“Es increíble. Si, ella lo es”
Escrito por: Himevampirechan
-Procustes es… envidioso.- Le había dicho. Y cuando Frankelda buscó desesperadamente su consuelo, Herneval no dudó en ser sincero.
Su dedo pisa la cuerda equivocada del instrumento al recordar que, en ese instante, casi la besa.
-Quizás demasiado sincero.- piensa abochornado. La joven escritora, demasiado ocupada en narrar su más reciente historia, no nota su error.
Para el príncipe de los sustos los últimos días habían sido un remolino de emociones; sin embargo, no recordaba la última vez que se había sentido tan dichoso.
El pasar el tiempo con Frankelda, llevarla a conocer su reino, convivir con su gente era más que una parte de sus planes. Era cumplir una fantasía que tenía desde pequeño.
Sin importar que Mitélitas es como un hermano para él, Herneval había crecido demasiado rápido en un mundo de adultos. Vivir la crisis del reino de los sustos y el terror de perder a su padres, le habían dado la empatía necesaria para comprender la solitaria infancia de Francisca Imelda.
Cuando, siendo niño, se escabullía debajo de su cama para leer imaginaba con regularidad lo qué pasaría si ella despertara y lo viera: ¿Se escondería con él? ¿Le harían bromas a su abuela? ¿Correrían dentro de la cocina para robar pan dulce y comerlo sin permiso en el cementerio?
Herneval sonríe melancólicamente ante las incontables fantasías donde hacía llorar a sus crueles compañeros de escuela, asustandolos por burlarse de ella.
Teniéndola enfrente de él, gesticulando apasionadamente cada diálogo de su cuento, le sigue pareciendo ridículo que alguien negara alguna vez del talento de su escritora.
- Entonces tras ser convertido, Gnomo se dio cuenta que su vida como Nemo no había sido tan mala. Fin - Concluye Frankelda sujetando la libreta sobre su regazo y reclinándose hacía él con una sonrisa macabra.
-¡Es increíble!- exclama él sintiendo como las plumas de sus alas se erizan con emoción y colocando su instrumento a un lado.
-Gracias- responde ella, desviando ligeramente la mirada y colocando un mechón de cabello tras su oreja. Herneval se congela, hipnotizado por el ligero sonrojo en el femenino rostro.
Ambos saltan, sorprendidos por una repentina explosión en el cielo. Por un instante, la joven cubre sus oídos pero su expresión se ilumina cuando los brillantes colores de los fuegos artificiales les rodean.
Herneval le sonríe, y haciendo un gesto con su mano la invita a mirar por el balcón. Se sientan uno al lado del otro, mientras él le explica en susurros los significados de cada explosión.
Una risita se le escapa a la joven cuando las chispas rojas dibujan algo parecido a su rostro y, aunque el espectáculo es increíble, Herneval no puede desviar sus ojos de ella.
Tiene un rostro pequeño pero expresivo. Frankelda no teme mostrar sus emociones y tiene la sonrisa más contagiosa; ha sido todo un placer descubrir que sus súbditos, igual que él, son incapaces de resistirse a ella.
Sus ojos son grandes e inteligentes. El príncipe puede deducir, por el brillo de sus ojos, cuando su imaginación la ha llevado lejos. Exactamente como en ese instante.
Herneval levanta su mano y acaricia su mejilla. La escritora vuelve el rostro, como buscando el contacto de sus dedos y tras dedicarle una tierna sonrisa regresa su atención al espectáculo.
Frankelda le había devuelto la esperanza de curar a sus padres, salvar a su pueblo y no volver a sentirse solo.
Con el corazón latiendo frenético en su pecho, el susto se acerca y Frankelda se reclina, inconscientemente, contra su hombro. Permanecen ahí juntos, mirando al cielo incluso cuando ya no hay más luces por ver.
Con un suspiro Herneval deja caer su mejilla contra la cabeza de la joven, quien escribe en su libreta de cuero con renovada inspiración.
-Solo espero estar haciendo lo correcto.- piensa cerrando los ojos y escuchando el rasgar de la pluma de Frankelda contra el papel.
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No me habia podido sacar de la cabeza la idea de este oneshot desde que vi la película. Asi que, espero lo disfruten.















