AÑO 2016
Un implacable e imprevisto huracán pasa por La Ciudad, provocando que los animales del zoo se escapen, que haya derrumbamientos y gente herida por doquier. Unos pocos rechazan la idea de quedarse. Muchos otros, en cambio, tratan de reconstruir la ciudad de nuevo, empiezan una serie de búsquedas por el bosque que rodea una parte de la ciudad para poder encontrar a los animales que se escaparon, pero días más tarde algo devastador ocurre:
De forma imprevisible, dos bombas caen sobre la ciudad desprendiendo un virus que acaba enfermando a casi todos sus habitantes. Una gran cantidad de los enfermos muere, mientras les llegan noticias de que no solo ha sido allí, sino que han caído bombas a nivel mundial y nadie sabe el origen de estas. La sociedad alarmada ha colapsado los aeropuertos y las carreteras en busca de una salida.
En la ciudad, los mejores científicos buscan una cura, pero, tras varios intentos, no la encuentran. Optan por la otra opción lógica, reunir a todos los supervivientes que puedan y ponerlos a salvo. No muy lejos de la ciudad se encuentra una base militar, allí es a donde los llevan. Sanos y salvos, establecen una comunidad llamada Arcadia.
Pero no pudieron salvarlos a todos. Civiles contagiados quedaron atrás, rezagados y escondidos esperando al final de sus vidas.
AÑO 2036
Durante los últimos 20 años el bosque se ha expandido, se ha formado una densa vegetación hasta el final de la ciudad abandonada donde se encuentra el desierto que fue un antiguo lago en sus inicios. La gente de Arcadia no ha salido de la base, pero han usado una serie de robots con un itinerario para peinar la ciudad, recuperando así toda la tecnología que podían.
Los científicos han podido establecer el orden jerárquico y la paz entre todos los civiles gracias a una serie de normas con las cuales asegurar la supervivencia de la especie.
Mientras tanto los supervivientes de los civiles que no lograron llegar a Arcadia encuentran la forma de sobrevivir, muchos de ellos han intentado huir, pero el colapso de las redes de comunicación, de electricidad y similares impide que puedan lograrlo. Solo queda energía en Arcadia, gracias a sus generadores.
AÑO 2150
En la actualidad, la humanidad sigue su curso, no se ha extinguido. Todos los civiles están orgullosos de lo que han construido durante las últimas generaciones. Dentro de Arcadia se vive de forma pacífica, se agrupa a cada persona según sus actitudes, de manera que se favorezca la mejora de la sociedad.
Las normas planteadas para Arcadias deben de ser inquebrantables, de esta manera se favorece a la supervivencia de la especie humana. Además, nadie salía de la base, el mundo exterior se ha vuelto un campo de monstruos donde el Virus es la guadaña para la humanidad.
Las tecnologías han avanzado dentro de Arcadia para tener una mejor vida. Los robots ahora han mejorado, cuidan y hacen la vida de los civiles más cómodas. Recientemente, gracias a un avance para aumentar la señal de vídeo que podían enviar los robots, se envió a un grupo para comprobar el estado del exterior. Gracias a ello se descubrieron a los salvajes, como se decidió llamar a los humanos que habían sobrevivido fuera de Arcadia.
Los científicos contaban con sus grandes avances científicos para encontrar la forma de crear una vacuna para el supuesto virus exterior. Implantaron dicha vacuna a toda la generación anterior, pero fallaron. El virus los mutó, los dotó de poderes. Los hijos de esa generación heredaron esas mutaciones, esos poderes. Los salvajes también habían mutado, de una manera natural, sin un virus procesado. Sus mutaciones eran más incontrolables en comparación a la de los habitantes de Arcadia.
Los supervivientes de Arcadia consiguieron sus poderes sesenta años atrás, los Salvajes, llevaban desde 2016 aprendiendo a convivir con ellos.
Arcadia necesita a los salvajes para darles una civilización y moralidad, de forma que cada vez la población sea mayor. Por ello, los ingenieros han modificado los trajes anti virus usados en el pasado, para que los "cazadores" puedan salvar a los salvajes.
No han tenido contacto con el exterior, ni con ningún signo de algún rastro humano.