Fiesta de cumpleaños con vinilos #1

PR's Tumblrdome
No title available

ellievsbear
Cosimo Galluzzi
Sade Olutola
sheepfilms

bliss lane
Lint Roller? I Barely Know Her
RMH
art blog(derogatory)
Cosmic Funnies
The Bowery Presents
Doug Jones
let's talk about Bridgerton tea, my ask is open
Phantogram Three

@theartofmadeline
Noah Kahan

❣ Chile in a Photography ❣
Color Me Curious

Discoholic 🪩
seen from Malaysia

seen from Malaysia

seen from Germany
seen from Italy
seen from Nepal

seen from Malaysia
seen from Germany

seen from Jordan
seen from United States

seen from Germany
seen from Malaysia

seen from Japan
seen from China
seen from Germany

seen from Malaysia

seen from Germany

seen from Singapore

seen from Germany

seen from Singapore

seen from United Kingdom
@hadalunaticamulticolor
Fiesta de cumpleaños con vinilos #1
Machu Picchu ❤️🤍❤️
Cusco ❤️🤍❤️
Cusco ❤️🤍❤️
RELATO DEL DesEsperar. Y el sueño se desvanece... O el suelo, pensé luego que el corrector del teléfono me sugirió la palabra cuando mis dedos escribían torpes sobre un ínfimo teclado resbaladizo. Que el suelo se estuviera esfumando era una idea acertada en la situación en la que me encontraba. El cuerpo se predisponia a esa inestabilidad, apoyado incómodamente sobre un solo isquion. Por momentos esa falsa comodidad era interceptada por una escasa mutabilidad, como si se activara un sensor que reclamaba el cambio, generando una fluidez entre la respiración y el movimiento que llevaba a otra postura que terminaría siendo incómodamente cómoda.
Observaba el humo subir por el pulmón, del edificio... Y por el mío también, o este último lo sentía inconscientemente en la inhalación entrecortada de la bocanada transformada en pensamiento.
Recibí una llamada, en la que aparecieron las palabras justas que estaba necesitando, abrazaba esa idea idílica con una fuerza pisciana inquebrantable, la que, pensaba, me hace volar por mundos hermosos en los que la creatividad brinca altísimo, donde proyecto mi futuro. Y esa llamada acrecentaba ese deseo y la proyección estaba al límite de la creación, de la materialización. Escuchaba con atención cada sonido, podía imaginar el dibujo que se formaba con cada fonema proveniente de un más allá cercano. Me preguntaba sobre cómo se inventó el teléfono, eso me distraía, aunque seguía sosteniéndome de alguna manera en mi estado pisciano. Pero volvía a la conversación, porque me urgía la comunicación, o por lo menos ESA. Yo no hablaba casi, escuchaba, precisaba oír. Sentía como mi mano desaparecía, o se fusionaba con el ambiente frío y, el aparato, como en algún truco de magia se sostenía sólo, en el aire suspendido. Mientras, me acordé de algo que leí en una red social, que también tuvo las palabras justas para ese momento exacto. Siempre había algo en esos escritos que eran tan presentes que rellenaban ese suelo de aire.
El tiempo era impreciso, a veces duraba más y otras no tardaba mucho en volverse nube, las nubes son límites finos, pensaba también, me iba de la llamada, de esas palabras que esperé y estaban ahí, pero por alguna razón aparecía otra cosa que me convocaba. Pero volvía a las palabras. Volvía con tanta esperanza que no solo se rellenaba el suelo, sino que las partículas de mi cuerpo empezaban a revolotear y amontonarse para crear una solidez tangible, que me recordaba, me recuperaba.
Cada tonalidad era una sinfonía compuesta con las notas justas. Los contrapuntos perfeccionados para no generar disonancia. ¡Cómo esperaba esto! sentía, o pensaba, daba igual porque me traspasaba la armonía de toda esa obra que se estaba desenvolviendo. Esa esperanza que se me devolvía en el sonar indefinido de las palabras que anhelaba escuchar. Volvió mi mente a abrir otro cajón, y me acordaba de las veces que repetía una frase en diferentes situaciones, a otras personas o a mi misma que dice (cita) "Cuando un sueño se cumple, deja de ser un sueño, porque se convierte en realidad"... Y no había una frase tan simple que reconfortara más a mi casa doce, abarrotada de sueños, pero con profundo deseo de concreción.
Atendía cada detalle con alegría, las pulsaciones se aceleraban, y algo ascendía y descendía por dentro, como cuando la hamaca sube tan alto traspasando el caño superior que se encuentra paralelo a la tierra, que cuando vuelve genera un tirón en las cadenas y el cuerpo cae pesado, pero hay algo que todavía no bajó. Así. Y así era siempre que lograba percibir ese espacio cuasi onírico.
De repente el codo comenzaba a doler de sostener la misma posición por tanto tiempo, se avecinaba un cambio. Y seguía. El cuerpo no me robaba atención, estaba sincrónicamente en comunicación con el estado, y sus necesidades se realizaban automáticamente. Eso no me preocupaba, en cambio la mente, con sus juegos de memoria, fantasías y canciones pegadizas de supermercados me llevaban por otras rutas diferentes, o quizá no. Y ahí estaba, pensando en cómo pensar me corría del lugar y que eso me había hecho perder de algo, pero sabía que no. Conocía perfectamente la capacidad de dividir la mente, el cerebro en sus respectivos puestos de trabajo. Pero tomaba la decisión de apagar funciones para tener la profundidad que merecía aquello que esperaba. Seguía oyendo, y las luces de colores colgadas intensificaban sus matices y luminosidad, como si la energía que fluía en ese instante provocase una subida de tensión natural, convirtiendo la guirnalda resplandeciente en estrellas.
De repente ingresaba una ráfaga de desvanecimiento, las luces se veían borrosas por el agua, las aristas de las estrellas se estiraban por el efecto cristal de las gotas, tomando más forma de estrella paradójicamente. Pero intentaba retomar esa llamada, después de todo era sólo eso lo que quería escuchar, y sentir también. Cómo podía dejar que mi mente se fuera a las palabras dolorosas, a nuestros puntos de inflexión, si lo que necesitaba estaba ahí, rellenando todos los huecos de rupturas álmicas. Así lo sentía.
Caminaba, cambiaba de lugar, de pronto mi posición había mutado a una horizontalidad plácida, mullida. Sabía que el brazo me iba a molestar más aún, pero era necesario el cambio, sentía que mis vértebras se despegaban una a una, ganando en centímetros. Me distraía en medio con las manchas de humedad que tomaban diferentes formas, según el ángulo o la creatividad mental que me sugerían. La sensación acolchonada de la superficie me provocaba confortabilidad, lo cual me permitía estar en consonancia con el estado que buscaba.Mis ojos se abrían y cerraban suavemente parpadeantes, como si fueran una persiana americana con la que alguien estuviese jugando de un modo repetitivo como masturbatorio, dada la mecanica automatica de esos objetos. Comenzaba a entrar en ese limbo de ensueño, resistiendome, no quería que concluyera esa especie de terapia emocional en la que se transformó la situación, me daba miedo que si finalizaba, finalizara todo, tenía ese sentimiento absolutista por el cual no cedía, con el teléfono pegado a la cara, humedecido por el propio calor del contacto.
Mis pensamientos comenzaron a divagar nuevamente, esta vez sobre el concepto de ceder, globalizándolo, conectándolo con la propia integridad, con esa búsqueda de complacer la necesidad en el afuera. Comparé la sensación con el arcano nueve, que promovía otro viaje, que proponía otro andar, del cual me alejaba en ese anhelo, en la falta del ceder y soltar. Mi respiración se profundizó, sentí una corriente cálida en el ambiente que me abrazaba compasiva, como si un grupo de seres etéreos me envolvieran. Mis ojos parpadeaban con más frecuencia , sosteniendo prolongadamente el momento del cierre. Decidí, opté por dejar de esperar. Me dormí.