El silencio fue mi única respuesta.
No por falta de palabras,
sino porque hay decepciones
que hacen imposible volver al mismo lugar.
Comprendí que existen manos
incapaces de resguardar lo sagrado.
Y cuando aquello que nació desde la inocencia
deja de ser refugio para convertirse en eco,
ya no queda nada que explicar.
Hay personas que pierden un amor.
Otras pierden algo mucho más valioso:
el privilegio de volver a ser un lugar seguro.
















