Hablemos del VIH.
12 de noviembre del 2017.
Eran alrededor de las 16:00 hrs. del día en transcurso. Había tenido unos estudios preliminares sobre diversas situaciones de salud que estaba presentando en ese momento. Entre ellas, nuevamente se encontraba la prueba ELISA y más tarde un WESTERN BLOT confirmatorio... Me entregaron un sobre blanco, muy blanco por cierto; dentro contenía las respuestas de todas las preguntas que le había hecho al universo desde siempre. La primera y única respuesta fue POSITIVO. Ahí estaba yo, sintiendo como las puertas de la vida se me cerraban de par en par. Todo lo que había estado tratando de evitar por años había llegado a un sobre con una hoja que sólo contenía el dictamen más largo que pueda existir con una sola palabra.
Mi nombre es Irving, tengo 27 años y soy VIH +
Aquel 12 de noviembre no pasó a la historia de mi vida como cualquier día. Lo primero que hice fue avisarle a mi familia. Mi madre al verme salir del laboratorio llorando inconsolablemente solamente alcanzó a abrazarme antes de caer en el piso. Esos minutos fueron una eternidad en el infierno. Así es, yo he estado allí. Más tarde al llegar a casa, contacté a diversos profesionales en el campo y comencé una búsqueda que hasta la fecha no ha llegado a su fin. Indudablemente tenía dos opciones:
1.- Esperar que el virus se desarrollara y finalizar de una buena vez con todo el pasado oscuro de mi vida.
2.- Intentar comenzar un tratamiento médico de por vida. (Si es que acaso lograba sobrepasar lo que estaba por venir).
Así que, no opté por ninguna. Respiré muy profundamente y me fundí en un sueño inducido durante casi dos días. Al tercer día, abrí los ojos, comencé a desarrollar todos los síntomas que médicamente están conocidos (y los que aún no), por el virus; el cuál, a la velocidad de la luz estaba desarrollándose para convertirse en algo más grande (SIDA - síndrome de la inmunodeficiencia adquirida); y por lo tanto, más cercano a la muerte. Existía la posibilidad de que, al pasar las horas, los días, el virus de una manera increíble fuera aumentando (la “famosa” CV carga viral) para los que estén familiarizados con el tema. Pensarás que con esto tenía lo suficiente para sufrir y deleitarme en refutarle a Dios por qué me sucedía TODO esto a mí...
Días mas tarde, después de noches con fiebres que sólo se quitaban con agua fría, en pleno otoño, acudí a un centro de atención sanitaria en donde se me había otorgado el derecho a tener un tratamiento ARV (terapia antirretroviral) por parte del Sistema Nacional de Salud, a través de diferentes entidades que sin ellas, hoy no estaría redactando esta nota. La travesía no finalizó ahí... Cuando fui atendido por la que hoy sigue siendo mi médico tratante, me detectó unas ciertas anomalías, en el sistema linfático. Me dijo que antes de proceder con el tratamiento ARV, teníamos que hacer más estudios, e incluso enviar muestras de mis tejidos blandos/extractos de los ganglios a patología. Para descartar tuberculosis. Ya que, en dado caso de ser positivo, tendría que tratar la TB (tuberculosis) en primera instancia y después, tratamiento ARV. Pasaron unos días, las fiebres no se controlaban, las noches eran infernales, los días eran pesados y llenos de hastío y desesperación. Hasta que, me enviaron otro sobre, desde la CDMX; pensé que este sobre también podría darme dos conclusiones:
1.- TB positivo
2.- Cáncer
Y bueno, si es que me conoces un poco; sabrás que la opción dos fue lo que sucedió.
Sí, VIH + con Linfoma (Cáncer en el sistema linfático).
“Respira y continúa leyendo”.
Los primeros días de enero, llegué a la unidad oncológica en donde me asignaron 6-12 quimioterapias aproximadamente ya que, en la última tomografía se veía claramente como todo el sistema linfático y algunos órganos más abajo estaban presentando metástasis o bien, nódulos que se iban “corriendo” como río fluyente hacia varios órganos de mi cuerpo. Ahora no sólo tenía que lidiar con el virus, sino también con el cáncer oportunista que estaba de manera agresiva atacando prácticamente todo mi cuerpo. Previo a esto, tuve un colapso en el riñón, varios de mis órganos dejaron de funcionar y estuve internado varios días, necesitando transfusiones de sangre y muchos antibióticos y medicamentos para lograr que mi cuerpo se protegiera, pero que al mismo tiempo tratara de sobrevivir un poco más. Esa navidad en el hospital, JAMÁS la podré borrar de mi memoria.
El viaje continúo, las quimioterapias surgieron efecto, y como el sol; brillando en majestad, me levanté. Lenta y pausadamente. Todo ha pasado muy rápido. En la sexta quimioterapia el linfoma había desaparecido en su totalidad y el oncólogo decidió solo continuar con Inmunoterapia. He tenido una buena adhesión al tratamiento ARV ya que, sólo tuve que cambiar de fórmula una sola vez. Tengo vagos recuerdos de lo que ha sucedido hace casi un año atrás, y aquí estoy. Escribiendo la más sincera y cruda realidad de mi vida.
Existen ahora en mi, dos estados del tiempo. El primero en donde podía ser la persona más normal del mundo, donde tuve la oportunidad de aprender de mis errores y de los errores de los demás; pero me equivoqué. Creí que nunca estaría aquí y así. Ahora estoy en otro estado del tiempo. No logro aún determinar cuál es el nombre de este tiempo; sé que no es pasado, no es futuro y tal vez es algo asemejado al presente. Tiene algo que desconozco por completo. Es un presente conjugado con algo del pasado más una buena esperanza en el futuro. Pareciera estar viajando constantemente de un tiempo a otro permaneciendo siempre en el día de hoy. Aunque aquello es parte del pasado, y lo que venga es nuevo en el futuro, el presente se siente como una montaña que se regocija entre las nubes por sus alturas, pero consciente de ello; sabe que el frío arriba es abrumador y puede llegar a congelar los más cálidos corazones.
Creo que estoy preparado para lo que viene. Creo que estoy listo para todos y todas las personas que necesitan un abrazo, una palabra de aliento o simplemente ser escuchados/as sin prejuicios. Agradezco el hecho de respirar, de sentirme vivo nuevamente y por tantas oportunidades que me han sido regaladas aún sin merecerlas. Quiero entregar todo lo que soy, volver la mirada hacia dentro de mi ser y no querer ser “alguien”. Lo que realmente espero es ser “nadie”. Lo que más anhelo es ayudar a todo hombre, mujer o niño. Que mi mano siempre esté allí. No importa el día, la hora o la distancia. Esta es la forma correcta de hacer las cosas. Es el momento de dar lo que siempre se me dió desinteresadamente... Amor.
Gracias.
Atentamente:
Irving Macay Vizcarra.














