—Lo recuerdo. Lo recuerdo muy bien, créeme. Me hubiera encantado tener una familia contigo, pero ¿no crees que éramos muy jóvenes?, se nos salÃa de las manos —se mordió el labio inferior por el nerviosismo, cada palabra del chico dolÃa, jamás se habÃa imaginado que su reencuentro, si es que llegaba a suceder, serÃa de esa manera—. Porque era una cobarde y tenÃa mucho miedo. Además mis padres no me daban muchas opciones, Oliver. O me iba con ellos, o me llevaban a la fuerza. Sé que tenÃas tanto derecho como yo para tomar la decisión, pero no tenÃa como comunicarme contigo —negó con la cabeza intentando defenderse, sabÃa que en parte él tenÃa razón, pero tampoco querÃa comenzar a dudar en las decisiones que habÃa tomado—. Quise quedármela, pero estaba sola... y ¿cómo demonios iba a cuidar a un bebé, si ni si quiera sabÃa cuidarme a mi misma? Mis padres dijeron que lo mejor era darla en adopción, asà que accedà—las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas, aquel vacÃo que habÃa dejado su hija, se hizo presente en su pecho—. La hubieras visto, era tan pequeña, frágil y hermosa. Cuando me la arrebataron de los brazos... —se abrazó a sà misma como si volviera a vivir aquella escena de nuevo— sentà que ya no tenÃa una razón para vivir. Renunciar a ella, ha sido lo que más me ha dolido en la vida... al igual que tener que irme de tu lado —hizo una pausa para poder respirar, también para poder poner sus pensamientos en orden, todo le daba vueltas en la cabeza y no lograba pensar con claridad—. No sabes cuán arrepentida estoy de haber hecho todo lo que mis padres me dijeron, de no haber luchado por nosotros y por nuestra hija. Pero ya es tarde y no sirve de nada que lo diga.Â