31 días sin corazón.
Cada paso que doy, lo hago temblando.
Como un cervatillo paralizado en mitad de la carretera, cegado por la luz, esperando a que todo este dolor lo arrolle.
Hoy hace 31 dias que no escucho tu risa, ni siento tus manos acariciándome el pelo. Y tu mirada ya no conecta con la mía.
Todavía tengo clavadas todas aquellas palabras disfrazadas de despedida, pero que en realidad eran veneno; de aquel que creas cuando no sabes abrazar tu dolor.
Ese que aprieta tan fuerte.
Ya no soportas ni verme de lo mucho que te arrepientes. Me has borrado de todas tus opciones.
Yo sigo guardando todos los detalles y recuerdos que para mí, fueron páginas de oro en nuestra historia. Porque me dolería más enterrarlas que verlas cada día cuando me levanto. Así que imagina como estoy.
Pero tus palabras siguen clavadas en mi como una bala en el pecho.
Sigo sin poder respirar, un día intentando asimilar que tus huellas ya no caminan al lado de las mías y otro imaginando un abrazo al final del camino, capaz de reconstruir hasta la grieta más profunda de esta pesadilla.
Como si algún día fuera a doler menos, pequeña bestia nostálgica.








