Zachary Bailey: esposo, padre de tres personas, miembro de una banda no confirmada, conductor de una minivan a petición de sus padres, proveedor de comida y, próximamente, cuarentón. Ese era el meollo del asunto, Zack estaba a treinta días de cumplir “la edad”. Esa edad donde la menopausia llega a la vida de las señoras y los hijos se rebelan, donde las canas son imposibles de retener y tu cuerpo comienza a doler en lugares donde antes no sucedía nada. No había comprendido lo importante que era eso, hasta que su mirada cayó en la fecha de su teléfono.
“Harry, es que no entiendes.” Ahora estaba con su mejor amigo, quejándose de la vida como usualmente hacían. “Estoy por convertirme en adulto. No como cuando me dieron mi identificación, sino adulto de verdad. Mis hijos se casarán, cuando despierte tendré nietos. Y luego, llegará Nicole, joven como siempre y me dirá que es tiempo de ir al asilo. Moriré en dos semanas y tu seguirás viviendo feliz, joven y bello mientras yo estoy bajo tierra.” Dramatizó, pero para todo aquel que hubiese convivido más de un día con Zack, encontraría aquello de lo más normal. Pasó una mano por sus cabellos, el tono fantasía se había caído desde hacía unas semanas y ahora solo quedaba una mata de color café caramelo. Entonces, cuando casi se ponía a llorar porque su cabello no sería más de un color maravilloso, llegó su único hijo. “Papá, dice mamá que si estás listo para ir al asilo…” Zack gritó. [ @harry-dahulk]










