Todos tienen una marca al nacer, una cicatriz con el nombre de la persona con que vas a compartir tu vida. Ichigo tenía una en su pecho, pequeña pero muy profunda, un nombre en katakana. Pero extrañamente también una pequeña y delicada cicatriz en su muñeca con el nombre de una de sus compañeras de clase. Todo iba perfecto hasta que el destino lo alcanzó.
El día llegó antes de que Ichigo quisiera. No quería lastimar a su compañera, pero de verdad no perdía la esperanza de encontrar a Rukia, y aceptar salir con ella aunque estuvieran acompañados de Tatsuki en cierta forma era una especie de compromiso con la chica de cabello naranja. Aunque siendo sincero al parecer ella ya creía que tenían algo desde que hablo con ella sobre su segunda marca.
¿Qué se supone que debía hacer? ¿Cómo le diría a Inoue que no correspondía sus sentimientos sin lastimarla y sin que Tatsuki le rompiera la nariz?
Sabía que era inútil preocuparse, de nada le iba a servir. Y para colmo Yuzu lo convención de usar este año un yukata. Había sido muy rudo con su hermana los últimos días, y que Karin hubiera aceptado lo termino de convencer, incluso su papá se compró uno para ir “igual” que sus vástagos.
Vio bajar de las escaleras a su padre con un yukata gris, le dio una patada antes de que se acercara a sus hermanas y tratara de atar el obi de Yuzu. Esa normalmente era la tarea de su madre, pero desde hace siete años que ella ya no está y aunque la menor de las mellizas arreglaba el yukata de Karin, ella no sabe cómo hacerlo en el suyo. Le tomo varios intentos, pero no se desanimó hasta que vio que su hermana sonreía al ver el moño doble en el espejo.
Karin usaba un yukata que en lugar de flores por toda la tela tenía lunares de colores índigo, turquesa y rosa pastel -seguramente su hermana lo había escogido- y Yuzu usaba uno de color blanco con girasoles y peonías decorándolo.
Se encargó del propio, no era tan vistoso como el de sus hermanas.
Por un momento antes de salir se permitió ver a sus hermanas, en ellas estaban desapareciendo poco a poco los rasgos infantiles, le costaba algo de trabajo aceptar el hecho de que algún día llegaría alguien a arrebatarle a sus bebes. Ichigo cuando era pequeño nunca le preguntó a su madre, pero de todas formas más tarde decidió que no quería saber los nombres que estaban en el cuerpo de sus hermanas. No creía poder aceptar que ellas estaban atadas a un hombre desde su nacimiento.
—Onii-chan, levanta a papá. No me quiero perder nada del festival.
—Ya voy— sacudió a su padre, que al poco tiempo reacciono—, vamos viejo, se nos va a hacer tarde.
— ¡Pero que hermosas hijas tengo! ¡Igual de hermosas que su madre!— el hombre inmediatamente abrazo a sus hijas con ambos brazos levantándolas del suelo—. Una lástima que mi único hijo varón no sea tan apuesto como su padre.
Ichigo rodó los ojos, ni siquiera valía la pena molestarse por eso.
Llegó al festival casi siendo arrastrado por Yuzu, que parecía que realmente había una razón en especial para que hubiera tanta prisa para hacerlo llegar al festival, y es que su hermano normalmente no los acompañaba desde que entro a la preparatoria, pues en su lugar caminaba y comía con sus amigos una o dos horas y después volvía a casa sin esperar el inicio de la proyección de los fuegos artificiales.
Paseo con sus hermanas y su padre aguantando las niñadas de su papá, comieron takoyaki e Ichigo incluso se permitió el gusto de comer uno que otro dulce. Ichigo debía de admitir que genuinamente feliz de estar en estos momentos con su familia, trataba de no pensar en su “cita” con su compañera de clases, pero sabía que el tiempo ya estaba en su contra. Cuando vio a Tatsuki saludarlo a la lejanía con Orihime a su lado, ambas con yukata de color rojo y celeste respectivamente, Ichigo sabía que todo había comenzado. Al menos no haría el ridículo siendo él el único usando la vestimenta tradicional.
Al final había sido una peor idea de lo que había pensado, no porque le desagradara estar con Tatsuki e Inoue, sino por cómo los estaban viendo, como si su cabello no hubiera llamado suficiente la atención, el estar acompañado de dos mujeres que obviamente no eran su familia llamaba la atención de aquellos que parecían tener nada mejor que hacer. Seguramente pensaban que era un yakuza que casualmente sacaba a pasear a sus mujeres.
Orihime continuaba paseando con tranquilidad, quizás no se había dado cuenta o simplemente les ignoraba, pero Tatsuki definitivamente se había dado cuenta de las miradas que recibían, y la incomodaban tanto como a él.
Terminaron decidiendo que lo mejor era alejarse de los lugares concurridos, y poco a poco Ichigo notó que estaba siendo llevado hacia un pequeño puente de madera.
—Pensé en que sería agradable ver los fuegos artificiales.
Tatsuki se encogió en hombros y acabo poniéndose al lado izquierdo de Ichigo mientras Orihime del derecho. Aunque le regalo una expresión dudosa ella ni se inmuto, así que supuso que se trataba de exageraciones suyas y se regaño a si mismo pensando que debería de confiar en su amiga y disfrutar del show que llevaba años sin disfrutar. Mientras Ichigo escuchaba los primeros juegos artificiales explotar, se percató gracias a su visión periférica que Tatsuki ya no estaba allí. Frunció el ceño ¿A dónde había ido? Volteo a ver a la muchacha a su derecha.
—Inoue ¿Sabes dónde está…?
Sintió un abrazó repentino en sus hombros al tiempo que su pregunta murió, y el brusco contacto en sus labios con los de la chica de cabellos naranjas que en estos momentos cambiaba ligeramente de color debido a las luces de la pirotecnia. Ichigo se sintió extraño, más bien no estaba la chispa que supuestamente se sentía al dar el primer beso con tu destinado, de hecho ni siquiera tenía los ojos cerrados. Era consciente de que tan solo habían sido unos segundos, pero su incomodidad le hizo sentir que fue mucho más tiempo.
Ella se separó de él aunque no tan sonrojada como esperaba. Trató de sonreír, pero Orihime no era boba, obviamente había percibido su incomodidad.
—Kurosaki-kun… quería que tú fueras tu quien lo hiciera, pero ya no quiero esperar— ella bajo la vista para mirar sus propios pies, tan nerviosa como siempre. Él también estaba nervioso sabía por dónde iba esto—, estamos destinados. No hay porque esperar.
Ella le vio a los ojos, ya no había tanto nerviosismo como antes, parecía muy emocionada, estaba sonriendo y con las mejillas ligeramente sonrojadas. Estaba expectante, quería saber si sus palabras habían servido de algo, no podía simplemente dejarla allí. No era esa clase de persona.
—Inoue, no te ofendas pero… creo que vas demasiado pronto.
—Hay cosas que quiero hacer, aún somos muy jóvenes.
—Tenemos dieciséis, casi diecisiete.
—Pero aún falta mucho ¿No quieres ir a la universidad? Creí que tenías deseos de hacerlo.
Ella asintió, pero aun así seguía firme.
—Pero si estoy contigo todo estará bien Kurosaki-kun.
—No puedes ponerme por encima de todo— el frunció el ceño, estas ideas no eran buenas para Inoue—, debes de pensar primero en ti misma.
—Es por ella verdad— al notar el semblante confundido del muchacho continuó—, es por Rukia, ¿Verdad?
—No Inoue, no es por ella— no iba a lastimarla más, pero ella negó con su cabeza mientras se mordía los labios y sentía las lágrimas invadir sus ojos—, ¿Cómo podría querer a alguien que ni siquiera conozco?
—No lo sé Kurosaki-kun. Yo sólo sé que estoy aquí, estoy dispuesta a dejar todo por ti ¿Por qué no puedes hacer lo mismo? ¿Por qué te aferras a alguien que quizás nunca conozcas? Yo te amo, te amo desde que era una niña y ella ni siquiera se ha aparecido ¿Por qué?
—Yo no lo sé— escucho que Inoue sollozaba, pero no se atrevió a tratar de darle algo de confort aunque ella se dobló en sí misma mientras dejaba salir un quejido, tratando de ocultar su vergüenza y la cara que ya se encontraba empapada—. Lo siento mucho, pero en estos momentos yo no quiero estar en una relación sentimental.
Ella se levantó y se le escapo un suspiro triste al mismo tiempo que se limpió las lágrimas, y acabo dando la vuelta para correr lejos. No la persiguió, decidió no hacerlo mientras veía su kimono de color a juego con sus horquillas desaparecía entre la multitud. Supuso que necesitaba estar sola.
Se quedo parado allí mismo mientras veía a las personas ir y venir, su familia lo más seguro es que no permanecía en el festival, pero en estos momentos de verdad quería estar solo, poder pensar en un acontecimiento como aquel. Quizás estaba exagerando demasiado, tan sólo había sido un beso, no debería de darle esa importancia. Estaba seguro de que de haber sido una chica con la que le tuviera más confianza se hubiera molestado porque alguien podía verlos y eso arruinaría su reputación, pero sabía que Inoue era demasiado frágil como para soportar esas palabras, aunque haberla dejado ir como lo hizo no fue lo mejor tampoco, de verdad se veía destrozada. El verdaderamente deseaba poder corresponderle, pero por alguna razón no podía hacerlo, y dudaba que algún día lo logrará.
— ¿Cuál es el camino que debo tomar mamá? ¿Debo corresponderle o esperar la llegada de Rukia?— vio al cielo, como esperando una respuesta que le guiara, lo único que recibió a cambio fue una gota de agua en su mejilla, como si alguien allá arriba se estuviera burlando de él—. Maldita lluvia.
Nunca podría estar seguro de como paso, pero para cuando se dio cuenta de los hechos no había absolutamente nada que hacer. Simplemente caminaba de regreso a casa, debía confesar que no estaba poniendo mucho cuidado porque se encontraba más concentrado en buscar la manera de resultar menos mojado en lugar de voltear a hacia los lados al cruzar la calle. Siempre pensó que era demasiado rápido como para que algo como esto le pasara, recordó que a veces consideraba que había que ser tonto para que algo así te pasase, pero al parecer de verdad alguien allá arriba se quería burlar de él por todo lo que era, por lo que había hecho y pensado. Quizás el destino quisiera darle una reprimenda por negarse tanto a seguirle la corriente.
Ni él ni la otra persona que ni siquiera conocían podían hacer nada para arreglarlo. Yuzu probablemente le regañaría diciéndole que había solución para todo, menos la muerte. Pero ese era precisamente su problema.
Ichigo Kurosaki había muerto.