Dia 1.
Parece absurdo que una persona tan orgullosa como yo se incline por hacer este tipo de cosas, pero es necesario. Han pasado demasiadas cosas en tan poco tiempo que me cuesta asimilarlas y, mucho más, tomar una postura hacia las cosas.
Mi objetivo en el último año era conseguir mi sueño: ser una gran cantante y, para ello, uno de los grandes pasos era conseguir plaza como vocalista principal en el Coro de Okayama. Muchos esfuerzos asumí en mi vida para, finalmente, conseguirlo.
Los compañeros parecían majos y me hice gran amiga íntima de mi compañero de plaza: Fer Yera. En los ensayos conocí a Kore: una bailarina polifacética y carismática que acabó convirtiéndose en mi amor platónico. En el tiempo que no estaba en el coro, trabajaba en la cafetería y, en definitiva, todo iba como tenía que ir en la vida de una elfa joven. Sin embargo, empezaron a suceder una serie de asesinatos por parte de unos humanos con ideas de extrema derecha y, en los que, a partir de unos códigos que seguía, me llevaron a la boca del lobo y me vi sola ante el peligro: era una matona de los de Zeus. Una asesina de dríades, por obligación.
"Fui yo la que quemó ese estudio en aquel barrio marginal con aquellos dríades dentro. Era eso, o morir".
Todo un aura de oscuridad inundó mi espíritu. En ese contexto, no tenía ya nada que hacer. No podía encariñarme con nadie ni con nada. Tanto yo como mis seres queridos podíamos morir en cualquier momento si hacía cualquier tontería. Ante esto liquidé toda forma de contacto y me fugué, cambié mi estética y, en un estudio de tatuajes una serie de villanos intentaron violarme y matarme. Fui yo la que quemó ese estudio en aquel barrio marginal con aquellos dríades dentro. Era eso, o morir.
Sin quererlo, los nazis se enteraron de ello y me tuvieron en el punto de mira, me premiaron presentándome a una de las jefillas que, para mi sorpresa y traición, era Afro: una chica que conocí en la prueba de acceso al coro y que se hacía pasar por nuestra amiga. En parte no me sorprendió. Fer y yo sabíamos que alguien del coro estaba metido en el ajo y sospechábamos de ella, pero no queríamos creerlo. Es igual que como cuando tienes un conocido que le diagnostican una enfermedad de gravedad, pero siempre crees que puede ir a mejor, aunque, en el fondo, sabes que no es así. Ese tipo de protección positiva que hace el cerebro- por supervivencia- y, cuando recibes el golpe, estalla la decepción, tristeza, miedo. Esa confirmación que hace que te repitas de forma cíclica “lo sabía, ¿por qué no me hice caso?”. Como cuando te sientes identificado con esos tweets virales y super generales que dicen “haced caso a vuestra intuición”. Vivíamos en un acuerdo entre el miedo y el asco tapado con una gran capa de crema de supervivencia.
En lo más personal:
La verdad que en todo este momento quien estuvo a mi lado es Fer. ¿Qué sería de mi sin su apoyo?. Tampoco puedo negar la gran ayuda que siempre me estima Hiro. Creo que siente cosas por mi y, antes era un muro con él, pero poco a poco ha ganado un poco mi corazón. En ese sentido compiten Kore y Hiro. Sin embargo, para mi desgracia, me cuesta acceder a Kore y, con todo lo que pasó, aún más. Pero en toda tempestad siempre hay un proceso de oscura calma. Una pausa para retomar el aliento en los relevos, pero siempre atentos y preparados por lo que pueda venir.
¿Cómo me encuentro ahora?. Eso es lo que me gustaría saber después de escribir estas líneas. Estoy viviendo como una autómata. Sin opciones para escoger. La vida ha decidido por mi. Supongo que siempre pasa eso, aunque, no debería desanimarme. Dentro de lo que cabe estamos descubriendo nuevas cosas, tengo una cita con Kore y, Fer y yo, (por sugerencia de Hiro) estamos metidos en una Asociación secreta (donde resulta que trabajaban mis padres y fue por LA LUCHA lo que murieron y no por un accidente) para luchar en contra de los nazis y allí conocimos a más personas super interesantes. Creo que esto último, es ese aliento fresco para la carrera final.















