Nunca voy a olvidar el día que mi hermana Nizaguiee y yo estábamos de visita en casa nuestro hermano Eliher, teníamos como 10 u 11 años, el vivía en casa de mis abuelos maternos, una casa grande y hasta ese momento diría yo que estaba llena de vida aún. El espacio de la habitación de él, era un cuarto fuera de la casa principal, ahí el podia tener más privacidad y casi que parecía que vivía solo.
En su cuarto había un sillón café viejo, realmente nunca supe quién se lo heredó, pero recuerdo que tenía unos colchones grandes que lo hacían “más cómodo”, recuerdo perfecto el olor de su cuarto, era entre su humor, perfume Fahrenheit de Dior y mugre de ropa sucia que tenía en su canasto días sin lavar.
Recuerdo su colección de cds y cassettes grabados por el mismo con sus canciones favoritas. Su estero modificado por el mismo también, con bocinas grandes porque el amaba mucho la música y tenía una obsesión con los equipos de sonido. No tenía tele, solo estéreo y eso era suficiente para no aburrirte en ese pequeño cuarto que, en otra época (antes de nosotros siquiera naciéramos) fue la habitación de los hombres de esa familia, pero ese es otro tema.
Retomando el recuerdo, esa vez estábamos los tres solos en su habitación, mi hermana y yo siempre tuvimos a nuestro hermano mayor como un ser admirable e indestructible, hablando por mi, siempre me pareció una persona hábil y llena de características positivas. Un gran ser humano; cosa que fui descubriendo más y más con el paso de los años.
Era noche y nosotros, ninguno de los tres de hecho, habíamos comido y estábamos ahí jugando en su cuarto haciendo quién sabe qué… de pronto le dijimos que teníamos hambre a lo que el solo respondió, vamos por una torta.
No sabíamos que él no tenía ni un peso en la cartera, solo le llamó a uno de sus amigos y de pronto ya estábamos en la famosa torteria ‘La Fuente’ un lugar clásico que servía comida callejera estilo chilango con variedad de jugos de frutas naturales, en un ambiente familiar, que funcionaba (y lo sigue haciendo) las 24 horas del día los 365 días del año.
Nosotros sin pensarlo estábamos pidiendo nuestra cena, taquitos y torta, porque no había uno sin el otro, y un agua de limón molido con cáscara y mucha azúcar, porque a él le encantaba así y por ende a nosotros también.
Nunca olvidaré ese día que sin decir una palabra nos demostró cuánto nos amaba y cuánto pensaba en nosotros, que sin un peso nos dio de cenar y nos grabó uno de los muchos momentos inolvidables que vivimos con él.
Aún recuerdo el estar los tres sentados en sillón viejo y mugroso, tal vez no abrazos, pero si juntos, los tres hermanos, jamás borro ese día de mi cabeza, ni esa sensación de amor y protección que siempre me hacía sentir.
Agradezco a la vida por haberme dado la oportunidad de convivir con mi hermano.
Gracias Eli te amo!❤️
-GB













