Isi, soy Kitten... solo queria preguntar... estas por ahi? :o bxkahfiw :( i miss you...
perdón perdón, hace mucho tiempo que no me teía a esta cuenta pero prometo volver con cosas nuevas. ahora estoy planando una ff nueva pero no es larry así que lo siento mucho :(
en algún momento escribiré una larry pero ahora no es el momento :)
Parece como si el aire no llenara mis pulmones y apoyo mi cuerpo sobre un árbol.
Inhalo y exhalo, intentando mantener mi respiración a ritmo. Escucho gritos a lo lejos. Escucho a alguien gritando mi nombre. Miro a mi alrededor, pero la luz de la luna apenas me deja ver las sombras de los árboles.
Gritos y crujidos de hojas apresurados se escuchan cada vez más cerca. Elevo la vista.
Un hombre bastante más alto que yo, cubierto con una chaqueta negra y zapatos elegantes se agacha.
Estoy sorprendida y asustada, pero algo dentro de mí siente como si pudiese confiar en este hombre.
El tipo respira, y repite mi nombre cientos de veces en murmullos, rápidamente. Mis manos sudan y me las limpio en mis pantalones.
El hombre dobla las piernas y queda a mi altura. Apenas puedo ver sus ojos-son celestes- y su nariz es un poco chueca. Sus labios forman una fina línea.
-Sé valiente –me dice. Mete la mano en su bolsillo y extrae un palo. Una vez que el palo está en frente de mí, sostenido por la gran mano del hombre, me doy cuenta de que estoy mirando un lápiz. Un bolígrafo con una piedra azul, como los ojos del hombre.
-Quiero que lo cuides, no lo pierdas de vista ¿sí?
Dudas invaden mis pensamientos y algo dentro de mi grita “¡corre!”, pero la parte irracional de mi cerebro extiende mi mano y acepta el lápiz.
En mis manos, el lápiz se siente pesado, como si estuviese hecho de acero o piedras.
Asiento hacia el hombre y veo una pequeña sonrisa formarse de sus labios. Veo sus ojos brillar y se asiente a sí mismo, como si estuviese orgulloso de si.
Aprieto el lápiz con toda mi palma y lo examino. Los detalles del bolígrafo son increíbles y su porte es casi como la de mi mano extendida. Es como si alguien los hubiese bordado a mano, con detalles de engranajes y cables manufacturados en extremo detalle. La piedra brilla un poco más una vez que poso mi dedo sobre ella y me encuentro sorprendida.
Elevo la vista hacia el hombre y observo como la luz de la piedra se refleja en sus ojos.
El hombre extiende sus piernas, y besa mi frente. Miro cada detalle de su cuerpo. Como aprieta sus manos y la forma en la que traga saliva duramente. Y la forma en la que sus ojos están llorosos.
-Bien –dice, y repite esa palabra a si mismo varias veces, mirando alrededor.
Él apunta hacia mi derecha. Aparte de árboles, no puedo distinguir nada más.
Él apoya su otra mano sobre mi hombro y siento su mirada fija en mis ojos.
-Camina en esa dirección, allí habrá alguien esperándote que te va a ayudar –escucho un rugido a lo lejos y cierro mis ojos, las lágrimas caen rápidamente y vuelvo a sentir el sabor salado en mi boca. La mano del hombre se endurece sobre mi hombro, e intenta mantener la compostura -. Sé valiente, Skylar. Estoy demasiado orgulloso de ti, pequeña –dice, y sonríe naturalmente, como si de verdad quisiese. Mis manos están tirando tan fuerte, pero apretó el bolígrafo con tanta fuerza que mis nudillos se tornan blancos -. Bien. Corre.
Asiento y respiro, siento como la mano del hombre sale de mi hombro y oigo otro rugido. Siento que mi corazón va a escapar de mi pecho si sigue bombeando de esa manera.
Mis piernas empiezan a andar sin que se los pida, y volteo. El hombre sacude su mano en el aire, en gesto de despedida hacia mí. Las lágrimas siguen cayendo y de pronto estoy sola en el bosque.
Busco en mí alrededor y sigo corriendo hacia la dirección que me dijo el hombre. Me concentro en escuchar solo los pasos de mis pies destruyendo las ramas y hojas en el piso. Con la manga de mi polera me seco las lágrimas de mis mejillas.
Decido detenerme dos segundos para tomar aire. Estoy confundida, pero no perdida. A lo lejos puedo distinguir una luz. Un punto brillante, y de pronto me siento a salvo.
Me doy cuenta de que aún tengo el bolígrafo en la mano y me lo meto al bolsillo de mi polerón.
Un chillido espantoso me hace perder la calma. Es como la combinación de una persona gritando por auxilio con un gorila furioso.
En realidad nunca he escuchado tal cosa, pero supongo que debe ser igual de horripilante que este sonido.
Miro hacia mí alrededor, pero no veo nada.
Decido retomar el paso hacia la luz. Concentro todo mi cuerpo hacia la luz.
Y luego me detengo, siento un aire frio pasar por mi cuello, y luego mi hombro, y finalmente todo mi cuerpo.
No puedo caminar, no puedo moverme. Literalmente mis pies están pegados al piso. Intento mover mis pies pero no puedo. Siento como si estuviese desnuda, el polerón no ayuda en nada a quitar el frio que rebalsa mi cuerpo.
Giro mi cabeza en busca de alguien o algo que me ayude, pero no hay nada.
Fijo mi vista en la luz que esta adelante mío. Estoy tan cerca. Casi puedo distinguir la figura de un poste de luz en la carretera a lo lejos. Quizás sean unos 200 metros. Si pudiese mover mis piernas llegaría en cosa de treinta segundos.
De pronto, una figura negra se pose en frente de la luz. Arrugo los ojos, un poco encandilada.
Mis manos tiritan y no estoy segura de si es por el frio o por miedo.
No puedo distinguir muy bien la figura, pero parece ser un humano. Una vez que no estoy tan encandilada, noto que la figura no es sólida, es más como aire, un espeso humo negro.
La figura se difumina con el bosque, por lo que no veo líneas concretas.
No veo facciones. No sé si es porque no las puedo distinguir o por si simplemente no tiene.
Y luego siente algo frio en mi cuello, esta vez alguien susurra en mi oído:
-¿Dónde está? –pregunta.
Volteo apenas escucho las palabras pero no hay nada.
Mi respiración se vuelve más acelerada. ¿Qué está pasando? ¿Qué buscan?
Vuelvo a posar mi vista hacia la figura que tapaba la luz, pero en su lugar, hay cientos de manchas negras, esparcidas por el bosque. Todas entremezclándose con las hojas de los árboles y el frio aire de invierno.
-¿Dónde está? –preguntan todas en unísono.
Las voces suenan robóticas y maquiavélicas.
¿Son fantasmas? ¡Qué mierda son estas cosas!
Tengo un nudo en mi garganta. Y creo que estoy llorando porque siento algo correr por mis mejillas.
-Yo… qu-que…
-¡La espada! –gritan.
¿Qué?
Veo como todas las figuras lentamente empiezan a avanzar hacia mí.
Una vez más no puedo llevar a mis piernas a correr ni a mi garganta a emitir cualquier sonido.
Finalmente obligo a mis piernas a moverse y le agradezco a Dios. Seco mis lágrimas con mi manga y paso a través de las figuras, las cuales se deshacen una vez que paso entre ellas.
Solo alcanzo a correr un par de pasos cuando siento el mismo aire frio recorrer mi cuerpo y de pronto estoy en el piso. El barro húmedo y las hojas secas ablandan mi caída, pero un peso arriba mío me ahoga.
Volteo con la ayuda de mis rodillas y codos, pero no veo nada, y aun así siento un peso sobre mí que no me permite moverme. Grito por auxilio pero no hay nadie cerca para escucharme.
¿Cómo se supone que pelee con algo que no veo? ¿Con algo que no puedo si quiera tocar?
Mis manos tiritan mientras las llevo hacia arriba, agitándolas en el aire. Sigo sintiendo el peso aplastándome las costillas y grito lo más fuerte que puedo.
Mis mejillas están empapadas de nuevo y mis ojos arden de llorar tanto.
Siento una respiración helada en mi cuello y mi cuerpo se paraliza. No puedo mover ni un dedo de mi cuerpo y no puedo hablar, menos gritar. Ahora es cuando me encuentro más aterrada. Estoy segura que voy a morir.
Voy a morir.
Voy a morir.
Oigo murmullos en mis orejas y luego distingo que me están diciendo, lo cual es una mescla de:
-¿Dónde está?
-Entrégalo.
-Sé que lo tienes.
Junto todas mis fuerzas y logro pronunciar solo una silaba.
-No---
Algo me tironea el pelo y no puedo ni gritar, ni moverme. Soy patética, y llorona y no puedo hacer nada para defenderme, ni para evitar mi muerte.
Lo último que siento es mi corazón en mi garganta, el miedo tomando posesión de mi cabeza y un dolor agudo en mi estómago.
~*~
Despierto de golpe, el sudor mantiene mi pelo pegado a mi frente.
Mi cuerpo se levanta en shock, quedando sentada en el borde de mi cama.
Abro los ojos rápidamente. Mi mamá está a mi lado, acariciando mi espalda, dándome palabras de ánimo.
Siento como mi corazón palpita y el nudo en mi garganta no me deja respirar bien.
-¿La misma de siempre? –pregunta mi mamá, apretando los hombros, dándome uno de esos abrazos que me hacen sentir mejor cada vez que esto pasa.
No veo su rostro, pero sus palabras cargan preocupación. Intento respirar a un ritmo normal.
-Mhm –murmullo, y asiento dentro de sus brazos.
Ya he perdido la cuenta sobre cuantas veces he soñado esta misma pesadilla. Le perdí desde que tenía catorce años. Y siempre es lo mismo.
Siempre me levanto asustada, todo se siente tan real hasta el momento en el que abro los ojos.
Siempre tengo la misma estatura, y eso nunca ha cambiado, desde que tengo doce. Desde que todo este tema de las pesadillas empezaron.
Siempre es lo mismo. El mismo bosque. El mismo hombre. El mismo monstruo. El mismo bolígrafo, incluso.
Cierro los ojos y dejo que mi mamá me acaricie la espalda, y me vuelvo a sentir segura. Apoyo mi cabeza en el espacio entre su cuello y su hombro. Me seco la cara con la manga del polerón.
De pronto, la luz de mi habitación se enciende. Aprieto los ojos, y luego los abro, adaptándome a la luz. Mi papá está apoyado en la puerta, preocupado, examinándome.
-¿Qué pasó? –Pregunta, y su mirada cambia hacia mi mamá - ¿Lo mismo?
Mi mamá asiente y yo suspiro. Tomo mi pelo en una coleta y mis ojos me llevan hasta el reloj, el cual marca las 4:03 am. Vuelvo a mirar a mi papá, un ceño fruncido entre sus cejas y su boca esta presionada en una fina línea. Ambos de mis padres comparten una mirada de preocupación.
Papá masajea sus manos mientras camina y se sienta a mi lado en la cama.
-Pensé que ya se habían pasado –dice, confundido.
Mi papá mira a mi mamá, y luego yo también cambio mi atención hacia ella.
-Estéban –murmura, y luego sacude su cabeza, manteniendo la mirada fija en sus ojos.
-Papá, no porque el mes pasado no lo haya soñado, significa que habían terminado –digo, intentando calmarlo más a él que a mí.
-Mmm.
Esta misma pesadilla ocurre todos los días “22” de cada mes. Había olvidado en que día estábamos, aunque saber qué día es no marca la diferencia.
Y he intentado pasar de largo por las noches los “22”, y aunque logro no soñar éste sueño, termino muy cansada por el día anterior. Nunca hemos querido que vaya al psicólogo, no creo que sirva de mucho, no tengo depresión ni ningún problema mental. La verdad es que no sé porque tengo siempre la misma pesadilla los mismos días, pero es cosa de costumbre, no obstante, sigo despertándome muy agitada una vez que pasa la pesadilla.
-Bien, bueno, sigue durmiendo ¿sí? –dice mi mamá, quitando su mano de mi espalda y besa mi frente. Luego se levanta de la cama y me sonríe, alejándose hacía la puerta, y mantiene la mano en el interruptor.
-Estéban, ¿vienes?
-Sí, voy cariño –dice, mirándome.
Intento sonreír, pero estoy muy agotada como para que salga natural.
Miro hacia el escritorio, donde dentro de un tubo de vidrio lleno de lápices, yace burlón el bolígrafo de mis pesadillas. No recuerdo haberlo comprado, pero mi mamá dice que se lo pasó un amigo suyo justo una semana antes de morir en un accidente en motocicleta. Mamá me lo entregó a mi porque no podía ver el bolígrafo y acordarse de mu amigo pero tampoco se sentía lista para botarlo, asi que me lo dio a mi.
No recuerdo sobre eso, según mi mamá, yo era muy chica y nunca vi al tal amigo de mi mamá, pero parecían ser muy buenos amigos. Como es su último recuerdo, ella me pide que lo cuide.
No tengo idea por qué el bolígrafo está en mis sueños pero a este punto ya me lo he dejado de preguntar.
Una vez que mi mamá apaga la luz y cierra la puerta, vuelvo a encontrarme en la oscuridad de mi habitación, y quedarme dormida de nuevo no requiere de mucho esfuerzo.
~*~
Me despierto diez minutos antes de que suene mi alarma gracias unas voces que vienen desde el piso de abajo.
Lo primero que hago al despertar es abrir los ojos. Son las 6:23 am. Aun no amanece completamente, pero el cielo está un poco más brillante que en la noche.
Decido desayunar antes de ducharme, por lo que arrastro mi cuerpo hacia las escaleras.
Estoy a punto de saludar a mis padres en la cocina, pero mi mamá murmulla algo que no puedo escuchar, y por curiosidad, me quedo detrás de la pared.
-¡No, Eve! –dice mi papá, elevando un poco más el tono de voz.
Mi mamá lo caya con un “Shh”. Escucho dos respiraciones agitadas y me pregunto de qué están hablando. Rara vez mis papas discuten.
-Estéban, tienes que decirle –dice mi mamá, manteniendo la calma.
¿Decir qué? ¿A quién? ¿Le pasó algo a Josh?
-¡Eve! No la voy a poner en peligro, no después de todo lo que ellos dieron por ella.
-¡La estás poniendo en peligro al no decirle, Esteban! –escucho la voz de mi mamá, un poco más agitada.
Luego oigo unos pasos e instintivamente mi alejo un poco de la cocina. Pero luego me doy cuenta de que los pasos no vienen hacia mí.
Mi mamá debe estar preparando el desayuno, porque escucho los platos chocar y luego oigo el teléfono de mi papá desbloqueándose.
Siento que estoy interrumpiendo su privacidad, pero no puedo evitar preguntarme ¿decirle qué a quién?
-¿Qué haces? –pregunta mamá, más calmada.
-Voy a llamar a Mark, quiero ver si puede solucionar todo esto.
Y es entonces cuando estoy segura de que vienen pasos hacia la cocina. Me doy cuenta de que no alanzaré a subir las esclareas antes de que mi papá note que los estaba espiando, así que comando mis piernas para que caminen hacia la cocina.
Mi papá lleva el diario entre su brazo y su pecho, y con la otra mano sostiene el celular en su oreja. No se molesta en saludarme o sonreír, como todas las mañanas. Simplemente pasa por mi lado y me ignora.
Mi mamá coloca su cabeza entre sus manos. Cuando escucha que llegué a la cocina, quita las manos de su cara y me regala una sonrisa.
-¿Qué pasa, mamá? –digo, acercándome a ella.
Ella me mira intensamente a los ojos, como si estuviese debatiendo con ella misma entre decirme o no. Finalmente dice:
-Nada, cariño.
Rodea la mesa y coge un vaso de vidrio y vuelve a sonreír, esta vez más genuinamente.
Al parecer ni Niall y ni Blake entienden el concepto de ‘exámenes globales’.
-Por mucho que amaría quedarme hablando de Marcus con ustedes –dijo, para luego recibir un cojín en la cabeza dirigida por Blake -, un amigo me acaba de invitar a una fiesta en su departamento, así que me voy.
-Niall, es domingo – dije.
-¿Cuál es tu punto? –respondió Niall, recogiendo su chaqueta de la manilla de la puerta.
Rodé mis ojos y Blake quedó con la mirada fija sobre Niall.
-¿Y qué? ¿No nos vas a invitar? –dijo Blake.
-¿Quieren ir? –dijo Niall con un tono de sorpresa.
Y honestamente yo no quería ir. Apunté a mis libros y dije:
-Exámenes globales, lo siento – y Blake me miró con una expresión que podría matar hasta a un bebe -. Pero si quieres ir, anda, Blake.
-¿Van o no? –dijo Niall, abriendo la puerta.
Y así es como me encuentro, en contra de mi voluntad, frente a la puerta de uno de los amigos de Niall en el piso seis.
Creo que es segunda vez que he tenido que salir por la ventana para que mis papas no me viesen, y la verdad es que no me siento muy cómoda haciéndolo. Ellos confían tanto en mí y ya me siento culpable.
Desde el primer piso pude escuchar la música rebotando por las paredes.
Y desde hace mucho tiempo que dejé de esperar cosas de las fiestas que organiza Niall o uno de sus amigos.
A veces ‘fiestas’ significa comer pizza con música y marihuana (no hablo de experiencias, ya que Niall sabe que mejor que no me invite a ninguna de esas) o música a todo volumen lleno de gente sudando y vomitando y tomando, lo cual tampoco es mi estilo.
Y por lo que parece dese afuera, esta se parece más a la opción dos.
Niall empuja la puerta, que al parecer estaba abierta.
¿Qué clase de idiota deja su puerta abierta para extraños? Podría entrar literalmente cualquier persona.
Todas las chicas que están en este departamento llevan faldas de tubo de colores fosforescentes o rayas y polera de tiritas con chaquetas o con otra polera sobre ella. La mayoría de ellas llevan el pelo suelto y desordenado. Algunas de ellas están colgadas de los hombros de un chico y las otras caminan desorientadas.
De pronto me siento fuera de lugar, y muy abrigada.
-Um –digo, inspeccionando a mí alrededor.
La habitación que nos recibe tiene las paredes blancas. Simplemente blancas. El piso es de madera y la mayoría de los muebles son negros. El olor a alcohol y nicotina se impregna en mis narices y siento arcadas.
Algunas personas se acercan para compartir un saludo con Niall y luego de unos segundos ya no puedo encontrarlo.
Blake parece estar impresionada con la población de esta fiesta. Todos los chicos son guapos. Nunca sabré de dónde saca a sus amigos Niall, ni por qué todos parecen ángeles.
Siento la mirada de Blake en mi cráneo.
-Yo… Blake, de verdad que no quiero estar aquí –digo, esperando que Blake note la preocupación en mi voz.
-¿Y entonces para que viniste en el primer lugar? –me responde, adentrándose entre la masa de gente.
Apresuro el paso para seguirla.
-¡Tú me arrastraste hasta aquí!
-Bueno, nadie te puso una pistola en la cabeza para que vinieras, ¿o sí?
Así que así c=son las cosas.
¡Ugh!
Blake siempre me hace lo mismo. Siempre la misma escusa. Desearía estar en mi casa, sobre mi cama, con un pote de cereal y mis libros, y la confianza de mis papas.
Oh Dios, sueno como una vieja chica.
Las miradas de algunos desconocidos se posan sobre mí, algunos con caras de asco, y otros, divertidos, como si les ocasionara risa mi misa existencia.
Y luego recuerdo que llevo puesto un pollerón negro muy suelto para mi figura; mis jeans azules cubren toda mi pierna y no llevo tacones como la mayoría de las chicas en este lugar.
Encuentro mi reflejo en el marco de una fotografía junto a un mesón.
Aparte de mi ropa, mi pelo luce como un animal enjaulado con vida propia. Una gran masa roja sobre mi cabeza.
Genial
Sus miradas solo logran ponerme aún más incómoda.
-Blake, por favor.
-Uuuugh, ¡Sky! Y después te andas preguntando por qué nadie te invita a nada. ¡Eres una aguafiestas!
Miro a mí alrededor, y siento como si todos me estuviesen mirando, pero la verdad es que no lo están. Aun así, encorvo mi columna y miro a Blake con ojos de súplica.
-Acompáñame a tomar el autobús, solo eso.
La mirada aburrida de Blake quema mis ojos, y luego voltea y se entremezcla con la gente.
-¡Blake! –grito.
Busco con la mirada a Niall o a Blake, pero es inútil. Chequeo en mi bolsillo que aún tengo mi celular y mi pase de estudiante para el autobús.
A veces odio a Blake.
Mi dirijo hacia la puerta.
Después de caminar unos cuantos metros en la calle me detengo en el paradero. Saco el celular de i bolsillo y checkeo la hora.
Dios mío, son las 11:45. Si mis papas llegan a enterarse que salí sin permiso día de colegio me van a enterrar viva.
La peor parte: ni si quiera sé si a esta hora salen autobuses.
Por lo que decido esperar veinte minutos, o si no me iré caminando. De todos modos no son más de diez manzanas.
Ugh a quien engaño, si tengo que caminar diez manzanas me va a dar un ataque cardiaco.
Espero durante 15 minutos cuando escucho pasos hacia mí. La curiosidad me gana y volteo.
Una sonrisa coqueta, ojos verdes y pelo despeinado se posa frente a mí.
-¿Nunca te ensenaron que es peligroso estar sola en la noche para una chica como tú? –dice. Su voz suena más calmada y segura de la última vez que lo vi.
-¿Uh? –es lo único que logro sacar.
¿De verdad está haciendo como si nunca en mi vida lo hubiese visto? ¡Jesús, desperté en su departamento!
-Hay gente peligrosa allí afuera.
-¿Me vas a violar? –espeto.
(Golpeo internamente mi cabeza con mi palma)
Una sonrisa escapa de sus labios, y la verdad es que no le veo la gracia.
De pronto, confianza se apodera de mi boca, mis palabras y mis pensamientos. Quito un mechos de mi pelo de mi cara y lo hecho hacia atrás.
-Mira –digo, intentando mantener mi tono de voz tranquilo y en calma -, no sé quién eres, pero me haría un graaan favor si no te cruzas nunca más en mi vida –digo.
El muchacho sigue con la sonrisa implantada en su rostro pero por alguna razón sus ojos no me inspiran la misma confianza que antes. Noto como se mete las manos de los bolsillos y alza la cabeza.
También me doy cuenta sobre como la polera blanca abraza todo su cuerpo en las partes correctas y como su medallón de avión de papel cuelga por sobre su cuello y se posa calmadamente sobre su pecho.
Hey, no. Olviden la última parte.
-¿Disculpa? –dice, fingiendo sorpresa.
-Eso –digo, y para ser cien por ciento honesta, no sé de donde esta confianza viene, pero me gusta sonar más segura de lo que soy.
A parte, mi altura no em ayuda a crear respeto. Inconscientemente me elevo un poco sobre las puntas de mis ballerinas.
-No sé qué quieres de mí, y la verdad es que no quiero saberlo, y no tengo idea de por qué amanecí en tu departa---
-¿Qué? –dice, y ahora crep que no actúa la sorpresa.
Arruga levemente los labios y eleva las cejas. Me mira con ojos acusatorios y siento que dije algo que no debía.
Decido usar mi último recurso. Suspiro y miro cansada al chico.
-Mira, he tenido un día asqueroso y extraño y confuso y lo único que quiero es llegar a casa –digo, elevando mis manos. El chico sigue inspeccionándome pero me da lo mismo a este punto -. Ahora ni si quiera estoy muy segura de que fue contigo con quien salí del supuesto pub y no sé qué se supone que era que estaba haciendo yo, de todas las personas de este mundo, en tu departamento –vuelvo a suspirar -. Y la verdad es que no creo que seas una mala personas pero---
El chico me interrumpe y abre los ojos, como si hubiese visto a un fantasma. El color drena de su cara, y me mira intensamente.
¿Y ahora que dije?
-¿Cómo lo hiciste? –me dice.
Sacudo mi cabeza confundida. Miro la calle en caso de que pase el autobús y rezándole a todos los dioses para que llegue un autobús, o un taxi, rápidamente.
-¿Qué? –dio.
Sus manos agarran con fuerza mis muñecas y estoy aterrada. Siento miedo, y ya no parece tan indefenso. Veo como sus ojos se oscurecen y ni si quiera puedo distinguir el color verde de sus ojos.
-Como. Lo. Hiciste –repite, lentamente, como si no hubiese escuchado la primera vez.
-¡No hice nada! –digo con pánico, y literalmente puedo sentir toda la mi confianza dejando mi cuerpo.
Con desesperación, busco a mí alrededor pero las calles están vacías. A lo lejos escucho la música desde el departamento del amigo de Niall y maldigo a Blake por no querer acompañarme.
Agito mis manos esperando que el chico me suelte y preparo mis piernas para salir corriendo, pero el tiempo no llega. De hecho, mis movimientos solo causan que el tipo apreté aún más mis manos.
-Hmm –suspira, frunciendo el ceño.
De la nada, suelta mis muñecas y en acto reflejo me las masajeo. Por alguna razón mis piernas no parecen obedecerme y me quedo plantada frente al chico. Evado su mirada y lo escucho murmurar.
-Interesante –sigue examinándome, y por alguna razón estúpida, siento como la sangre se apodera mis mejillas. De pronto, sus facciones se relajan y choca sus palmas con sus piernas -. Bueno, creo que nos conocimos en los términos equivocados, soy Harry –dice.
Harry.
Sí, tiene cara de ser un Harry.
-Soy Sky –y esto es definitivamente raro.
¿Por qué no estoy corriendo por mi vida? En vez de escapar, estoy presentándome frente a este extraño. Recuerdo como él, en la mañana, dijo mi nombre, como si me conociese desde hace mucho tiempo.
-Verás, Sky –dice, acentuando mi nombre -, en este momento tengo asuntos que atender, pero voy a llamar a un amigo mío para que te vaya a dejar a tu casa.
-¿Qué? –digo, procesando sus palabras - ¡No! Digo, gracias. Pero no. Gracias, pero no.
Sacudo mi cabeza como si tuviese un tic y el chico sonríe.
Me encuentro imitando su sonrisa.
Cualquier persona sana estaría corriendo, peor no, tenía que ser yo la tonta que le sonríe al chico más raro del planeta Tierra.
-Sky, ¿de verdad piensas que los autobuses pasan en la noche los domingos? –pregunta, como si fuese obvio -. Además, se está haciendo tradición este tema de tener que protegerte.
-Umm.
¿Así que los autobuses no pasan los domingos? ¡Y Blake no se dignó a si quiera advertirme! Oh Dios.
Cuando vuelvo a posar mi vista sobre Harry, él tiene su teléfono presionado en su oreja.
Estoy a punto de hablar, y Harry me detiene con un gesto y me sonríe.
-Soy yo –dice, y luego ríe -. Sí, cállate –vuelve a soltar otra risa -. Bien, te tengo una damisela en peligro –dice y me mira.
Sacudo mi cabeza y susurro “no”.
Pero me ignora.
~*~
Si hay algo más incómodo que estar 15 minutos dentro del auto de un extraño (muy guapo) en silencio, quiero que alguien me lo diga, ahora.
Creo que pasé 99% del tiempo mirando por la ventana, como si las luces fuesen inventos de Dios.
Al final le agradecí rápidamente y salí del auto.
Quiero que alguien escriba esto. Hoy fue el día más raro de mi vida.
Recapitulemos. Desperté en la habitación de un extraño, fui a una fiesta y en la misma noche me pillo con el mismo extraño, el cual decide llevarme a casa, pero esperen, hay más. Él no me llevó a casa, un amigo suyo- Zayne creo que fue el nombre, si no recuerdo mal- lo hizo.
Por favor, si alguien quiere decirme que algo así o más extraño le ha pasado en la vida, les ruego que me digan.
Cuando finalmente llego a mi cama, no me molesto en quitarme el pollerón, ni ponerme los pantalones del pijama. Simplemente me dejo caer en la cama y cierro los ojos.
Conociéndolo, probablemente ni si quiera está estudiando o visitando museos, más me lo imagino tendido en una toalla en la playa.
¿A quién mierda le compran un viaje para dos a Madrid de regalo de 18 años? Como si algo especial fuese a pasar.
No.
Supérenlo.
Cumplir 18 es lo mismo que cumplir 17.
Bueno, no. Pero en el fondo es lo mismo.
¿Y por qué decidió llevar a Ed y no a mí? ¡Soy su hermana, por el amor de dios!
Abajo, escucho los sonidos de los platos sobre la mesa, y decido que sería bueno bajar a ayudar un poco para la cena.
Al bajar las escaleras veo a mi papa recostado en su sillón leyendo el diario. Probablemente está leyendo las tiras cómicas. A mi izquierda, mi mamá tiene en ceño fruncido mientras observa su celular.
La mesa esta lista a excepción de los vasos. Mi papá levanta la vista desde el diario y me da una mirada curiosa.
-Niall llamó hace un rato –dice y me examina -. Sky, hace un poco de calor como para llevar pollerón y jeans en la casa –dice, y vuelve la mirada al periódico.
Por acto reflejo toco mis mangas para asegurarme de que están protegiendo mi brazo. Si mi papá viese los rasguños y moretones no sé cómo podría explicarlo.
Claro, podría decir que fue un gato, como el chico de los ojos verdes dijo. O podría decir oh, tranquilos, hoy en la mañana me levanté y descubrí que mi cuerpo estaba lleno de rasguños y moretones, ¡pero que no cunda el pánico! No recuerdo nada de lo que hice anoche y desperté en la casa de un extraño que me trajo a casa y empezó a hablar locuras en la puerta de la casa.
Sí, de seguro eso funcionaría.
Asiento y me encamino hacia la cocina.
-¿Ayudo en algo? –digo. Mi mamá suspira y bloquea su celular, dejándolo en la brillante mesa junto al horno.
-Sirve los platos, ¿sí?
Me mira agotada, sus ojos se ven exhaustos, como si hubiese corrido una maratón. Me ofrece una sonrisa, pero una vez que la sonrisa deja sus labios, sus ojos vuelven a su antigua expresión. Sale apresurada de la cocina.
Okay.
Platos. Sí.
Desde adentro escucho murmullos. Seguramente mis papás discuten los detalles de las cuentas o algo parecido, por lo que no me interesa escuchar detrás de las paredes.
Una vez servidos los platos nos sentamos en la mesa. Papá y mamá comparten miradas y siento como si se estuviesen comunicando en secreto.
-Y… erm –murmuro.
-¿qué? –pregunta mi mamá.
La atención de ambos está en mí ahora. Levanto los ojos de mi comida y dejo de revolver el puré con el tenedor, dejándolo descansar sobre el plato.
-¿Por cuánto tiempo va a estar Josh en Madrid? –pregunto, y vuelvo a mirar mi plato como si fuese la invención más fascinante del siglo XIX.
De reojo noto las miradas preocupas de mis padres cruzar la mesa.
“La próxima semana” dice mi papá al mismo tiempo en el que mi mamá dice “En un par de días”.
Levanto la cabeza y suelto una risita. La preocupación se desvanece del rostro de mi mamá pero mi papá continua con su vista puesta sobre mi mamá.
-Oh… kay.
Termino de comer antes que ambos de mis padres. El silencio se apoderó de la mesa durante toda la cena. El timbre suena y me levanto rápidamente de la silla para abrir la puerta. Escucho murmullos desde la mesa, pero no estoy lo suficientemente interesada como para voltear.
Niall sostiene una mochila atraves de su hombro una vez que abro la puerta. Detrás de él, Blake luce su vestido de flores junto a una chaqueta de cuero que me habían regalado a mí para la navidad pasada, pero decidí que no era mi estilo, así que al reciclé y se la di a Blake para navidad.
Blake sonríe hacia mi dirección.
-¡Hola tío! –grita Niall hacia el comedor.
Niall se hace paso hacia la mesa y saluda con una sacudida de mano a mi papá y con un beso en la mejilla a mi mamá. Niall se lleva bien con toda mi familia.
Digo, no es que sea muy grande. Pero lo conozco desde el jardín infantil, entonces es prácticamente de la familia.
Por otro lado, Blake les ofrece una sonrisa y un simple hola, y los tres subimos a mi habitación.
-Meh, no sabía que iban a venir –digo, dejándome caer en la cama con un suspiro.
-Honestamente yo tampoco, mi amor –dice Blake, dejando caer su bolso junto a la silla del escritorio.
Niall saca su teléfono del bolsillo y se sienta en la esquina de la cama.
-Oh Dios, dime por favor que es broma, Sky –dice Blake, levantando mi cuaderno de algebra.
-Blake, te juro que te mato si me pierdes la página –digo, levantando la cabeza de la almohada.
Blake levanta una ceja y deja el cuaderno abierto sobre el escritorio. Se sonríe a sí misma y me mira, con emoción en sus ojos.
-¿Qué te pasa? –digo.
-Te tengo que contar algo –dice, arrastrando la silla del escritorio y sentándose en ella.
La empuja unos centímetros más hacia la cama y levanto la espalda, quedando sentada junto a Niall.
Niall rueda los ojos.
-Por favor no –dice.
Blake recoge una almohada naranja del piso y se la tira en la cara a Niall. Él hace un sonido extraño y deja caer su teléfono. Un risa escapa de mis labios y centro mi atención en Blake.
-Okay, dime.
-No, así no –dice, haciendo un pucherito -. Quiero que te comportes como una niña.
-Oh mierda, pensé que no lo era –digo, y Niall sonríe.
-Tranquila, Sky, en mi interior siempre supe que eras transexual –dice Niall, dándole palmadas suaves a mi rodilla.
Codeo a Niall en las costillas y Niall gime.
-No, no. Digo que seas de esas típicas adolescentes gritonas por una vez en tu vida y me escuches.
Ugh.
-Ya, okay –se dice a si misma -. Hoy salí con Marcus –dice, mordiéndose el labio.
-¿Marcus? –digo.
-¡Sí! –dice, su espalda chocando con la parte de atrás de la silla -. Me llevó al---
-¿Quién mierda es Marcus? –digo, frunciendo el ceño.
-¡Uuuh! –dice Niall, la sonrisa aún se refleja en todas sus facciones.
-Ni que hubieses estado tan ebria, Sky –dice Blake, azotando mi cabeza con su palma.
La verdad es que no tengo ni puta idea de quien es Marcus. ¿Debería saber quién es? ¿O reconocer el nombre?
-Ósea, no es que él me haya ido a buscar y ¡bum! cita. Fue más un acto del destino…
Niall contiene una risa, y yo evito sonreír mordiéndome el labio. Ambos sabemos que para Blake, todo es destino, y todos los chicos de su vida son sus amores y todos los desconocidos guapos son amores a primera vista. Dejo me que cuente sobre su día con Marcus.
Aparentemente ambos chocaron en el metro mientras Blake iba camino a pagar la renta de su departamento y el chico la invitó a un helado y hablaron y rieron y blablablá.
Después de veinte minutos de cháchara sobre como el pelo de Marcus lucía, Blake decide ir al baño.
-Pero en serio, ¿Quién es Marcus? –digo a Niall.
Niall no despega la vista de su teléfono.
-¿De verdad quieres que te cuente toda la historia de nuevo? –dice, elevando la esquina derecha de su labio.
-No me refiero a eso –digo, acomodando mí buzo -. ¿Adónde lo conoció?
-Anoche, creo. Por lo que escuché estos dos bailaron toda la noche juntos y a ella se le olvido pedirle su número o algo así.
Anoche.
Un escalofrió recorre mi cuerpo. Recuerdos de ojos verdes y rulos se apoderan de mis pensamientos.
Blake abre la puerta de golpe.
-¿Dónde está Josh? –dice.
Suspiro.
-Se fue a Madrid con Ed.
-¿Qué?
Asiento y la miro con cansancio.
-Hijo de la puta con suerte –dice, rodando los ojos.
Niall me mira con asombro. Abre los ojos y arruga los labios.
-¿Y a ti como te fue anoche? –dice Blake.
Como un tic, mi cabeza gira y mi atención recae sobre ella. Abro mis ojos.
¿Sabe ella algo que yo no sé?
-¿Por? –digo, intentando mantener mi curiosidad al límite.
-No, nada, porque te vi saliendo del pub con alguien, pensé que había tenido suerte –dice, subiendo y bajando las cejas -. Eso sí, no pensé que el fuese tu estilo.
Oh Dios.
Entonces sí salí con el tipo de los rulos.
No, la pregunta es por qué salí con el tipo de los rulos.
-¿Tengo un estilo? –digo, porque claro, de todas las preguntas que surgen de mi cerebro tengo que hacer esa.
-Sky, tu especialidad son los feos o los morenos, no los rubios.
Rubio.
Rubio.
Rubio.
Si yo bien recuerdo, el tipo de los rulos no era rubio. En realidad para nada. Su cabello era color café claro. Ni si quiera sé cómo alguien podría confundir el pelo rubio con el pelo del chico.
-¿Rubio? –digo.
-¿Rubio? –dice Blake, imitando mi voz en un tono burlón. Ruedo mis ojos -. Si, Sky, no tomaste tanto como para recordar lo que hiciste anoche, mujer.
Blake ríe, pero yo no. No tomaste tanto como para… significaba que no estaba ebria o que tomé solo un poco. O quizás el concepto de ebriedad está un poco distorsionado de la realidad si está dicho por Blake.
Para ella, ebriedad son cinco shots de tequila.
-Y quien habría pensado que te gustan los bajos –agrega.
Y verán, esto me llama la atención en particular, porque si muy bien recuerdo el ruloso no tenía un hueso de bajo en sí.
De hecho me ganaba de estatura por una cabeza, fácilmente.
-¿Bajo? –pregunto.
-¿Nananana? Meeeh ¿rubio? ¿bajo?
Con Niall, comparto una mirada chistosa. Niall eleva las cejas y suelta una risa, que causa que explote en carcajadas.
Sin embrago, Blake parece no notar que nos burlamos de ella.
-¿mememe? Repito todo lo que Blake dice ¿Quién soy?
-¿Segura que te tomaste tu medicamente hoy, Blake? -agrega Niall, interrumpiendo su risa.
Blake mira a Niall como si estuviese mirando a su ex novio que resultó ser gay.
-Blablablá, soy Niall y me creo popular ¿Quién soy? – dice Blake, sentándose en la alfombra agitando las manos.
Niall mira a Blake por sobre su celular con una ceja elevada y una sonrisa y me encuentro yo misma sonriendo también. A veces me pregunta si las risas son contagiosas, porque la de Niall definitivamente lo es.
-Sí, creo que no fue una buena adivinanza –Blake sacude los hombros -. Da igual –dice, y luego voltea la cabeza como si estuviese buscando algo -. ¿Qué no hay comida en la casa?
Siento la mirada de Blake quemándome el cráneo. Levanto la mirada.
-¿Qué? –digo.
-Oh Dios mío, que si hay algo para comer, Sky.
-Se me vendrían bien unas papas –dice Niall.
-Hoy comí papas con Marcus –dice Blake, sonriéndose a sí misma.
Niall y yo compartimos una mirada extrañada y luego reímos.
Sabias que la verdadera autora de las historias que estas publicando esta muy molesta? Ella elimino la historia por una razón y es que personas como tú la plagiaban.
Por qué le robas las historias a lydia? Ni siquiera pones quien fue la verdadera escritora. Me parece realmente patético lo que estas haciendo, las personas como tú me hacen dar cuenta que este mundo es una mierda.
Hola Mer ayer comencé a leer la novela "Habitacion 315" y recién la pude terminar. POR FAVOR DECIME QUE NO TERMINA ASÍ, QUE SIGUE!! NECESITO LEER MAS, QUIERO MAS!! p.d.:¿donde esta el sexo que advertís al comienzo? no es que estoy desesperada por leer sexo gay de larry pero me intrigaba saber porque lo pusiste si no hay... por favor contéstame, gracias, saludos
Y la verdad es que generalmente recuerdo que hice la noche anterior cuando salgo a alguna fiesta o algo así. Y no creo haber tomado mucho, ya que no me duele la cabeza por resaca. La habitación no da vueltas y no siento nauseas al enderezar mi columna.
Inspecciono mí alrededor por unos segundos. Estoy recostada sobre una cama para una persona, totalmente vestida. Las paredes son de un color beige, como las de los hoteles. La habitación no tiene cortinas, pero si tiene una delicada tela que de nada sirve para controlar la luz que pasa por el vidrio de la ventana.
La habitación es bastante simple.
Con otro movimiento, destapo los cobertores blancos revelando mis piernas.
Algo me llama la atención. ¿Por qué mierda mis piernas están rajuñadas?
Inclino mi cuerpo y abrazo mi pierna con mis manos, como si se fuese a salir porque—oh dios. ¿Adónde estuve anoche? Algo en mi mano me distrae de mis piernas. Mis manos están llenas de moretones.
Levanto las mangas del pollerón que llevo puesto, solo para revelar una mescla de pecas y moretones y rajuñones.
Y aquí es cuando entro en pánico. Al apoyar los pies sobre el piso de madera frio, un cosquilleo recorre mi espalda y dolor se apodera de cada una de las partes de mi cuerpo, dejándome como un desordenado desastre tiritón.
Y lo admito. Tengo miedo de abrir la puerta.
Lo que cualquier persona haría, sería coger un bate, abrir la puerta y salir corriendo, gritando ayuda.
¿Por qué no tengo resaca?
Todo sería más fácil si esto fuese producto del alcohol restante en mi sangre de la noche pasada.
¿Y por qué mierda no me acuerdo de nada de anoche?
La puerta se abre de golpe y emito un pequeño salto. Miro con los ojos muy abiertos a la figura que entra a través de la puerta.
Rulos. Cortos. Es un niño. No, un hombre. No puedo ver bien sus facciones ya que este tipio está mirando hacia abajo.
Y wow. Definitivamente hombre. Músculos, torso desnudo. Mi cerebro escanea los tatuajes que cubren sus brazos rápidamente. Hay garabatos y palabras al azar. Una mariposa en su abdomen.
Quizás es gay.
Ojala no lo sea.
Lleva unos jeans negros, desgarrados. No está usando calcetines. Tiene unos pies bonitos. No es normal que los hombres tengan pies agradables. Generalmente los pies de los chicos me repulsan. No, éste tipo se preocupa de sus pies. Definitivamente gay.
El chico levanta su cabeza hacia mí. Y puedo ver todo claramente. Ojos verdes, como el fondo de una botella de vino vacía. Su nariz es un poco grande para su cara, y tiene forma de pene.
Dios.
Debería preocuparme en encontrar ese bate, para golpear a este chico y salir corriendo, pero no. Estoy en trance, observando los labios de este chico.
Pero, en mi defensa, son los labios más perfectos que he visto. Color fresa, bordes suaves y húmedos.
Hijo de la gran perra.
-Te tengo que llevar a tu casa, vamos.
Voltea todo su cuerpo, un ceño entre sus cejas y sus cejas y por favor no, ceñir te hará arrugas, no arruines tu perfecta cara.
-¿Qué? –digo, porque soy tonta.
-¿Qué de qué?
-Que de que mierda hago aquí, y de---
-Erm –me interrumpe.
-Quien cresta eres tú y por qué estoy llena de cosas
-Muchas preguntas. Te explico en el auto. Apúrate.
Y sin más que eso, se fue. Y me quedo más confundida que nunca.
Y no es que el tipo me de desconfianza, por el contrario, algo de él hace que quiera contarle todos mis secretos.
Por eso cinco minutos más tarde me encuentro en los asientos de atrás del auto. Al parecer no soy lo suficientemente buena como para estar en el asiento del copiloto.
El chico usa una polera blanca simple.
Luego de unos segundos de silencio incomodo- o incomodos para mí, ya que el tipo está pasándola bomba tarareando una canción que desconozco en la radio- digo:
-¿No me vas a explicar? Espera, ¿cómo sabes dónde vivo?
Veo sus ojos atraves del retrovisor. Puedo notar una sonrisa formándose, ya que sus ojos se achinan.
-¿No eres un acosador, verdad? –pregunto, solo para estar muy segura.
-Nope.
Por muy perfecto que sea este tipo, no puedo evitar pensar que esta situación es lo más raro que me ha pasado. Mi vida no es muy interesante tampoco, así que no hay nada con qué comparar.
-Entonces ¿serias lo suficientemente simpático como para explicar que mierda hago en tu auto? No, espera, ¿Qué pasó anoche? ¿Nosotros….
No me pude llevar a terminar esa frase porque ya es vergonzoso si quiera pensarlo.
Esperen, no. La verdad es que no. Es penoso que hubiese pasado algo con este chico y que no recuerde un puto momento de un milagro como este.
El chico ríe y es lo más melodioso que he escuchado. Me sentiría avergonzada de no ser porque podría pasar toda mi vida haciendo el ridículo para que este chico ría y morir como una mujer completa y feliz.
-¿Eso es un no?
El chico sacude la cabeza y me mira por el retrovisor.
Lástima.
-¿Entonces que hacía yo en tu casa?
-Buena pregunta.
-¿La vas a contestar? –digo, un poco exasperada.
-Es una larga historia –dice -. No hay necesidad de explicarte si luego lo vas a olvidar.
-¿Por qué la olvidaría? – digo, porque es verdad. Y también porque este temita me está aburriendo y acabo de notar adonde estamos y quedan menos de diez minutos para que llegue a mi casa así que no estoy para andar perdiendo mi tiempo con juegos.
-Porque eso es parte de mis maravillosos talentos –dice, sin quitar los ojos del camino.
-¿Y que eres tú, ahora? ¿Un mago?
Suspiro y me dejo caer en el sillón del asiento.
-Mejor que eso –dice.
~*~
Y ahora viene lo más raro.
De verdad, este tipo está loco.
Por muchos rulos y ojos verdes y labios rosa y torso infinito, este tipo está definitivamente loco.
Vale, al punto.
Cuando el chico detuvo el auto en frente de mi casa- aun no sé cómo mierda sabía mi dirección- me bajé del auto, sin querer azotando la puerta contra el auto.
-Gracias, supongo. Ten una buena vida – dije, caminando hacia la puerta de mi casa.
Pensé en la reacción de mis padres al ver mis moretones. Oh Dios mío, como iba a explicar algo que ni si quiera yo sé. Consideré volver a preguntarle al chico sobre qué había pasado, pero resolví que sería inútil preguntar y honestamente, me iba mejor sin la verdad.
-Hey, detente –escuché, luego del golpe de un auto y unos pasos hacia mi dirección.
Volteé mi cabeza y me encontré con el chico apresurándose hacia mí, piernas largas y dedos delicados.
El tipo se planta al frente mío y posa sus manos sobre mis hombros. Y el toque es suficiente como para que todo mi cuerpo se derrita bajo sus manos.
Afortunadamente, supe cómo mantener la compostura y solté un sonido que sonó algo así como “¿hmfp?”
-Mírame a los ojos, ¿vale?
Obedezco.
-Mierda, se supone que no debíamos conocernos así. Vale, bien. Vamos –dijo cerrando los ojos.
Elevé una ceja más confundida que nunca porque qué le pasa.
-Olvida que me viste. Olvida mi cara, mi departamento, mi auto. Um, ¿qué más? –se dijo a sí mismo -. Vas a olvidar que alguna vez me miraste. Las marcas en tu cuerpo fueron gracias a un gato. Anoche no pasó nada, fuiste a la casa de una amiga, tomaron de más y ella te trajo a casa sana y salva ¿vale?
Esto excede lo extraño.
-Pero—
-¿Vale? –dijo como si estuviese mirando directo hacia mi alma. Un cosquilleo recorre mis piernas y siento algo en mi cabeza, como si alguien estuviese intruseando en mi cerebro.
Con un poco de esfuerzo logré quitar el peso extra de mi cabeza. El chico frunció el ceño.
-Oh…kay –dije, siguiendo el juego.
-Bien, okay –dijo, no muy convencido -. Eso fue todo, - dijo, quitando sus manos de mis hombros – hasta pronto, Skylar.
Y así es como me encuentro pegada e inmóvil en la puerta de mi casa, reproduciendo la conversación en mi mente hasta que puedo sentir mi cuerpo de nuevo y decido que hace mucho frio como para quedarme fuera de la comodidad de mi casa.
Y aquí estaban ahora, esperando ver la reacción de administración ante la bomba que Louis les tenía preparados.
“Entonces sin Harry, ahora tenemos que- ¿si Louis?” dijo Paul, mirando confundido a Gemma, quien estaba acostada en la silla junto a Zayn.
“Sobre eso… Harry no está muerto”
Todos se quedaron congelados. Fue un mal momento para decir cualquier cosa- la taza que Paul sostenía en sus mano cayó al piso; piezas e cerámico regadas por el piso; Hannah Asher dejó caer unos papeles que llevaba en la mano, horarios y contratos en el suelo; y por lo menos tres celulares golpearon el piso en el momento en el que Louis abrió la boca.
“Es por eso que yo estoy aquí” agregó Gemma incomoda, mientras los cinco miembros de administración se quedaban en silencio. Paul pestañeo confundido.
“¿Cómo?” logró decir Asher débilmente, Paul asintió.
Liam se lanzó a explicar lo más rápido posible. Zayn dejó caer su mano sobre los hombros de Liam, apoyándolo. Los otros dos chicos se mantuvieron juntos mientras Gemma ofrecía ejemplos y términos medios cuando los necesitaban.
Al final de su discurso, Paul suspiró y se rascó la cabeza. “Déjame ver si entendí” dijo, mirando a Liam, quien tenía los brazos cruzados y una ceja elevada. “Harry grabó unas cintas de audio describiendo todas las cosas que lo llevaron al sui-“
“No todo” interrumpió Niall “, solo las trece principales razones.”
Paul suspiró. “Bien, sus trece razones porqué, detalladamente, amenazando con lanzarlas al público si las cintas no seguían su rumbo, luego resultó que está vivo y a ninguno de ustedes se les ocurrió que sería buena idea decirnos.”
“No, decidimos no informarles” dijo Zayn “porque no había ayudado en nada la primera vez.”
“¡No podíamos haberlo ayudado si no sabíamos que estaba pasando!” dijo Paul rascándose la cabeza como si tuviese migraña. “¿Y cómo mierda le vamos a explicar esto a Simon?”
“Considerando que él es una de las razones, él debería estar escuchando las cintas por ahora” Liam se encogió de hombros, su postura siendo la más relajada de todas.
“¿Le mandaste las cintas?” gritó Asher, mirando a Louis incrédulamente. Ella se había aguantado todo esto sabiendo que los chicos ya habían escuchado las cintas. “¿Estás loco?”
“¡Se merece mucha más mierda que todos nosotros!” Niall se defendió, rojo. “Usted más que nadie sabe eso”
Paul suspira. “Ugh, Hannah, ¿Tu sabias de todo esto?”
La conversación de volvió intensa después de eso.
Liam lentamente les explicó el rol de cada uno dentro de las cintas, comenzando por Jenna y terminando por Simon.
Los ojos de Cameron Beckett se posaron sobre Niall luego de escuchar sobre su bulimia- Cameron estaba a cargo de la salud de los chicos. Niall se retorció bajo su mirada. Niall sabía que ya no podría salir de esto.
Cuando Liam terminó, la habitación quedó en silencio.
“Estamos todos cagados” admitió Zayn “pero vamos a arreglar esto, empezando con Harry”.
La reunión se alargó hasta que administración decidió que hacer con el asunto.
Niall tendría una hora con un doctor al día siguiente, seguido por una reunión con un psicólogo; Liam, Louis, y Zayn irían dando pequeñas ‘pistas’ sobre el estado de Harry; Gemma les iba a mostrar a Paul, Asher y Cameron, Harry, para que les creyeran que estaba vivo; el resto de administración se iban a juntar en otra reunión para planear como dar la noticia de que Harry estaba vivo.