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@itsgreene
You looked like heaven and I felt like hell.
(via no6frahnocry)
Sam—pronunció el nombre de la chica al verla, ignorando su presencia por un momento para así no perder la cuenta de los billetes que sujetaba en su mano. El sonido de la puerta cerrándose le indicó que los chicos que acababan de comprar se habían retirado, por lo que alzó su mirada para así encontrarse que la oji azul era la única persona que le acompañaba en la habitación. La observó abrir los cajones del escritorio sin permiso alguno, por lo que no tardó en acercarse para detenerla.—¿Qué mierda crees que estás haciendo?—le reclamó de inmediato, volviendo a cerrar los cajones para así pararse en frente de estos, impidiendole el acceso.—¿Por qué debería decirte? primero el dinero. Sin dinero, no hay hierba—le aclaró, cruzándose de brazos para mantener el ceño semi fruncido.
— Lo usual. — se limitó a contestar con cierta calma, mas al notar como el chico cerraba de golpe los cajones y se posicionaba al frente suyo, no tardó en fruncir su ceño ante la molestia que su repentina actitud le causaba. — Oh, no jodas. Ponlo en mi cuenta como siempre y déjame tranquila. — agregó, empujando con todas sus fuerzas al semi-ojiazul para que saliera de su camino pero al notar como su fuerza era bastante inútil como para mover el cuerpo masculino, sencillamente se limitó a imitar la postura ajena. — Bonham, ¿te importaría mover tu trasero? — cuestionó, apretando un poco sus labios en una línea recta.
Henry leía los titulos de un par de libros que había tomado de la biblioteca mientras que apoyaba uno de sus hombros contra el estante. Alzó su rostro en cuanto escuchó que se dirigían a él y, en respuesta a la petición, asintió una vez.—Claro.—Musitó, dejando los objetos que tenía en la mano en una mesa a su lado, antes de dirigirse hacía donde estaba la muchacha.—¿Ese, no?—Señaló uno, de lomo azul oscuro y de inmediato alzó su mano y lo bajó. Miró por unos segundos su portada y sonrió, tendiéndoselo a la muchacha que se lo reclamaba.—Ten.
Una sonrisa de alivio se hizo presente en sus facciones en cuanto el moreno decidió aceptar con facilidad la petición que le había solicitado. Agradeciendo internamente dicho gesto y, de paso, que dejase de luchar con el estante al no poder alcanzar el libro en cuestión. — Sí, sí, el azul. —agregó, segura de su elección y bastante feliz de obtener el tan deseado objeto entre sus manos. Mas cuando comenzó a revisar en su interior un clara mueca de molestia hizo acto de presencia en su rostro. — Debes estar jodiendome. —murmuró para sí, pasando una de sus manos por sus cabellos mientras soltaba un bufido de clara indignación. Completamente frustrada con la situación en sí. — Mm, ¿podría ponerlo de nuevo en su lugar? —cuestionó nuevamente, alzando su mirada hacia la oscura del muchacho. —Creo que estuve saltando por las puras y de paso te estoy jodiendo bastante, ¿no?
Estudiaba las placas con nombres en cada estantería buscando una sección que le interesara pero al ver aquella escena realmente no pudo resistirse a ver un poco más, una sonrisa divertida se instaló en su rostro y justo cuando pensaba alejarse escucho que la misma chica le llamaba, si se lo pensó antes de acudir a ella pero finalmente cedió. —¿Qué pasa si ya hice mi buena acción del día? —inquirió decidiéndose por divertirse un poco más con la chica, aunque al cabo de unos segundos simplemente se puso en puntitas y alcanzo el libro que la muchacha le había señalado.
Formó un pequeño círculo con sus labios antes de que estos se apretaran en una curvilínea sonrisa, observando al ojiverde con cierta diversión ante su pregunta mas al notar como este accedía de todas maneras a su petición decidió omitir comentario alguno para así evitar cualquier posible error que llevase el libro nuevamente a aquel inalcanzable estante. —Bueno, en vista de que ya hiciste tu segunda “buena acción del día” creo que tu karma te va a recompensar muy, muy bien. —replicó, curvando aún más sus labios antes de extender una de sus manos en dirección al chico para que así este le entregase el ejemplar recién sacado.— ¿Por favor?
— Lo de que les importe una mierda mi ausencia me dolió, solo para que lo sepas — dijo riendo antes de darle una calada más a su cigarrillo. — Probablemente una fiesta sorpresa, me gusta pensar que la gente sufre si yo no estoy aquí para alegrar los pasillos con mi deslumbrante presencia — dijo riendo, con su habitual egocentrismo. Bostezó antes de recostar su cabeza en el hombro de la castaña a su lado cuando esta terminó de encender su cigarrillo y suspiró — Fueron… Problemas familiares, por así decirlo. Ya no se si puedo llamar a eso una familia si te soy sincera.
— Supongo que lo siento, pero tienes que ser realista. — comentó con una sonrisa ladina, mas sabía que sus palabras no se alejaban de una posible realidad puesto que aquello sí podría haber pasado. Rodó su mirada, soltando una risueña carcajada ante el comentario de la morena puesto que le causaba bastante gracia el egocentrismo que esta poseía y que, extrañamente, había olvidado que existía.— Tranquila, tranquila. Después de todo ninguna familia deja de ser una mierda por muy perfecta que sea. Aunque en mi caso es sólo un miembro la que arruina todo. — comentó, dándole una nueva y tranquila calada a su cigarrillo antes de apartar con sutileza su mirada de la contraria.— Lo bueno es que ya ni siquiera pasa de nosotros así que mejor para mí. — murmuró más para sí que para la joven.
*
¿Y dónde más podría estar el profesor de literatura si no era en la biblioteca? Su concentración había sido capturada sin compasión por un libro que sostenía entre sus manos, absorto en las palabras que éste rezaba, apenas recibió la dulce voz femenina que amenazó con interrumpir su lectura; su vista se dirigió hacia la castaña durante un momento, volviendo a su mirada a la última frase de la página. —De acuerdo,— pronunció en un particular acento francés, caminando hacia la estantería señalada tras ponerse de pie. —¿Cuál de todos?— cuestionó, paseando sus orbes por el lomo de cada ejemplar.
Suspiró con alivio ante la rápida aceptación del mayor y, más aún, porque eso conllevaba el dejar de luchar con los estantes y con los libros que yacían varios centímetros sobre su cabeza. — Mm, déjame ver.—empezó a decir con una pequeña mueca pensativa. Alejándose un par de centímetros de aquel mueble para así tener una mejor visión de los títulos de cada uno de los textos que yacían en el lugar.— El que está al lado de Biología celular. Creo que es Física básica pero la verdad es que no estoy segura puesto que no logro ver desde aquí. Ya sabes, las desventajas de poseer complejo de enana. —agregó bromista, encogiéndose levemente de hombros para luego pasar su mirada hacia los libros luego de haberla mantenido un par de segundos en la contraria.
Había ido a la biblioteca para asegurarse que uno de los chicos del equipo estuviese allí y que no fuese una simple excusa para faltar al entrenamiento que había terminado hace mas menos una hora atrás. Ya estaba dispuesto a irse para cuando una voz femenina le dirigió la palabra, provocando que el chico alzara su mirada siguiendo el lugar que esta señalaba, dandose cuenta que el libro se encontraba en una zona completamente alcanzable para él.—Claro, ¿es este?—preguntó, tomando el libro para así leer el título y luego tender su brazo en dirección de la castaña para entregarselo.—Aquí está, preciosa.
— Mm, parece que sí. — comentó sin demasiada confianza en sus dichos ya que, a final de cuentas, ni ella misma sabía si aquel libro le ayudaría lo suficiente para entender algo de física sin morir en el intento. Frunció el ceño, analizando parte del libro luego de que el ojiazul se lo entregara sin problema alguno. Maldiciendo por lo debajo al no lograr entender prácticamente nada de lo que yacía en su interior, mas la voz masculina logró que su mirada se alejara por completo del libro para así encontrarse con la del joven. — Oh, sí, gracias por ello. Aunque si fuera tú sacaría lo de “preciosa”. Ya sabes, está pasado de moda y creo con ello se notará bastante que tienes varios años más que la mayoría del alumnado. — comentó bromista con la única intención de reír un poco ante ello y sacar de su mente aquella desagradable sensación que las palabras ajenas le habían provocado.
Do we kiss now? (i HAVE NO SHAME, OK. *abraza a jaco* *se le tira encima a paty* ahre)
—¿Estás segura de que no estás en otro de tus “green day”? —le preguntó, arqueando ambas cejas de forma inquisitiva. Examinó el rostro de su amiga con los ojos entrecerrados, tratando de detectar cualquier señal de que estuviera bajo los efectos de su preciada hierba, cosa que le resultaba algo difícil, tomando en cuenta de que el rubio no estaba completamente sobrio—Bien, Sam, ahora explícame qué estás haciendo aquí. Conmigo. En un armario —exigió, fingiendo estar muy serio y tuvo que apretar los labios para no reír. Se acercó un poco a su rostro y sostuvo la barbilla de la chica con una mano, para mirarla con suspicacia, como si intentara leer su mente—. Sé que estamos pensando lo mismo, Sam —declaró, y le sonrió con complicidad—. Thomas debería estar aquí contigo, es a él a quien quisieras besar, no a mi. ¿Cuándo será el día en que se digan que se gustan? —inquirió, alzando ambas cejas.
—Que bueno que no estás en uno de tus días verdes entonces, porque, sería un caos. Imagínate, tú drogada y yo ebrio —reflexionó, observando a la castaña con los ojos entrecerrados aun—. ¿Te imaginas nos pusiéramos a discutir ahora? —inquirió, divertido ante la idea de que eso ocurriera, porque definitivamente sería una discusión interminable. Apretó los labios en una línea, con la intención de que la carcajada que se estaba guardando no saliera, pero con el alcohol en su organismo le resultaba sumamente difícil, porque cuando decía que era un ebrio alegre, se refería a que todo le causaba gracia. Con las últimas palabras que conformaban su explicación, se tuvo que morder el labio inferior para no reír—. Si sabía de qué trataba el juego, la pregunta no era algo literal, pero ya no importa —se encogió de hombros, restándole importancia al asunto—. Y tienes razón, sería un poco inverosímil estar aquí tan cerca y no “intercambiar saliva” como has dicho, querida Sam —agregó, esbozando aquella sonrisa tan característica de él, una expresión que, estaba seguro, ella conocía bien y que podía interpretar como quisiera—. Sin embargo, Samantha, no estoy seguro si estaría bien —se cuestionó, más para sí mismo. Estaba un poco ebrio, si, pero bastante consciente aun y de alguna forma iba a sentirse culpable ahora que sabía los sentimientos de su amigo. Pero entonces llegaba la idea de que todo era un juego y estaba demasiado indeciso. De modo que, se permitió acercarse más a su rostro, haciendo que estuvieran separados por unos centímetros—. No lo sé, ¿tú que dices? —musitó con voz suave, desviando su mirada hacia los labios de su amiga y después volviendo a sus ojos verdes.
— De todas formas no creo que sea algo nuevo para nosotros.— agregó con simpleza, encogiéndose levemente de hombros para así restarle cierta importancia al asunto puesto que el hecho de que el chico estuviese fuera de sí por el alcohol o ella misma por la hierva no le causaba sorpresa alguna.— Ay, no, no, no.— exclamó de repente, posando sus manos en los labios ajenos para así impedir (ridículamente) una posible discusión sobre cualquier idiotez como siempre solían tenerla. — Creo que ya tuve mi dosis semanal de peleas contigo. — murmuró con diversión, soltando una leve carcajada para luego apartar sus manos de las facciones ajenas. Rodando su mirada ante sus dichos, falsamente indignada ante la poca importancia que el rubio le había dado a su innecesaria explicación. — Te lo dije. — volvió a decir con el mismo tono. Frunciendo levemente sus cejas al no comprender la repentina negativa de su amigo o, simplemente, el alcohol que estaba circulando por todo su torrente sanguíneo le hacía apartar de su mente los posibles problemas y malinterpretaciones que todo aquello conllevaba.— Mm. — se limitó a mascullar, relamiendo sus labios ante la cercanía ajena. Realizando así una pequeña mueca pensativa, dejando que todas las posibilidades existentes atravesaran rápidamente su cabeza para después, simplemente, encogerse de hombros. — Qué más da. — terminó por decir con cierta simpleza, acortando las distancias con el masculino para así comenzar con el lento roce de labios. Rodeando su cuello con ambas manos con la intención de incrementar aún más la cercanía entre ambos pese a que, en el fondo, algo le decía que aquello estaba relativamente mal pero se sentía demasiado bien como para cortarlo de golpe.
—¿Qué? —cuestionó con los ojos entrecerrados sorprendido por la respuesta de la contraria, luego de unos segundos se sintió torpe de tan solo haber pensado que se trataba de un número exacto, por lo que se limitó a asentir—. Claro, se suponía. Sin embargo, buen intento —la felicitó sonriente, con la única intención de continuar molestándola por su mala puntería, aunque sabía que tarde o temprano tendría que pagar el precio por las burlas que le hacía—. Porque así podrías golpearme de lejos… aunque si lo pienso bien, mejor no lo hagas, no es una buena idea —frunció el ceño y luego rió, aquello no sonaba para nada bien, bueno, al menos para él—. Auch —se quejó riendo luego de que la joven lo golpeara, lo había atrapado desprevenido—. De nuevo vuelves con la violencia ¿eh? —alzó ambas cejas divertido, por un segundo pensó en quitarle la almohada y devolverle el golpe, pero no lo hizo—. ¿Un pequeño ejemplo? No quiero saber cómo sería un verdadero golpe —aseguró mientras atrapaba con sus manos las muñecas de la castaña, no quería arriesgarse a que lo volviera a golpear, además le agradaba aquel contacto—. Así es, estaba en mi habitación y de repente aparecí aquí afuera —intentó sonar lo más convincente posible, sabiendo que lo más probable era que ella no le creyera si quiera una palabra, nadie lo haría ante tan ridículo relato—. Debería de ir al doctor a que me revisen, podría tener algo grave —finalizó frunciendo los labios, mientras que con su rostro mostraba preocupación, pero en realidad no sabía cuanto más podría aguantar la risa.
Mordió su labio inferior con la intención de que la carcajada que se estaba guardado no lograse escapar ante la divertida ingenuidad del chico, dejando así que una sonrisa se posara en su rostro tras lograr controlar la tan peligrosa risa.— Que quede claro que tú fuiste el que lo sugirió. — agregó, curvando aún más sus labios mientras se unía a las risas ajenas.— Dios, eres una niñita. —se quejó divertida, rodando su mirada para luego posarla en la achocolatada del castaño. Observándolo atentamente sin dejar que la sonrisa se lograra borrar de sus facciones más aún cuando esta tomó un tono de falsa culpa ante los dichos del chico.— Oh, es fácil. Sólo te dejará un par de moretones. —bromeó, sorprendiéndose ante el tanto que el contrario le proporcionaba o, que más bien, la mantenía cautiva.— ¿Enserio, Thomas? ¿Enserio? ¿Ni siquiera un poco de confianza? —cuestionó con falsa indignación, creyendo fuertemente que el joven sólo mantenía aquel tipo de agarre para que ella no volviera a imitar su gesto anterior. Y hacía bien. — Wow, suena bastante lógico. — murmuró, alzando sus cejas en un leve gesto para luego fijar su mirada en la contraria. Apretando nuevamente sus labios para así intentar contener la carcajada que amenazaba con salir ante la ridícula situación.— Mm, no sé, Thomas. No creo que sea tan necesario. —empezó a decir, soltándose con cierta suavidad del contacto que mantenían para así pasar una de sus manos por las facciones masculinas mientras que la otra se disponía a descansar sobre el pecho ajeno.— Porque según veo sólo se trata de un caso severo de estupidez. —comentó bromista, mas la seriedad en su rostro podía haber indicado algo completamente contrario si no fuera por la carcajada que segundos después se hizo presente en su garganta.
Ya desearías que te acosara—respondió la rubia, una sonrisa en sus labios para luego responderle el abrazo a la oji azul, separandose de esta par así dejarse caer sobre su cama. No eran tan incómodas como había pensado, y es que al pronunciar la palabra “internado” en su cabeza no podía evitar pensar en aquellos viejos conceptos que se tenían de estos lugares: camas que sonaban al moverse, almohadas duras, entregar tu celular y apagar las luces a las siete en punto. Pero nuevamente, eso estaba en el pasado, y gracias a Dios Bedford no era así.—Como verás, estoy de vuelta, así que posiblemente se anda hablando un montón de mierda por allí. Pero como también debes recordar—se alzó un poco, apoyándose sobre sus codos.—no soy del tipo que viva pendiente de eso. Aún así, necesito a alguien que me informe como van las cosas ahora—pidió de manera indirecta, por que la verdad es que estaba completamente desconectada de cómo eran las cosas ahora en el internado.—Como también alguien que no sea estúpido y sepa como divertirse, y según recuerdo—se dejó caer hacia atrás.—encajas en esa categoría.
Rodó su mirada ante las palabras de su rubia amiga, correspondiendo el abrazo que ella misma había incentivado para después imitar su gesto y posicionarse a su lado sin antes recoger parte de la ropa que había caído en el transcurso de aquel agitado encuentro con el sujeto que había salido segundos atrás de su cuarto.— ¿En serio? Joder, y yo que creía que era una de mis tantas ilusiones ópticas.—comentó con cierta ironía, mas sólo intentaba molestarla un poco sin llegar a ofenderle con ello.— Mm, gracias por ello.—comenzó a decir, sonriendo de por medio ante el cumplido que la chica le había otorgado. Acomodándose un poco más entre las almohadas para así quedar prácticamente sentada contra el respaldo de esta.— Pero digamos que no creo que sea de mucha ayuda. Ya sabes, nunca le he prestado mucha atención al resto por lo que ni idea qué será de sus vidas.—aclaró, pues sabía a la perfección que no podría darle mucha información a su amiga más ahora que con suerte podía lidiar con sus asuntos personales.— Aunque, no te preocupes. No creo que sea nada nuevo. Ya sabes, maestros acostándose con alumnos, alumnos entre sí, descontrol por aquí y por allá y, bueno, creo que eso es todo.