Hay etapas que no se cierran, se disuelven.
Un día simplemente notas que ya no estás en el mismo lugar.
Que lo que aprendiste pesa menos y vale más.
No hay ruido, solo una calma nueva.
Llegó el momento de dejar que este capítulo respire por sí solo.
No porque haya terminado, sino porque ya cumplió su propósito.
Y en esa quietud, empieza algo distinto.













