• por un par de meses había dejado de lado la pluma y el papel... dolió, porque no era por mis propios deseos, no era por propia iniciativa... el destino me obligó a apartarme... siempre he sido de ese tipo de personas que se lamentan sobre sí mismas y de su alrededor, incluso teniéndolo todo, ante cualquier circunstancia, buena o mala, parece siempre como si mi alma no tuviese vacaciones, descanso del auto lamento y consuelo, después de tanto... no sé lo que está mal conmigo. por cierto tiempo creía que se trataba probablemente de el capricho de querer ser diferente durante mi adolescencia al igual que la profunda influencia de los libros juveniles de aquella temporada de mi vida, pero... ahora en estos momentos maduros de mi vida, donde he experimentado y pasado por tantas situaciones, desgarradoras, dolorosas, de impotencia y fragilidad, aún a pesar de haber en cierto modo luchado y superado semejantes golpes de la vida [que por cierto, sabía que algún día llegaría mi castigo, pero nunca creí que sería tan inesperado, por tal razón fue como si me hubiesen desgarrado una pierna estando aún consciente], y estando en digamos, algunos momentos mejores que otros y con una ligera pausa del pánico que siempre llevo a mis espaldas, ni siquiera con ello, ni siquiera con el tener a alguien que lo vale, o incluso luego de recibir una segunda e importantísima oportunidad en mi vida... sigo sin dejar de sentirme como la mierda que realmente mi alma es. no creo que éste chico aún crea que tengo este tipo de pensamientos, y tampoco desearía que se enterase, no quiero hacerle pasar por más, ni a él ni a esta mujer que ha sufrido su vida entera. aquella tarde, en aquel crepúsculo pude ver el terror cruzando por su rostro, el temor de perderme y la incredulidad ante sus ojos de lo que estaba presenciando...: mi determinación. es cierto que uno desaparece en silencio, y ante la decisión tomada se ha de ir uno como un ánima en pena..., pero qué puedo decir al respecto, si siempre he sido tan dramática en mi vida; siempre he buscado un poco de pasión, dolor innecesario, y choques enervantes, no podía irme sin dejar al menos la última, terrible e inminente huella... nunca conté con que minutos antes de que lograra finalizar la carta, me encontraría a penas duras con sus ojos claros cristalinos entre las lágrimas que hacían del mundo un lugar borroso e inentendible. ese no fue ni el inicio ni el final del martirio. no sabría en ese entonces tampoco que aún me esperaría más, luchar por vivir. aprender a amar la vida, y dejar de ser una idiota egoísta.