El último adiós | Miguel O'Hara x OC (Female Reader)
Notas: +18, sexo explícito, escenas y descripciones explícitas. En español.
Resumen: Un evento canónico te aleja de la persona que más amas. Sin embargo, piensas que lo mejor es vivir junto a él sin arrepentimiento, que pase lo que tenga que pasar pero que sea junto a él.
Salvar la ciudad es lo único que tengo para dispersarme un rato y dejar de pensar tanto en... En él.
Estuvimos en tantas misiones, fui su más leal y efectiva compañera en el terreno. Creí en él y aún lo sigo haciendo, pero... Decidí dejarlo todo luego de descubrir la verdad. Mi verdad.
Sé que más temprano que tarde va a suceder, pero no quiero darle más dolor a mi corazón del que ya ha tenido en los últimos años desde que me convertí en otra versión más de Spider-Man.
-Me... Me voy, Miguel. No puedo seguir con un hombre que esconde tantos secretos. ¿A costa de qué lo haces? ¿Quieres salvar tu canon o mí canon?
-Carolina, es lo que se debe hacer.
-¿Enamorarme de ti para salvar tu canon? ¿Enamorarme de ti para qué? ¿Me quieres ver morir? ¿Quién quiere eso para su ser amado?
-Intenté advertirte de esto. Intenté evitarte y no pude.
-No es de poder o no poder. Es de que me hubieras dicho.
-Daba igual si te lo decía o no. Esto es inevitable.
-Sí. Mucho. ¿Ves? No importaba lo que hiciera, ambos caeríamos.
-Debiste nunca haber visitado mi dimensión y esto no hubiera pasado.
-Antes de conocerte, nunca fui capaz de ver lo que el modelo me arrojaba sobre tu historia. Solo fui a ti por ayuda, como lo he hecho con otros tantos Spiders.
-¿Y qué sigue? Me enamoro de ti, tú te enamoras de mí y para qué... ¿Para que muera en tus brazos?
-Hace parte de mi canon y del tuyo.
-¿Por qué me dices esto ahora, Miguel? ¿Por qué? - Mi rostro se llena de lágrimas ante la ira y el dolor que tengo con cada palabra que sale de la boca de él.
-Porque, aunque no quiera perderte, quiero poder tenerte aquí. Tener tu compañía.
-¿Mientras esperas que muera?
Miguel toma aire y me mira desafiante.
-Es. Lo. Que. Tiene que pasar. ¡Entiende!
-Sí, me ha quedado claro. No hay manera de revertirlo, ni manera de salvar mi universo.
Me quito mi reloj y lo dejo sobre la mesa de trabajo de Miguel.
-Renuncio. Déjame en paz y no te atrevas a buscarme.
-No lo haré. No soportaría ver tu dolor.
Esa fue la última vez que hablamos, o mejor, discutimos. Mi vida de alguna manera, se conectó a la de él desde que yo nací y en algún punto de nuestra existencia íbamos a coincidir y, como es normal para casa Spidey, después de un momento de gloria y felicidad, llega el momento de dolor. De ese que te deja una marca imborrable.
Yo ya pasé por eso cuando perdí a mi prometido hace unos dos años, antes de conocer a Miguel. A día de hoy, hay noches en las que recuerdo esa tarde fatídica y el muro desplomándose sobre él.
Tiempo después, conocí a Miguel, me uní a su escuadrón de defensa del multiverso y bueno... Me enamoré de él perdidamente. Él no fue ajeno al sentimiento y también se enamoró.
Ahora solo intento prolongar un evento inevitable en el canon de ambos, tratando de disfrutar lo que me quede de vida y salvando a las personas que más pueda mientras mis pulmones puedan respirar.
Y eso hago ahora. Escucho la radio de la policía esperando por alguna señal de alerta...
Se reportan una serie de disturbios en un banco. Hay hombres usando armas e incluso, amenazan con explotar el lugar.
Balanceándome entre los edificios y, aprovechando que puedo producir mi telaraña de forma orgánica, llego al lugar antes que la policía. El tráfico de la ciudad apesta.
Los presuntos delicuentes tienen rehenes. Aquí no hay que dar un show, solo actuar con más prudencia para que ningún civil sufra algún daño.
Entro por la parte trasera del banco con mucho sigilo y lanzo un par de telarañas a uno de los hombres. Él cae y queda inmovilizado. Tomo su arma y retiro el cartucho con las balas.
El cómplice se da cuenta y de inmediato toma una mujer y le apunta a su cabeza.
-Ya te extrañaba, Spider-Woman.
-Qué lindo. Eso me dicen mis fieles admiradores.
-¿Admiradores? Jajajaja... No creo que tus admiradores hagan esto... - Él cambia la dirección de su arma y me apunta y dispara.
Gracias a mis reflejos, esquivo las balas.
-Qué mala jugada. Mis admiradores siempre piden mi autógrafo. No eres un fan. Buuuu...
En eso, la mujer cautiva le da un codazo al estómago del tipo y logra liberarse. Yo le arrojo unas telarañas y lo atrapo.
-Eres un tipo aburrido y que no sabe tratar a las personas. Ojalá pases una buena temporada en la cárcel.
La policía llega y logramos evacuar a los civiles.
-No cantes victoria, nena. Que si nos vamos los dos, tú también nos acompañas.
-No sabes cómo hacer acertijos. Qué pésimo sentido de la creatividad. Me duermooo...
En ese momento siento que algo pesado me cae y solo logro ver oscuridad...
Cuando despierto, la cabeza me duele mucho. Mientras me voy incorporando a mi realidad, me doy cuenta que no estoy en mi casa, ni en algún hospital.
En eso una luz resplandece...
-¡Caro! ¡Qué lindo verte de nuevo!
-Dahhh, quién más crees que sería.
- Deberías preguntárselo a él.
En ese momento entra Miguel, caminando tan imponente como siempre, seguro de sí mismo, determinado y con su semblante serio como para variar.
El corazón me empieza a palpitar. No pensé volverlo a ver.
-Miguel, vamos, dícelo. Recuerda lo que hablamos. - Le dice Lyla.
- Carolina... Yo me disculpo. Lamento haberte escondido algo importante.
Siento que el pecho me quiere explotar ante la confesión de Miguel.
-¿Por qué te disculpas? Si voy a morir, hazlo. Que sea sin dolor, preferiblemente.
-Pero tampoco puedes salvarme. Entonces es preferible acabar con esto de una vez. Anda, usa tus garras y despellejame, si es que no quieres darme una muerte lenta. Parálizame si deseas que no sienta dolor.
-No, el trabajo sucio lo hacen los malos.
-¿Y es que tú eres de los buenos?
-Solo hago lo que debo para proteger nuestras realidades. ¡Comprende!
-Creo que... Me voy. - Lyla desaparece en un parpadeo.
-Volvemos a la misma discusión de hace meses...
-Yo he perdido más de lo que he ganado. Así que ... ¿Qué más da?
-¿Te parece bien que muera?
-No. Para nada. Solo que... - El tono de Miguel ahora es más triste. - Cuando pierdes todo, solo queda seguir porque ya nada te podrá ser arrebatado.
-Lo entiendo. ¿Crees que no? Perdí a mi prometido. Te conocí a ti... Y ...
-Carolina... Solo quiero vivir contigo los meses que te quedan. Claro, si tú así lo deseas.
-¿Por qué hacernos daño de esta manera? No podría verte o abrazarte sabiendo que puede se la última vez que lo haga. Prefiero pensarte y atormentarme en mi soledad porque no verte duele menos.
-Te juro que intenté de todas las formas evitar esto.
-Ya es tarde, Miguel. Solo quería darme mi tiempo para vivir un poco más.
Miguel se sienta sobre la cama y me mira fijamente.
-Es mejor que te deje en tu dimensión.
-Sí, por favor. Permíteme vivir lejos de ti, porque no puedo con la carga de verte.
Miguel se acerca hacia mí y acaricia una de mis mejillas.
-No quiero dejarte ir... Esto también me duele.
-¿Te recuerda a Gabriella? ¿Verdad?
-No puedo seguir perdiendo a las personas que amo, pero tampoco evitarlo. Otras vidas se perderían en el proceso.
-Insisto... No te vayas. - La caricia de Miguel es más repetitiva. Siento que mi cuerpo empieza a reaccionar ante el contacto de mi piel y la suya.
- Hablo en serio cuando digo que puedes desgarrarme y hacer menos difícil mi agonía.
El semblante de Miguel cambia... Su mirada brilla y sus colmillos se asoman.
- Sabes que puedo hacer todo lo que me pidas. Menos eso.
En ese momento, la otra mano de Miguel se desliza de mi cuello a mi abdomen. Siento un cosquilleo en el vientre.
-Entonces... ¿Qué piensas hacer conmigo, Miguel?
Él coloca sus dos manos sobre mi cintura. Sus ojos rojos brillan más y más, mientras que su lengua empieza a relamerse los labios y a rozar con cuidado sus colmillos.
Aquello hace que empiece a perder todo el control de mí.
Pongo mis manos sobre los brazos de él y hundo mis dedos. Él sonríe.
Me acerco a su boca y lo beso. Lamo sus labios y luego sus colmillos. Él gime.
Él me besa otra vez, apretando más su agarre sobre mí, luego, con una mano me toma la espalda y me acerca más hacia su cuerpo.
-Ahhh... - Gimo. - Señor O'Hara, hoy usted está muy inquieto.
-No sabes cuánto esperé por hacerte esto. - Lentamente, va quitando mi traje...
Al ver mis senos, su mirada se oscurece, mientras que sus manos empiezan a concentrarse en mis pechos.
Cierro los ojos y me arqueo ante el placer que esto me provoca. Poco a poco, el cuerpo de Miguel me va cubriendo hasta que logro recostarme otra vez.
Sus manos masajean mis senos, los aprietan. Después su boca se enfoca en uno de ellos, sus colmillos rozan mi piel y esto me hace soltar un grito...
-Me encanta cuando gritas mi nombre. Sigue, no pares, chiquita.
Su boca lame, muerde, succiona mi pecho.
Luego siento que sus colmillos van bajando por mi vientre hasta llegar a mi pelvis. Miguel termina de deshacerse del traje.
-Me encanta verte así, sin nada. Eres hermosa. Me prendes, mi vida.
Él se toma unos segundos para verme. Me siento aún más excitada de provocar ese deseo en él. Estiro mis piernas y luego rodeo su cintura. Su traje desaparece por completo y eso aumenta mi frenesí.
Su pecho me encanta, sus hombros, sus brazos, cada vez que él me cubre, siento que solo él mismo es mi límite, mi deseo, mi esperanza, mi vida, mi perdición.
Miguel empieza a rozar mi entrepierna con su intimidad y yo siento que me vuelvo gelatina ante esto.
-Basta de jugar... Quédate quieta. - Me ordena.
Miguel se acomoda para besarme de nuevo, su lengua se enreda con la mía y jugueteamos por unos segundos. Sus manos acarician mis piernas y poco a poco siento que el calor de su cuerpo me hace poner las mejillas como tomate.
Después de ese beso, lame mi cuello, mis clavículas, y baja de nuevo a mi vientre. Se detiene y me mira... Es una mirada lasciva, de fervor total. Me desea tanto como yo lo deseo a él.
Se acomoda en medio de mis piernas y las separa un poco, logra posicionarse de tal manera que su cara ahora en frente de mi zona íntima.
La respiración se me agita y mi cuerpo se va preparando para lo que sigue.
Miguel roza su lengua sobre mi pubis, luego va entrando en mí y gime levemente.
- Hermosa... Siempre estás lista para mí. Me encanta. - Él empieza hacer varios movimientos con su lengua.
Voy respondiendo, mi cadera busca más de su boca. Mis manos se pierden entre ese cabello oscuro, doy unos pequeños masajes sobre su cuero cabelludo a lo que él reacciona con unos gemidos.
Su lengua no para de moverse, siento que las piernas me empiezan a temblar hasta que llego al clímax.
-Mi-guel... - Exploto y logro sentir que liberé toda la tensión de los últimos meses.
Trato de recuperar el aliento. Eso fue muy intenso y si así es el comienzo... No imagino el final.
Miguel se levanta y se queda observándome fijamente. Siento que su mirada se clava igual o peor que sus mismos colmillos.
- Como te luce un orgasmo, preciosa. - Se acomoda a mi lado. Su pecho está delante de mis ojos. - Me encanta hacer que tus mejillas se enrojezcan. - Vuelve a acariciar mi rostro.
-¿Qué quieres de mí, Miguel? Siempre que estoy contigo me confundes.
-Solo quiero tenerte. Hacerte saber que eres mía.
- Sabes que soy tuya, así como tú eres mío. No importa lo que pase. - Empiezo a resignarme...
Es tétrica la idea de saber cómo vas a morir y aún más tétrico saber quién va a estar ahí, eso sí, sin saber cuándo suceda o dónde. Le doy un abrazo fuerte a Miguel, él también responde al contacto y me abraza fuerte, como si la vida dependiera de ello.
- No voy a dejar que mi trabajo, nuestro trabajo como equipo y que lo que tú has hecho en tu dimensión, se queden en vano. Lo juro.
- El dolor nos hace fuertes. ¿Verdad?
- Es lo único que nos queda, por eso no pienso dar un paso atrás de mi trabajo.
Me quedo en silencio... Solo escuchando el latido de su corazón. Toda la tranquilidad se interrumpe cuando sus manos empiezan a jugar con mi cabello, acariciar mi espalda. Sus labios se entiendan con los míos en un beso desesperado.
- Eres mía, Carolina. Mía. - Le da una mordida suave a mi labio inferior. - Eres mía.
En un frenesí, él me toma de la cintura y me acomoda sobre su cuerpo. La vista desde esta posición me atrae a él como imán al metal.
Mis manos se pasean por su torso marcado, su abdomen, siento que su piel se eriza ante mi contacto. Me acomodo para besar su boca, luego paso por su cuello... Me detengo unos segundos para lamer, divertirme en esa zona... Luego vuelvo a besarlo.
Él me toma del cabello y me jala...
- Vamos, déjame tocarte. - En eso me suelta y me vuelvo a sentar.
Tomo sus manos y las coloco sobre mi cintura, voy guiando su tacto: de mi cintura a mi pecho, a mi cuello...
- Qué desesperante no sentirte mejor, chiquita. - Salvajemente, me toma la cintura y me empuja hacia él, nos besamos.
Me acomodo tratando de que mi pecho quede cerca de su cara. Me apoyo en sus hombros para no perder el equilibrio.
Él esboza una sonrisa casi que diabólica. Su boca empieza a jugar con mis pechos, va de uno al otro, es casi como si quisiera comérselos.
Sus estímulos me erizan. La piel se me vuelve gallina y voy sintiendo como algo en mi intimidad me empieza a cosquillear.
Él siempre sabe cómo hacer que lo desee.
Su boca para y vuelve a mirarme.
- Sabes lo qué quieres, sé lo qué quieres. Solo pídelo, pídelo, mi amor.
- Sabes que te quiero a ti, te deseo a ti aquí y ahora. Te quiero dentro de mí. - Lo miro desafiante.
- ¿Y por qué me haces esa mirada?
- Porque me gusta retarte.
- ¿Y esta vez qué quieres?
- Nada. Solo poderte sentir.
- Bueno, acepto el reto, cariño.
Él me agarra de la cintura y me acomoda mejor para poder dejar mi cadera y mi pelvis a su entera disposición. Siento su miembro duro, lo cual hace que aumente mi cosquilleo.
Enredo mis piernas sobre su cintura. Y empezamos a movernos, en segundos, siento que mi cuerpo totalmente caliente. Mi cadera intenta embestir la suya pero claro, él es tan grande que no puedo hacer mucho y usar mi fuerza en momentos así no es mi estilo.
Una vez lo intenté y casi rompemos la mesa de su laboratorio.
Solo me dejo llevar por la sensación de placer que va creciendo. Mis sentidos ceden cada vez que él entra y sale de mí. Mis uñas se entierran sobre su piel. Es explosivo.
Ambos vamos llegando al clímax. Mi cuerpo queda echo puré sobre el suyo. Acomodo mi frente sobre la suya y me fundo entre sus brazos.
- Me encanta tenerte así... Cansada, completamente derretida ante mí.
- Shhh shhh... - Me da un beso.
Siento que quiero dormir. Estar con él siempre resulta casi que maratónico.
Él me acomoda sobre la cama, me arropa y yo caigo rendida.
Cuando despierto, no lo veo a él. Estoy sola. Me pongo mi traje y voy camino al laboratorio.
Veo unas cuántas caras familiares. Me siento como en mi segundo hogar. Converso por un rato con algunos de los Spiders.
Luego continúo caminando hacia el laboratorio. Entro...
Generalmete, este sitio es oscuro. Bastante, salvo por las pantallas de los computadores y Lyla, a quien, curiosamente, no veo ahora.
- ¿Caro? ¿Eres tú? - Me grita desde un rincón del laboratorio.
- Te escucho, cariño. - Me dice mientras corre un mechón de mi cara y lo coloca tras mi oreja.
- ¿Pasa algo si me quedo? Quiero quedarme aquí por algunos días.
- No. No va pasar nada. Me sorprende que decidieras quedarte.
- No podemos huir de nuestro destino.
- "Destino" es un término interesante, pero yo diría que no podemos huir de nuestra propia historia.
- No me dejes, por favor. Porque yo prometo no dejarte. - Lo abrazo fuerte, como si esta fuera la última vez. - Miguel, por favor, no me dejes. Tengo mucho miedo. - Siento que la voz me tiembla, siento un vacío enorme en el pecho.
La incertidumbre empieza a consumirme.
Me riego en llanto y él no me suelta nunca. Lloro sobre casi que a la altura de su abdomen.
- Tengo mucho miedo. Mucho.
- Solo déjalo salir. Llora. Sabes que estoy aquí para ti. Sabes que te amo y mucho.
Escucharlo decir " te amo" me hace desbordar más y más. Es posible que sean las últimas veces que podamos profesarnos amor.
Después de ese día, Miguel y yo empezamos nuevamente a trabajar como equipo, vigilando posibles anomalías en la línea temporal, capturando algunas amenazas al canon de los Spiders.
En fin, el equipo maravilla que alguna vez conformamos está de vuelta. Él me complementa a mí, como yo a él, así lo sentí desde el día que confesamos nuestros sentimientos el uno por el otro.
Las semanas pasaron y tal como lo prometió, él no se separó de mí. Era casi que mi sombra. Muchas cosas las empezamos hacer juntos, como la pareja que fuimos consolidando dentro y fuera del cuartel.
Algunas noches la pasábamos hablando de su pequeña Gabriella y las veces que hemos tenido que llorar por alguna pérdida. Otras noches la pasábamos dando rienda suelta a nuestros deseos y pasión.
Con él es imposible aburrirse.
La mañana transcurre con tranquilidad. Bueno, luego de haber pateado algunos traseros maleantes.
De pronto se alcanza a escuchar una explosión.
- Chicos, la explosión viene de un edificio cercano. - Nos indica Lyla.
- Tenemos que ir, Miguel.
- Déjame ir primero a mí, después te llamo. ¿Ok?
- Claro. Ten cuidado, por favor.
Unos minutos después recibo el llamado de Miguel.
- Hay muchas personas heridas. Necesitamos refuerzos.
Casi que en un abrir y cerrar de ojos llegamos.
Miguel nos da indicaciones sobre los puntos más frágiles del edificio, es decir, donde la estructura tiene más probabilidad de colapsar, esto para que evitemos pasar por ahí con los civiles.
Yo me dirijo hacia una zona con algunos heridos.
- Hace falta un amigable vecino por aquí... Lo siento, lo siento. Sé que están asustados, pero vine ayudar. Niños y adultos mayores primero.
Con mi telaraña construyo un cinturón para que las personas no se dispersen y no se extravíen.
- Ahora, les pido que solo pisen por donde yo voy.
Casi una hora después termino de evacuar a las personas que quedaron atrapadas en mi sector. Vuelvo a entrar al edificio, explorando para ver que no haya alguien atrapado.
- ¡Caro! ¿A dónde vas? - Grita Miguel.
- Debemos asegurarnos de que no hayan más personas aquí.
- Este edificio va a colapsar. Las llamas están derritiendo los cimientos y metales. Tenemos que salir. - Miguel toma mi mano.
Siento un cosquilleo en mi espalda... Mi sentido arácnido...
Como reflejo, logro balancearme sobre él y lo lanzo a unos metros de donde caen los escombros.
Siento que algo me atraviesa... Mi piel se rompe, lentamente, siento como las entrañas se me retuercen, me arde mucho por dentro.
Así que ya llegó la hora del evento canon.
Siento que mi traje se humedece por la sangre...
Miguel se levanta y corre hacia mí. Sus ojos se llenan de pánico cuando me ve.
Alcanzo a escuchar su respiración acelerada.
- Lyla... Déjame ver los signos vitales de Carolina, por favor.
- Hay daños irreparables en órganos como el hígado y un riñón. Tiene una hemorragia interna. Lo... Lo... Lo siento mucho, chicos.
- ¿No hay nada que podamos hacer?
- No. No lo hay. Lo lamento.
Miguel se acerca a mí y se agacha, sujeta mi cabeza entre sus brazos. Sus ojos se humedecen.
- Vamos a estar bien. Sabíamos que esto pasaría. ¿Verdad? - Le digo aún con la poca fuerza que me queda, casi que jadeando.
- No pensé que fuera pronto. No fui capaz de ver el modelo completo.
- Al menos estuvimos juntos y es lo que importa. Hicimos lo que mejor sabemos hacer. - Respirar y estar conciente se me empiezan hacer difíciles.
- Prometí que no iba a dejarte.
- Te amo, Miguel. No lo olvides y pase lo que siga pasando, no te detengas. Haz que tu trabajo valga la pena, por tu familia, por Gabriella... Por... Por... - Trato de cobrar un poco el aliento, pero es imposible. Estoy agotando la poca vitalidad que me queda. - Por mí.
Él me da un beso. Nuestro último beso.
La beso por última vez... Su piel aún es tibia. Eso sí, de esas mejillas rosadas que se ruborizaban cuando estábamos juntos o cuando la intimidaba, ya no quedan nada. Su corazón se ha detenido. Su respiración igual.
Su cuerpo queda inmóvil ante mi mirada impotente. A pesar de saber que esto sucedería, el dolor de verla partir es abrasador, me quema por dentro.
La tomo y salgo como puedo de ese lugar.
Logro avanzar unos kilómetros y el edificio colapsa ante todos nosotros.
Todos los Spiders me rodean con el cuerpo de Carolina.
- Miguel... - Susurra Jess. - Lo siento mucho.
No soy capaz de responderle. Solo tengo ojos para Carolina. No sé si está dormida o en un trance. Por más que hayamos hablado de este evento, la realidad es que la muerte te sorprende de manera épica.
Al menos le cumplí mi promesa, nunca la dejé. Siempre estuve para ella en estos últimos días. La tuve para mí, la escuché, nos reímos, hablamos...
Tal vez se vaya a encontrar con Gabriella o tal vez no. Como sea, Caro es mi evento canon más hermoso y más doloroso.
Con mucho cuidado, llevamos a Carolina a una morgue. Por respeto a su identidad, no podemos hacerlo con cualquiera.
Al otro día me llaman para reclamar su cadáver. Ella pidió que fuera enterrada en su dimensión. Como no tiene muchos amigos o familia, solo yo, Jess y otros Spiders acudimos a su sepelio.
Jess y Lyla no me dejan solo.
- Hiciste lo que estuvo en tus manos. Los cuatro sabíamos que esto sucedería.
- ¿Qué? Dilo, no lo guardes, por favor.
- Duele... Duele... Duele mucho.
- Es difícil entender estas cosas, incluso cuando ya sabes qué van a suceder. Las emociones salen a flote y es mejor que salgan. Date la oportunidad, por una vez en tu vida, de llorar.
- Lo entiendo. Si necesitas algo...
Mis lágrimas empañan mis ojos, los recuerdos de todas las personas que he visto irse ante mí afloran... Ver la lápida de Carolina hace que llorar sea más fácil.
Y aunque todos sabemos que estas perdidas son necesarias, la parte difícil es asimilarlas. Saber que me voy a levantar y ya no la voy a ver, ni escuchar su voz o su risa...
Es por eso que no puedo acabar con mi trabajo, porque cada vez que avanzo como Spider-Man, como un superhéroe, mi vida retrocede cien pasos más y no hay nada más que pongas en riesgo, no desde tu vida como alguien "normal".
Ahora, todo lo que haga, cada misión, cada paso que de, será en honor a Gabriella y Carolina. Ahora, sé que no puedo parar. Haré lo que tenga que hacer por defender el multiverso y por honrar la memoria de ellas dos.