nikclvi:
“También creo que muchas cosas son posibles. No me atrevo a descartar nada.” Sus esmeraldas observaron de soslayo la mano ajena sobre la propia, y no se atrevió a dirigir una mirada directa cuando sus falanges se inmiscuyeron entre los impropios. Fueron desde un juego sutil; una caricia cautelosa, hasta finalmente entrelazarse con los ajenos.
Hace un tiempo, había mantenido una conversación con uno de sus primos. Ambos estaban ebrios en esa ocasión y para Nikolai el tema principal le parecía hasta un poco absurdo. Ludvik le había dicho que el sostener la mano de una persona especial tenía un significado enorme, pero que no era posible darse cuenta hasta que sucedía. Luego le siguió un argumento sobre cómo esa acción era muy subestimada. Nikolai, por su parte, le había atacado con un discurso acerca de lo cursi que era y que la mezcla del licor de cerezas y el estar enamorado le hacía mal. Se burlaba, por supuesto, a lo que su primo respondió con un simple: “Sí, idiota, cuando te suceda te vas a dar cuenta.” Y allí estaba el idiota, dándose cuenta de que el menor de sus primos tenía razón. Y de repente hasta sintió ganas de soltar una risita irracional. Ludvik de mierda y sus cursilerías. Y, a pesar de la culpa que sintiera por ser como una carga para Lorian y a pesar de su egoísmo por no quererlo lejos de todo el caos que significaba su persona, se encontró esbozando una sonrisa que seguía siendo tenue, pero guardaba mucho más de lo que representaba.
Jamás le había dado miedo el silencio y menos si estaba con Lorian, porque de alguna manera, nunca sobraba, como cuando el bosque encontraba el cielo y se comunicaban a través de un puente invisible. Buscó la comodidad del hombro ajeno y apoyó su cabeza allí, acurrucándose sigilosamente como había hecho ya alguna vez. Luego de un minuto habló: “Si de repente me acostumbro mucho a esto, ¿podrías hacerme el favor y darme una bofetada?” Por supuesto que no hablaba muy en serio cuando se refería a su inasistencia a clases, a la comodidad de invadir espacio personal y la confianza de irrumpir en la vivienda ajena.
“¿Una bofetada?” Si tan sólo fuese así de fácil. Y es que si Nikolai decidiera tomar ese curso de acción con él, Lorian se limitaría a encogerse de hombros y despedir un ambiguo “That’s fair”, y seguiría en esa misma posición de entrega, de devoción casi plena — pues era aquello que conformaba el pasado que veía cada vez más lejano lo que se negaba a volcar en esa relación. Había rendido cada faceta suya al escrutinio ajeno, mas consideraba imposible —e impensable— mostrarle algo que le costaba reconocer como una versión propia. Curiosos los modos de su psique, convenciéndolo de que se trataba de una persona completamente distinta, enajenándolo a tal punto que le costaba un buen esfuerzo hacerse cargo de lo que había hecho en esas épocas, si bien la culpa permanecía en abstracto; esa punzada de dolor en el pecho que aparentaba seguir las leyes del azar, al menos en lo que a su conciencia concernía.
Lorian dejó la taza casi vacía en la mesada y una caricia en la mejilla del menor, anuncio de la próxima ruptura de esa cercanía que habían construido; guiado por una necesidad emergente de bajar del estado en que Nikolai conseguía ponerlo — ese éxtasis tan extraño como cautivador, que amenazaba la poca sensatez sobreviviente al maremoto emocional que representó su llegada, especialmente tratándose de una vida cuyo antiguo régimen era nadie menos que la sequía. El americano hizo su camino hacia el tocadiscos y dedicó el próximo par de minutos cambiar de vinilo, elevando suavemente la aguja mediante una leva y reemplazando a Hollies por Searchers, la sensación de plenitud del aire que respiraba por la urgencia de ser mejor y el hormigante sonido de Needles and Pins.
Esta vez, ancló sus codos del lado opuesto a Nikolai, buscando el contacto que trascendía lo físico — una forma de intimidad que le prometía no sucumbir ante aquello que zumbaba en sus oídos y le erizaba la piel. Un deseo que estaba más allá de lo alcanzable. “Y es tan jodidamente difícil no acostumbrarse,” reflexionó, casi olvidándose de que lo estaba pasando a lo verbal.










