A los modelos de amor romántico que alguna vez idealicé…
A la hoguera el amor romántico.
Quemaría todos los modelos de amor romántico que alguna vez idealicé…
Y mientras arden les diría que el amor no lo encuentras, unx sola lo construye, desde de cuestionamientos y deconstrucciones de ese “yo” ideal que crean, desde que naces, una sociedad con ideas ya caducas.
Repetiría,
El amor se construye, a veces con lagrimas, a veces con risas.
El amor se construye, cuando aprendes aceptarte, cuando cuestionas la feminidad impuesta; los roles de género aprendidos.
El amor se construye, cuando te amas, así sin condiciones, cuando aceptas que hay días que te gustas; hay días que no.
El amor se construye, cuando decides cambiar, o cuando decides no hacerlo, pero siempre aceptándote, amándote.
Y, a veces, llega alguien, una persona significativa, no ese cuento idealizado de las almas gemelas; príncipes o princesas, sino un humanx.
Un ser humanx con cualidades y defectos, pero la suficiente consciencia, las ganas para cuestionarse; y manejar lo que se tenga que manejar.
Una persona que refleja y contiene lo que tú eres; lo que has construido. Alguien a quien no necesitas cambiar; porqué su historia, sus valores, sus creencias, lo hacen el o ella; y tal vez no son las mismas que las tuyas, pero enriquecen tu perspectiva, te muestran caminos que no habías recorrido. A quien aceptas; y te acepta, tal y como es, ni más ni menos, suena a cliché, pero así es. No llega a crear felicidad infinita espontánea, ni la complementa; la intensifica y ambos deciden construir un amor libre, tal vez mejor que todos los clichés de libros y películas románticas.
Una relación intensa, pasional, real y humana. Una relación recíproca, entre ideas, creencias, costumbres, perspectivas distintas; pero siempre con la voluntad de llegar acuerdos; algo que, por su puesto, no es fácil, no dentro en una sociedad que nos ha impuesto a quién, cuándo y cómo debemos amar.
También, aclararía que no existe “el vivieron felices para siempre” o “el amor lo puede, el amor lo perdona todo”. Que me molesta tanto que lo sigan fomentando, que es una mentira; que se ejerce presión innecesaria, permite que las personas se anulen; y acepten relaciones violentas en nombre de un “amor” inexistente, solo por el miedo a la soledad, un miedo irracional que también nos han vendido desde pequeñxs, sobre todo a nosotras; ese miedo a estar con uno mismx, a no tener pareja, no casarse, divorciarse o no tener hijxs, como si la felicidad solo viniera exclusivamente con estar con el otrx, llámalo familia, pareja o hijxs.
Diría enfáticamente, que la soledad es un estado vital de crecimiento, tal como dice Marcela Lagarde, que nunca se debe de confundir con la desolación, que es el sentimiento de completo abandono, el cuál puedes llegar a sentir incluso si estas rodeadx de personas.
Recalcaría que el amor es libre, intenso; y finito.
Que el amor dura tanto como las dos personas así lo decidan. Que cuando este termina, no queda esa sensación de perdida o de vacío, sino la experiencia de amar, que te acompañará por el resto de tu camino: que enriquecerá cada una de las veces que decidas amar de nuevo de una manera libre e intensamente.
Gritaría: el amor libre es redundancia y el único amor para siempre es el propio.