Fanfic Naruhina - Cenizas de Cristal
La ciudad brillaba como un espejismo bajo las luces doradas de la noche. Desde lo alto del hotel, cada cristal reflejaba una versión distinta de la realidad: una en la que todo parecía perfecto, y otra —más oscura— que solo ella podía ver.
Desde las alturas, todo parecía en calma.
Pero Hinata Hyuga no sentía paz.
Dentro del salón principal, el aire era espeso. Una mezcla de perfumes costosos, champagne, carcajadas calculadas y ambición. Trajes oscuros, vestidos impecables, apellidos que pesaban más que las palabras. Un desfile de máscaras con sonrisas ensayadas. Todo meticulosamente colocado, como un tablero de ajedrez en el que ella ni siquiera había elegido ser una pieza.
Obligada por las formas, por el apellido, por un padre que hablaba de libertad pero exigía obediencia silenciosa.
El vestido negro que llevaba —con espalda descubierta y encaje discreto en el cuello— no era para ella. Era para el clan. Para mantener la imagen. Para fingir que estaba bien.
Hinata sentía el corsé apretarle más que el vestido. No solo en el cuerpo, también en el alma. Y no era por las luces, ni por las cámaras, ni por las palabras vacías. Era por él.
Lo presentía en cada rincón.
En la forma en que el camarero la observó un segundo más de lo normal.
En el mensaje sin remitente que recibió esa mañana: "Nos veremos esta noche."
Cada paso entre la multitud era como caminar sobre cristales. Se sentía expuesta. Culpable.
Años atrás, había creído en él. En sus promesas, en su apoyo, incluso en su amor. Cuando estudiaban juntos, cuando todo parecía más simple, cuando ser amada se sentía como un refugio. Pero Toneri no era un refugio. Era un incendio envuelto en palabras dulces.
Después de la ruptura, vino el chantaje.
Él no había superado nada. Solo cambió de táctica.
Con la ayuda de alguien más —ella aún no sabía quién— fabricó un escándalo que podría destruir a los Hyuga. Pruebas falsas, acusaciones elegantes disfrazadas de verdad. Y Hinata, sola, asustada, sin nadie a quien acudir, cedió.
Guardó el secreto, firmó lo que le pidió, aceptó su presencia... y pagó el precio.
Desde entonces, vivía con el temor constante de verlo aparecer. A veces era una nota. A veces una mirada entre la multitud. A veces, solo un sueño que se convertía en pesadilla al despertar.
Y esta noche... él podía estar allí.
Inspiró hondo, sintiendo la presión de todo su mundo cerrarse un poco más. Apretó los dedos alrededor de su copa, que seguía intacta.
—Hinata —la voz de Neji la sacó de sus pensamientos, ligeramente tensa pero no hostil—. ¿Estás bien? Recuerda que estamos aquí representando a los Hyuga. Sé que no te gusta, pero solo unas horas, ¿sí?
Ella no respondió. No tenía fuerzas para fingir.
Neji se marchó, como todos. Como siempre.
Fue entonces cuando lo sintió.
No una mirada. No una palabra. Algo más sutil. Como una fisura en el aire. Como una presencia que desplazaba todo sin esfuerzo.
Hinata giró lentamente. Lo vio entrar.
No necesitaba presentación. Su historia era leyenda en los pasillos del poder. De bastardo ignorado a titán imparable. De cenizas... a imperio.
Llevaba un traje oscuro, sin corbata. La camisa desabotonada apenas en el cuello, como si se negara a ajustarse del todo a las reglas. Su cabello rebelde, su andar relajado. Pero lo que más destacaba eran sus ojos: azul profundo, casi apagado. Como si el éxito no hubiera borrado el cansancio, solo lo hubiera disimulado mejor.
Hinata lo observó un segundo más de lo necesario. Había oído hablar de él antes, claro. Su nombre flotaba con frecuencia en las conversaciones de su padre, a veces como amenaza, a veces como advertencia. Naruto Uzumaki era todo lo que un Hyuga debía evitar: impredecible, sin raíces, sin tradición. Un hombre hecho a sí mismo y, por lo tanto, peligroso.
Y aún así, había algo en su aura que desarmaba.
Ella apartó la mirada. No necesitaba otro hombre complicado en su vida.
Se deslizó hacia una de las columnas, buscando refugio.
La voz del maestro de ceremonias anunció el inicio del evento. Hablaron del éxito, de los logros, del esfuerzo.
Hinata no escuchaba. Solo sentía el zumbido constante en su mente. Como un reloj marcando la cuenta regresiva hacia algo inevitable.
Entonces, lo sintió antes de verlo. Una energía familiar. Un escalofrío.
A solo metros, vestido de blanco, como si la pureza pudiera ocultar la podredumbre. Hablaba con un grupo de empresarios, pero su mirada, esa mirada, iba dirigida a ella. Como una amenaza silenciosa.
Hinata sintió que el aire se espesaba.
Dio un paso hacia atrás, su instinto gritándole que huyera. Su pulso acelerado. Su garganta cerrada.
Un cuerpo firme. Un contacto inesperado. Su copa tambaleó y casi cayó.
—Cuidado —dijo una voz masculina, grave.
Su mirada la examinaba con intensidad. Como si buscara fragmentos rotos en su expresión. Como si reconociera el temblor que ella no podía ocultar.
—Lo siento… fui yo quien no miró —murmuró ella, bajando la vista apenas, avergonzada por el tropiezo y por haber perdido el control.
Naruto ladeó la cabeza, como midiendo su respuesta. Había algo en sus ojos… no burla, no frialdad. Curiosidad.
—¿Estás bien? —preguntó. No como un caballero elegante, sino como alguien que realmente había notado su miedo.
Hinata tragó saliva. Miró hacia donde estaba Toneri. Ya no estaba en su línea de visión. ¿Se había ido? ¿La observaba aún?
—Estoy bien —respondió, forzando una pequeña sonrisa. Demasiado pequeña para convencer a alguien como Naruto.
Él asintió, sin moverse aún. Su mirada volvía cada tanto hacia ella. No decía nada más, pero tampoco parecía dispuesto a marcharse.
—No pareces de aquí —comentó finalmente.
Hinata lo miró, manteniendo la compostura.
—Y tú pareces creer que este lugar te pertenece.
Una chispa danzó en sus ojos. Un juego. Un cruce de espadas verbales.
—No pertenezco a ningún lugar. Solo camino entre ellos.
Ella no respondió. Había algo en él que la inquietaba, pero no de la misma forma que Toneri. Era… otra cosa. Como si su presencia rompiera la lógica que ella se había obligado a seguir.
—Disculpa —dijo ella al fin—. Necesito un momento.
Hinata caminó con paso firme hacia el baño. Cerró la puerta tras de sí y apoyó la frente contra el espejo.
Su reflejo la devolvía al presente.
Toneri. Naruto. Su padre. La jaula invisible.
Todo girando alrededor de ella como si fuera el centro de una tormenta que no pidió desatar.
Pero esta vez no era una víctima. No por completo.
Se arregló el vestido. Respiró hondo. Y salió.
La noche apenas comenzaba.
Y Hinata Hyuga sabía que las guerras más feroces se libraban en silencio.
Bienvenidos a mi rincón. Aquí encontrarás historias donde la imaginación no tiene límites, combinando mis pasiones, pen...