le vera como algo más que una creación que podía darle lo que anhelaba. No recordaba cuantas veces había odiado existir para un propósito casi inalcanzable. Pues Azazel amaba a Lucifer desde el primero momento que sus ojos se posaron en el mayor. Le amó por largos siglos, incluso cuando más de una vez se rebeló contra él.
—Confío en ti —respondió, exhalando un suspiro sorprendido por el repentino roce de sus labios. Sin embargo no se quejó, no se movió, disfrutó de ese mínimo contacto—. Solo en ti…
Acarició los pómulos del castaño, tal como si deseara conmemorar cada detalle de estos mientras disfrutaba de la cercanía y palabras que acompañados con suspiros, chocaban con su mirada.
No era necesario el decir más palabras que aquellas, pues terminó por juntar sus labios hacia los de él de forma que le hacía ver lo satisfecho que se encontraba con su promesa. Así como él juraría el protegerlo, él confiaría en él. Siendo el único capaz de hacerle sentir de esa manera y comprender muy en el fondo a su hermana, lo peligroso que era enamorarse de alguien en una época de guerra.
Esta debía de ser la primera vez en la que Azazel sentía como aquel contacto era real. Real en el sentido de no ser uno basado en el enojo de los dos o una necesidad de reafirmar que sólo podían hacer aquello entre ellos. Un sentimiento tan humano que había anhelado por tantos siglos. Finalmente sentirse amado de verdad por quien tan solo debería de haber sido su líder y su rey. Pero nunca fue del todo así. Independientemente de ser una creación, Azazel le amaba.
Se aferró al mayor, rodeándolo con sus brazos y siguiendo el movimiento de sus labios sin ninguna queja. Hubiera deseado poder ver la expresión en el rostro del contrario para recordarla siempre que pudiera, pero sus ojos se cerraron instintivamente dejándose llevar.
Olvidó el tiempo, incluso cualquier tarea que tuviese pendiente por hacer al estar centrando en acariciar los labios de aquel ángel que se convirtió en demonio para permanecer a su lado. Estaba seguro de que su mente se encontraría hecho un desastre con tantas palabras y acusaciones anteriores, igualmente la suya podría decir.
Separó unos milímetros solo para tomar oxígeno y pronunciar su nombre en murmureo, intentando que su aliento rozase con él de manera que se diese cuenta de que Azazel era el único ser capaz de provocar aquello.
A pesar de que era cierto que su mente era un completo caos, aquel roce de sus labios era suficiente para olvidar las amenazas y la presión. Sabía que una vez ese momento terminase, todas sus preocupaciones y miedos regresarían. Pero tan solo Lucifer lograba hacía que dejara de pensar en ello.
De tan sólo pensar que podía escuchar como susurraba su nombre de aquella manera, le hacía temblar ligeramente. Como un niño, soltó un quejido, aferrándose más al mayor para así en un rápido movimiento volver a juntar sus labios con los de él, casi desesperado. Tenía que sentirlo más, quería escuchar su tenue voz llamándole solo a él. Había esperado milenios por ello y ahora es cuando debía atesorarlo.
Soltó una ligera carcajada al escuchar el sonido provocado por el haberse separado de él, cumpliendo su capricho de complacer por más tiempo de poder besarlo, haciéndose paso entre sus labios con una sonrisa socarrona tan típica de él al notar la desesperación del contrario por querer más.
Entreabriendo sus ojos para admirar un poco la expresión del castaño mientras se introducía dentro de aquella cavidad húmeda, jugando con lentitud de forma que se diese cuenta de que tenían todo el tiempo para aprovechar.
‘No te rías, idiota’, dijo para sí mismo ante la burla del mayor. Era natural que no quisiera ver como se separaba de él por el miedo a creer que se volvería a alejar de su lado. Por algo era tan impaciente y caprichoso de mantenerlo de esa manera por mucho tiempo que quisiera hacerle ver que tenían.
Aunque pareció calmarse al sentir aquel juego de su parte. Le dejó paso y simplemente abandonó cualquier otro pensamiento para sumirse en la unión de sus labios. Suspirando con cada roce de ambos y volviendo a enredar sus dedos en el cabello plateado del mayor, como si creyera que de aquella forma tardaría un poco más en separarse de él.
Si hubiese sabido de aquellos pensamientos, habría provocado otra risa de su parte. El sentir como a pesar de todo buscaba cierto control en él, de la misma manera que satisfacía sus deseos de perder todo el tiempo necesario acariciando el interior de su boca con lentitud, tal como llegó hacer en algún pasado, salvo que Azazel había dejado de ser ese chico totalmente inocente, más no orgulloso e incluso demandante que al final, era Lucifer quien parecía ser el único que encontraba aquello como otro de sus virtudes.
Dejó que colocase sus manos en donde quisiera como retorno a permitirle el poder besarlo luego de tanto tiempo. Solo separó sus labios cuando buscaba tomar un poco de aire, observando de paso un poco más el rostro del chico.
Debía aceptar que ya no era ese niño que siempre aguardó por la llegada del mayor para poder servirle una taza de té. Dejo de ser ese ángel que con facilidad se dejaba engañar por otros para ignorar lo que de verdad deseaba. Pero ya no había preocupación por ello. Si yo de ahora era libre de esas ataduras, había logrado estar con quien amaba y eso provocaba que ese ego suyo creciera. Tan solo él podía ser capaz de tener al rey de los demonios a su merced.
Aunque era evidente que no era Azazel quien realmente estaba teniendo el control, no se quejaría por ello. Mientras le permitiera poder estar cerca de él, besarlo y acariciarlo como ahora, entonces no le importaba que le engañara de aquella manera.
Azazel sería la persona que protegería hasta el final, siendo el único que le quedaba con ese deseo, pues había perdido ya suficiente que haría lo que fuese con tal de cumplir con su promesa.
Acarició los cabellos castaños de a quien tenía entre sus brazos, cerrando los ojos durante unos leves segundos antes de poder musitar sobre sus labios:
—Es hora que descanses la mente.
Pues habían tenido tantos hechos que seguramente, al igual que él, tendría un cansancio no solo físico.













