Do you wanna come back? | Billy & Rebecca.
En aquel rato que pasó en silencio, abrazándola y observando la habitación, reparó en un tocador que había junto a la puerta. De una cajita sobresalían un sinfín de colgantes y demás accesorios, haciendo a Billy recordar aquella carta que había recibido de Phoenix. ¿Iba de verdad a ser capaz de robarle una joya a alguien por quien sentía algo así? Empezó a notar cómo la idea le agujereaba el cerebro: no quería hacerlo, pero por otro lado si Phoenix descubría su secreto probablemente cierta persona intentaría acabar con él prácticamente al instante. Estaba harto de recibir golpes y amenazas, pero no se le ocurría qué podía hacer si no. Además, Becca tenía muchísimas joyas… podía coger una de las que pasase más desapercibidas sin que ella llegara a percatarse. Como por ejemplo, uno de aquellos collares que ni siquiera estaban metidos en la caja. No le costaría nada. Notando cómo se le retorcía un poco el estómago ante la idea, casi no se dio cuenta de lo que ella le estaba diciendo hasta varios instantes después. Asintió levemente, aún acariciándole la espalda—. De acuerdo, voy… voy a salir a buscar a tu criada para pedírselo. —intentando sonar tranquilo, le dio un pequeño beso en la frente antes de levantarse de la cama. Se colocó los pantalones y la camisa de la noche anterior mientras alternaba la vista entre ella y el tocador y, notando cómo el pulso se le aceleraba al ver que ella seguía dormida, se acercó a la puerta. Lo único que tuvo que hacer fue alargar un poco la mano, de la misma manera que lo había hecho de niño para robar fruta en el mercado… y lo primero que cogió, un anillo aparentemente poca cosa, cayó en su bolsillo. Sintiendo un nudo en el estómago al salir del dormitorio, bajó a la cocina casi mareado mientras evitaba pensar en lo que acababa de hacer. Esto está mal, mal, fatal. Minutos después, volvió a subir al dormitorio, con aquel pensamiento retumbándole aún en la cabeza e incluso magnificándose al ver la figura de Becca aún dormida—. Lo traen en un rato.
Como estaba ajena a todo lo que había ocurrido en aquel breve transcurso de tiempo en el que la rubia volvió a quedarse medio dormida, aprovechando la compañía de Billy y el hecho de que era un día en el que no tenía que madrugar y podía permitirse, entre tantos lujos, el de quedarse hasta tarde en la cama. Al escuchar la voz del hombre, en cambio, entreabrió un poco los ojos y colocó su cara sobre su mano mientras apoyaba el codo en la cama para poder verlo mejor--. Genial. ¿Has dormido bien, querido? --preguntó con una sonrisa de oreja a oreja, aunque todavía algo cansada debido al sueño.













